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Godoy Cruz fundó su ascenso en las bases

Una sumatoria de factores depositó a Godoy Cruz Antonio Tomba nuevamente en lo más alto del fútbol nacional.

Todo logro es acompañado de un esfuerzo previo. Este es el caso de Godoy Cruz, que a base de un despliegue futbolístico importante, ligado con una solvencia dirigencial y de un cuerpo técnico apto, pudo conseguir el objetivo que se propuso. Un propósito poco pensado para su público con el descenso de hace un año.

Las caras de la gloria son aquellas que una vez finalizado el certamen figuran en cual medio periodístico existe. Pero no son los únicos que merecen la distinción. Al cierre de la primera rueda, y con un Godoy Cruz entre los primeros puestos, emigraron algunos baluartes que fueron fundamentales en el camino al éxito. Leopoldo Gutiérrez fue uno de ellos. El ex delantero de Defensa y Justicia y ahora en el fútbol ecuatoriano no fue una pieza más en el esquema, por aquel entonces, de Sergio Batista (hasta la fecha 13). El delantero marcó cinco tantos y fue determinante en el clásico ante Independiente Rivadavia.

Sebastián Torrico tampoco fue uno más. Sin dudas uno de los jugadores más queridos por la gente tombina. El Cóndor consiguió el primer ascenso a Primera División allá por un 20 de mayo de 2006. Luego fue el número uno en la excursión de Godoy Cruz por la máxima categoría, y finalmente integró este último plantel bodeguero que consiguió el ascenso. El ex arquero de Talleres Sport Club fue prácticamente invulnerable hasta la fecha 19. Luego sus cualidades lo llevaron a integrar el primer plantel de Argentinos Juniors.

Godoy Cruz era un conjunto en crecimiento y supo sobrellevar los huecos futbolísticos que estas dos piezas habían dejado vacantes.

Nelson Martín Ibáñez se adueñó de los tres palos y con una solvencia destacable supo sobrellevar la falta.

Pero la gran revelación llegó con la incorporación de Leandro Caruso. El Tenor llegó como un ignoto de la segunda división mexicana.  Descoció redes en ocho oportunidades y su juego a ras de hierba lo hizo convertir en figura del equipo en gran parte de los compromisos.

En Godoy Cruz se dio la congruencia perfecta. La línea de tres fundada por Daniel Oldrá, con Moreyra, Curbelo y Franco dio resultados. Y los que entraban cuando les tocaba, respondían con categoría.

En el medio los aplausos fueron para Daniel Garipe. El Puma estuvo por dejar el fútbol y su dedicación en la pretemporada lo llevó a ser el dueño de la mitad de la cancha. No estaba solo; Nicolás Olmedo, este gran capitán, fue otra pieza vital para la contención en el anillo central.

Ramírez brillaba en momentos claves y era cuota extra de fútbol cuando Godoy Cruz lo necesitaba. Calidad digna de un elegido y una pegada fantástica para el 10, que fue el enlace perfecto de un equipo que lo necesito en distintas oportunidades.

Sin dudas que la dirigencia tuvo ojo clínico en gran parte de los refuerzos, con excepciones, como la incorporación de Julio Martínez. El paraguayo no tuvo cabida en el esquema “felino” y por eso deambuló por la platea del Malvinas Argentinas.

Pero no hay que quitarle méritos a la CD que decidido pensó, soñó y consiguió lo que meses atrás perdía a manos de Huracán de Parque Patricios.

No se puede dejar afuera de esta crítica a la gente bodeguera. Porque como todo logro, se consigue mediante un conjunto de factores. Y este no fue uno poco importante. La hinchada acompañó y colaboró para este fruto.

Bienvenido Godoy Cruz al fútbol de los domingos…
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