Gabo vs. Mario: Unidos por la literatura, separados por la política

García Márquez y Vargas Llosa. Vida enlazadas por las letras universales pero divorciadas por sus posiciones intelectuales.

Es una enemistad que duró más de tres décadas y que generó ríos de tinta aunque ellos dos siempre callaron. Por motivos que sólo pocos conocen, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa tuvieron una de las peleas más recordadas entre intelectuales latinoamericanos, de la que cada tanto se producen nuevos asaltos, aunque todos en la arena política.

El origen público de la disputa es el famoso puñetazo que Vargas Llosa le dio a Gabo en febrero de 1976 en Ciudad de México, tras la proyección de la película "La odisea de los Andes". La cinta, de Alvaro Covacevi, relataba con guión de Vargas Llosa la historia del accidente de los deportistas uruguayos en los Andes, que luego se retomó en la más reciente "Viven".

García Márquez se acercó con la intención de abrazar a su amigo, pero éste le respondió con un puñetazo en el ojo, del que en 2007 se conocieron por primera vez fotos, divulgadas por el fotógrafo Rodrigo Moya, quien las había tomado un par de días después de la agresión.

El hecho es que una causa personal alejó desde entonces a los que habían sido buenos amigos, aunque el proceso también fue la culminación de sus desavenencias políticas, cada vez más profundas a medida de que el peruano se acercaba más a las posturas de derecha y el colombiano en cambio profundizaba su amistad con Fidel Castro y su simpatía por el sistema cubano.

Con los años, las cuestiones políticas no hicieron más que ahondar la distancia, con Vargas Llosa como un crítico cada vez más duro del régimen de la isla, que considera una dictadura despiadada.

Marcelo Armas, biógrafo del autor de "Conversación en la catedral", afirma en su libro "Vargas Llosa, el vicio de escribir" que "tras la ruptura entre ambos escritores, pasó mucho tiempo para que se pudiera hablar de García Márquez ante Vargas Llosa", quien dio órdenes para que su libro "García Márquez. Historia de un deicidio" no fuera reeditado. Sólo años después del hecho la obra volvió a ser publicada.

"Ellos no se odian", declaró por su parte el escritor argentino Tomás Eloy Martínez, quien fuera amigo de ambos. "La verdad es que la amistad que tuvieron en el pasado fue muy entrañable. Los verdaderos amigos de García Márquez son los que tuvo desde los 35 años. Y en ese sentido, Vargas Llosa es uno de esos amigos".

La vieja disputa volvió a agitarse en 2003 luego de las ejecuciones en Cuba de un grupo que intentó secuestrar una lancha y las largas condenas de cárcel a disidentes. Vargas Llosa reiteró su opinión de que García Márquez era un "cortesano" de Castro.

En la polémica entraron además entre otros la escritora Susan Sontag, que también reprochó a Gabo su silencio ante los fusilamientos, y el historiador mexicano Enrique Krauze. El cuestionamiento mereció la respuesta del colombiano, que aseguró que siempre ha estado en contra de la pena de muerte y que ha ayudado "a presos, disidentes y conspiradores" a salir de la cárcel o emigrar de Cuba, en muchos casos sin que ni siquiera lo supiesen.

También intervino en la discusión el peruano Alfredo Bryce Echenique, para subrayar que le consta que García Márquez ha ayudado a muchas personas en Cuba.

"Es verdad que es amigo de Castro, pero la amistad no se juzga. Ha habido una especie de mala suerte, ambos escritores luchan por la dignidad del ser humano", afirmó sobre el colombiano y Sontag. Pero las causas de la disputa que mantuvo alejados al autor de "La fiesta del Chivo" y "Cien años de soledad" seguirán siendo, por el momento, un misterio.

El fotógrafo Moya dio más datos además de aportar la fotografía, que apuntan a que pudo estar relacionada con los problemas conyugales de Vargas Llosa con su segunda esposa, Patricia, por una serie de consejos que García Márquez le habría dado a aquella.

En 2010, cuando Vargas Llosa fue galardonado con el Nobel, trascendió una supuesta felicitación del colombiano en Twitter que resultó ser falsa, pero más allá de que no volvieron a tener la amistad que los unió en el pasado, el respeto de cada uno por la obra del otro nunca ha estado en cuestión.

Interrogados acerca del motivo de la enemistad, ambos evadían la respuesta y mantenían ese pacto tácito de silencio a pesar del paso del tiempo. "Eso vamos a dejárselo a los historiadores", comentó cierta vez en broma Vargas Llosa.

Por Romina López La Rosa (Agencia DPA)

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