La politización de la ecología

La incidencia de los “capitales contaminantes” se ha desmadrado en algunos espacios. Se trata de un despojo histórico o de la subyugación de poblaciones enteras.

Entrando al nuevo milenio, diversos escenarios latinoamericanos asistieron al protagonismo de expresiones ambientalistas presentadas como alternativa política en recientes contiendas electorales; como también, numerosas acciones colectivas, no necesariamente partidarias, se manifestaron en distintos contextos.

Estas acciones revisten mayor relevancia como reacción a las modalidades que fue adquiriendo el capital transnacionalizado y el nacional, en las últimas décadas; una nueva fase de acumulación y sus incidencias sobre los recursos naturales y humanos; una “nueva” (reproducida) División Internacional del Trabajo, en varios aspectos. En este sentido, las expresiones políticas ambientalistas sostienen en sus discursos la necesidad de reordenar el capitalismo en pos del desarrollo y no sólo del crecimiento; en las versiones más moderadas. Tema complejo que abordamos desde la “ecología política”.

Estas consideraciones iniciales fueron vertidas por el docente e investigador universitario Osvaldo Emilio Prieto en un artículo llamado “La politización del medio ambiente en la región. Reflexiones desde la Ecología política”, que es una síntesis de su tesis correspondiente al doctorado en Estudios Sociales Latinoamericanos del Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba y que fue relevado por Argentina Investiga.

En América latina la incidencia de los “capitales contaminantes” se ha desmadrado en algunos espacios. Se trata de un despojo histórico, del “pillaje” y la dominación, o más bien, subyugación de poblaciones enteras. Paradójicamente, en América latina la pobreza es el resultado de la riqueza de la tierra. Hay espacios o regiones en las que algunos proyectos progresistas, “desarrollistas”, con mayores controles ambientales, con supuestas tecnologías más limpias, no escapan a posicionamientos críticos. Aquí, las presiones de las fuerzas ambientalistas tienden más hacia la conservación antes que a denunciar el “pillaje”.

Destaca Prieto que en la explicación del porqué de la presencia y protagonismo de fuerzas ambientalistas, o acciones colectivas, en los últimos años, se vincula a la evolución de las democracias de la región donde la temática ecológica necesariamente se impone; no por moda o snobismo. Dice el docente universitario que “si hablamos de evolución de nuestras democracias podemos decir que han existido ciertas deudas: la externa, en perspectiva financiera; la interna, en términos económicos y sociales; a las cuales sumamos la ecológica, en términos ambientales, todas ellas interconectadas”.

Deuda ecológica

El investigador sostiene que “se ha venido acuñando el concepto de ‘deuda ecológica’ como idea conectada con algunas orientaciones: por un lado, la formación de cierta conciencia de resistencia a nuestros ‘tiempos globalizadores’; por otro, las necesarias reparaciones a poblaciones históricamente afectadas por las dinámicas capitalistas vinculadas a las actividades extractivas, modalidades productivas, obras de infraestructura, usos de la tierra, etcétera”. 

Indica Prieto más adelante: “Por lo dicho, estamos considerando la cuestión propia del ‘desarrollo’ si tenemos en cuenta que el mismo está en uno de los centros del debate a nivel teórico y en lo relacionado a la praxis de las agrupaciones ambientalistas. En su momento, la ONU fijó posición respecto de la concepción de lo que se entiende por desarrollo humano, posición que adoptamos: ‘proceso de ampliar la gama de opciones de las personas, brindándoles mayores oportunidades de educación, atención médica, ingresos y empleo, y abarcando el espectro total de opciones humanas, desde un entorno físico en buenas condiciones hasta libertades económicas y políticas’”. 

Agrega: “El espectro es amplio y ambicioso. Notamos que se señala el hecho de contar con un entorno físico en buenas condiciones y al mismo tiempo el bienestar material de las personas, hecho de suma complejidad. En este punto las modalidades de crecimiento, cuando no la explotación acrítica por parte de los capitales concentrados amparados por las instancias gubernamentales, es lo que cuestionan las fuerzas ambientalistas, o parte de sus miembros. Las más radicalizadas directamente proponen salirse del capitalismo; otras, al logro de lo que podríamos caracterizar como ‘capitalismo verde’”. “Por otra parte, como es conocido, hace algunos años que se instalaron conceptos como los de ‘desarrollo sustentable o sostenible’, terminologías obligadas en estas cuestiones. Adelantamos que sustentable y sostenible no son términos utilizados como sinónimos por los teóricos ambientalistas. El primero se esboza desde una racionalidad ambiental; el segundo, generalmente desde una racionalidad económica y desde el poder”.

Según Prieto, “la coyuntura latinoamericana de crecimiento de exportaciones en base a los productos primarios que consumen agua y tierra, o la explotación descontrolada de la minería, entre varios aspectos que se relacionan con el crecimiento de la región y con la concentración de capitales, más allá del desarrollo, supone un escenario propicio para la renovada dinámica de fuerzas políticas con tendencias ambientalistas y acciones colectivas relacionadas”.

Acota que “en los gobiernos actuales las contradicciones entre progresismo, crecimiento y ecología se profundizan. Estos aspectos, relacionados con los dos primeros planteos (el pillaje, o las políticas direccionadas al crecimiento), están en el centro del problema. Los gobiernos actuales no incorporan seriamente en su agenda las cuestiones ambientales, si lo hacen lo manifiestan cosméticamente con el fin de controlar los recursos naturales en una dinámica que podemos caracterizar como la ‘gobernabilidad ambiental’; vale decir, legitimar el manejo de los recursos naturales generalmente para el gran capital”.

Ecología política

Más adelante en su artículo, el profesor Prieto entiende que en el campo de construcción de la ecología política en tanto disciplina, los ejes relacionados a ella como el ambientalismo, la ecología o la economía ecológica se fueron vinculando cada vez más a la política; en este sentido, al decir de Enrique Leff, la ecología se fue haciendo política y la política se fue ecologizando. Vale decir, no sólo en la praxis, sino en la teoría, se asiste a la creación de un nuevo espacio en construcción: el de la ecología política”.

Consideró el docente universitario que “al hablar de discursos ecologistas estamos señalando ciertas tendencias relativas a un pensamiento de tipo alternativo en la región en términos político-económicos si notamos ciertas ideas orientadas al logro de un reordenamiento del crecimiento frente a las modalidades adquiridas por el capitalismo contemporáneo. Como también, las paradojas en relación a la temática del desarrollo humano y la igualdad social, a partir del ecologismo, son importantes. Ecologismo e igualdad en términos sociales pueden devenir en dimensiones que presentan sus tensiones”.

Agrega en otro párrafo el investigador que “en el marco de una coyuntura atravesada por la impronta de renovadas dinámicas de crecimiento e ideas de progreso que invitan a su reformulación, conjuntamente a la apropiación y explotación desmedida o descontrolada de los recursos naturales en algunas regiones de América latina, asistimos a tendencias orientadas a la valorización y significación del medio ambiente con derivaciones vinculadas a una politización cada vez más marcada de los temas ambientales, hecho que produce cierta relación tensa entre gobiernos actuales y agrupaciones políticas (sociales) ambientalistas”. “Todo deriva en esa creciente politización de la ecología o una ecologización de la política”.

Describe Prieto que “en los últimos años, el crecimiento de los países de la región fue significativo, pero no se ha observado un salto cualitativo hacia el desarrollo. Si bien América latina desde mediados del siglo pasado ha iniciado distintos procesos de industrialización, y en la actualidad hay un gran desarrollo tecnológico, no puede (intereses de por medio) dejar su papel de proveedora de materias primas en una División Internacional del Trabajo que subsiste”.

Politización del medio ambiente

“Originalmente, la mayoría de las organizaciones ecologistas criticaron a los sistemas de partidos tradicionales, pero luego fueron creando sus alternativas políticas en forma de partidos, o éstos fueron agregando a sus agendas las temáticas ambientales. Esta dinámica compleja forma parte de lo que denominamos ‘politización del medio ambiente’”.

El profesor Prieto destaca en la parte final de su artículo la necesidad de “desmitificar la supuesta maldición de la prosperidad que lleva, en nombre del equilibrio ecológico, a privilegiar la regresión frente al progreso. La idea es buscar el desarrollo humano sin sacrificar los ecosistemas terrestres. Cuando hablamos de ello, comenzamos a definir a la ‘nueva ecología política’”. Y subraya que lo que se busca es generar nuevas formas de producción y de convivencia con la naturaleza. Una racionalidad diferente que pretende salirse del modelo hegemónico”. 

Prieto es docente de los departamentos de Historia y de Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Río Cuarto.

Fuente: http://argentinainvestiga.edu.ar/

En Imágenes