Centenario del nacimiento de Octavio Paz

El 31 de marzo de 1914, en medio de las balas revolucionarias que atravesaban México, nació uno de los más grandes escritores del siglo XX.

Afuera resonaban las balas cuando Octavio Paz Lozano vio la luz en la ciudad de México, el 31 de marzo de 1914. Hace cien años el mayor conflicto armado de la historia del país azteca estaba en plena ebullición. Así, con el telón de fondo de la Revolución, daba sus primeros respiros el niño que sería voz de ese pueblo en su poesía; en sus ideas expresadas en ensayos; en su trabajo como diplomático. Su abuelo paterno, Ireneo Paz, intelectual y novelista, fue soldado del dictador Porfirio Díaz. Su padre, en cambio, Octavio Paz Solórzano, fue escribano y abogado de aquel que estaba en el bando opuesto: Emiliano Zapata. Y se involucró activamente en la reforma agraria que siguió a la Revolución.

Octavio hijo pasó los primeros años de su vida en Estados Unidos adonde su padre había llegado cuando él tenía dos años como representante de Zapata. Paz perdió a su padre trágicamente en un accidente en 1936, luego de aquello se trasladó a España donde participó de la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Allí conoció a los poetas de la revista Hora de España cuya ideología y estilística poética fueron de influencia en su manera de escribir. Sin embargo, como confesó años más tarde, ese sentimiento de solidaridad con la causa republicana se vio afectado por la represión contra los militantes del Partido Obrero de Unificación Marxista de Cataluña, entre quienes tenía camaradas. Fue un camino de desilusión que culminó con un hecho que fuera también cuestionado por sus pares, cuando denunció campos de concentración soviéticos y crímenes de Stalin.

Cuando regresó de España cofundó la revista literaria Taller, en la que escribió hasta 1941. Ya tenía su título de abogado, que había obtenido en la Universidad Autónoma de México. En 1937 viajó a Yucatán como miembro de las misiones educativas del general Lázaro Cárdenas. Ahí comenzó a escribir Entre la piedra y la flor (1941, revisado en 1976), poema sobre la explotación en el campo. 

En 1943 ganó una Beca Guggenheim e inició sus estudios en la universidad de California, Berkeley, en Estados Unidos. Dos años después comenzó su carrera de diplomático y fue destinado a Francia adonde vivió y donde se vinculó con el movimiento surrealista. Estando allí, en 1950, publicó El laberinto de la soledad. La aparición de este ensayo justo a mitad del siglo XX dejó una huella no sólo en el pensamiento mexicano moderno sino en el de la región Latinoamericana. A contramano de las interpretaciones psicológicas o metafísicas de la época, Paz le devuelve al mexicano su individualidad histórica y a su nación un sitio entre los conflictos de la civilización occidental. Desde entonces se lee como una pieza maestra del ensayo en lengua española. El Fondo de Cultura Económica lo presenta junto a Posdata (una reflexión sobre la huella en México de los sucesos de la masacre de Tlatelolco, en 1968) y Vuelta a El laberinto de la soledad (junto a las precisiones de Paz a Claude Fell) en una edición de bolsillo. "Somos por primera vez en nuestra historia, contemporáneos de todos los hombres", escribió Paz en esas páginas.

Durante tres meses, en 1952, trabaja en la embajada mexicana en la India y después, hasta enero del año siguiente, en Japón. Regresa a la ciudad de México a dirigir la oficina de Organismos Internacionales de la Secretaría de Relaciones Exteriores. En 1954 tuvo una participación muy estrecha en la fundación de la Revista Mexicana de Literatura, influenciada "políticamente con la idea de la llamada tercera vía que llegaba desde Francia con León Vlum. En 1959 regresó a París y tres años más tarde fue designado embajador en la India. En el 68, estaba en Nueva Delhi cuando sucedió la masacre de Tlatelolco, como parte del Movimiento del 68 en México. En señal de protesta renunció a su cargo de embajador, dejando patentes sus diferencias con el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. Allí comienza su faceta de docente universitario, en Estados Unidos, donde dio cátedras en Texas, Austin, Pittsburgh, Pensilvania y Harvard.

Desde la revista Plural, que él fundaría, como en Vuelta, Paz se vuelca hacia una corriente influenciada por el liberalismo y es en ese marco cuando denuncia las violaciones a los derechos humanos de los regímenes comunistas. Esto le valió muchos enemigos de parte de la izquierda latinoamericana y de algunos estudiantes. En el prólogo del tomo IX de sus obras completas, publicado en 1993, a tres años de haber ganado el Nobel de Literatura, el intelectual declaró: "En México, antes, había sido visto con sospecha y recelo; desde entonces, la desconfianza empezó a transformarse en enemistad más y más abierta e intensa. Pero en aquellos días [década de los 1950] yo no me imaginaba que los vituperios iban a acompañarme años y años, hasta ahora".

El historiador mexicano Miguel León Portilla, a propósito de la recordación del centenario de su nacimiento dijo por estos días: "No era izquierdista ni derechista. Octavio era Octavio Paz y (...) fue muy valiente porque siempre defendió sus ideas".

Otro de sus ensayos célebres fue El arco y la lira, publicado en 1956. Allí, sus reflexiones sobre el fenómeno poético, su lugar en la historia y, singularmente en la época contemporánea y hasta en la vida privada, son el testimonio que el poeta dio acerca de un cuestionamiento difícil de dilucidar de una manera acabada, cuando se pregunta '¿Qué es la poesía?'

La crítica no pudo encasillar su obra poética porque fue un escritor que no echó raíces en ningún movimiento. Siempre estuvo atento a los cambios que se producían en el campo de la lírica y siempre experimentó formas nuevas. Fue siempre muy personal y original. Después de la preocupación social, presente en sus primeros libros, comenzó a tratar temas de raíz existencial, como la soledad y la incomunicación. Una de sus obsesiones, de sus temas recurrentes en su poesía es el deseo de huir del tiempo. Esto lo llevó a la creación de una poesía "espacial" y bautizó a esos poemas con el nombre de topoemas, lo que significaba lugar+poema. Una poesía opuesta al tiempo y al discurso. Una poesía casi metafísica, en la que además de signos lingüísticos se incluyen signos visuales. En los topoemas, igual que ocurría en la poesía de los movimientos de vanguardia, se le da importancia al poder sugerente y expresivo de las imágenes plásticas.

Ganó los máximos galardones mundiales de las letras. El premio Cervantes en 1981 y el Nobel de Literatura en 1990.

El 19 de abril de 1998 Octavio Paz murió en la Casa de Alvarado, barrio de Santa Catarina, en Coyoacán. Había sido trasladado ahí por la presidencia de la República en enero de 1997, ya enfermo, luego de que un incendio destruyera su departamento y parte de su biblioteca. Durante un tiempo, la Casa Alvarado fue sede de la Fundación Octavio Paz.

Por estos días México, pero también América Latina y las letras hispanas, lo rescatan, lo celebran. Hoy será recordado en un coloquio en Buenos Aires (ver aparte). Y “es normal que se le eche en falta porque Paz tenía una personalidad intelectual muy poderosa, algo entre André Breton y Nagarjuna, de poeta apasionado y de gurú, de gran enamorado y de pensador con una lucidez poco común", lo recordó el poeta español Andrés Sánchez Robayna.

Fuente: Natalia Páez para http://tiempo.infonews.com/

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