Algunos días sin música: cine mendocino que arriesga

La notable película de Matías Rojo propone un relato sensible sin fórmulas herméticas ni subrayados.

Desde el jueves pasado los mendocinos tenemos la chance de ver en el circuito comercial una nueva película local. Después del suceso de público de Road July; ahora es el turno de Algunos días sin música, un film que pasó por el Festival de Cine de Mar del Plata, donde participó de la sección Competencia Nacional.

Si bien las comparaciones resultan a veces odiosas e impertinentes; hay que decir que a diferencia de la exitosa road movie de Gaspar Gómez, este debut de Matías Rojo se aleja de fórmulas de antemano ganadoras y apuesta por un mayor riesgo; con todo lo que eso supone, tanto a favor como en contra.

La historia que cuenta arranca en el primer día de clases de una escuela en un suburbio mendocino. Allí, mientras los alumnos entonan el Himno Nacional, tres chicos hacen una suerte de conjuro. Ellos afirman que nada cambiaría si las maestras murieran. Y en ese preciso momento, frente a sus ojos, cae redonda la profesora de música. A partir de allí, el film se desarrolla en dos líneas: el sentimiento de culpa de los tres compañeros, y las relaciones que ellos tienen con su entorno familiar.

 

Si el director hubiese optado por centrar el relato sólo en los chicos, y la búsqueda de los parientes de la fallecida docente a quien quieren pedirle perdón, el resultado habría sido seguramente un film más amable. Uno piensa en clásicos como Cuenta conmigo de Rob Reiner, cuyas espontáneas escenas interpretadas por un puñado de pre adolescentes que se lanzaban a buscar a un muchacho desaparecido, tienen algunos puntos de contacto con estos anti héroes de los suburbios mendocinos. 

Sin lugar a dudas, Algunos días sin música sería otra película si hubiese elegido resguardase exclusivamente bajo el ala de los niños protagonistas. El guión de Matías Rojo prefirió en cambio resignar eficacia y guiños para echarse al público en el bolsillo, en pos de una mirada más abarcadora. Y esto evidentemente es más una decisión narrativa que una impericia por parte del realizador. Seguro era más sencillo plantear más escenas como la de los auto denominados "aliados" confrontando a los adversarios en un local de video juegos. Es más, por momentos queremos más de ese tipo de momentos "gancheros", pero Rojo eligió un camino más complejo dentro de la aparente simplicidad de los hechos que relata. 

 

El desdoblamiento por momentos amenaza con volverse repetitivo cuando el film describe el contexto familiar de los tres compañeros. Aquí es medular la relación que ellos tienen con sus papás; uno de ellos ausente, otro desempleado, y el restante complicado con hampones de poca monta. A medida que avanza la historia comprendemos la pertinencia de este aparente desvío narrativo, sobre todo en el tramo final cuando le película gana en emotividad sin caer jamás en el desborde lacrimógeno. 

Hay una elección también alrededor del tono contenido que predomina en Algunos días sin música. La música de Juampi Di Césare acompaña sin subrayar ni exagerar los climas, lo mismo puede decirse de la correcta dirección de fotografía a cargo de Máximo Becci. Los tres protagonistas debutan airosamente, con inevitables desniveles y contrastes. Hay momentos en que se los ve espontáneos, y escenas en las que los díálogos suenan un tanto forzados.

 

La película a su vez acierta al alejarse del cliché de edulcorar la historia sólo por desarrollarse en un ámbito suburbano. Es un respiro ver a chicos menos invadidos por la tecnología (uno de ellos es fan de las revistas de ciencias); pero no todo es un inocente juego en las vías del tren. Estos niños también dicen y hacen cosas ásperas. En una escena se ve a un puñado de infantes dándole estocadas a un animal muerto. Así y todo, más allá de instancias aisladas, es el grado de comunicación sin hipocresías que reina entre los personajes; el que potencia a este relato genuino que, aún en sus digresiones, cumple con acompañar a sus criaturas con afecto y sin manipulaciones. El cine mendocino también puede arriesgar nuevos caminos. Y eso, no es poca cosa.

 

 

Algunos días sin música / Argentina / 2013 / 78 minutos / Drama /  ATP (Apta para todo público) / Dir.: Matías Rojo / Int.: Jerónimo Escoriaza, Emilio Lacerna. Tomás Exequiel Araya, Ana María Giunta
Opiniones (1)
18 de octubre de 2017 | 18:32
2
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18 de octubre de 2017 | 18:32
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  1. Hay que apostar por la industria local. La fui a ver con mi señora y si bien creo que no es para niños chicos (no se como está catalogada pero al ser protagonizada por niños habían algunos en la sala), creo que la narración de la historia logra espontaneidad y por momentos hace reír y emociona. Imagino que el presupuesto no permite que compita al mismo nivel con producciones nacionales o internacionales, pero no me arrepiento de haber ido. La sala debería estar llena todos los días si no queremos tener que ver siempre lo de afuera.
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