La ex Esma es hoy un espacio para la memoria

Es posible resignificar, desde la cultura, un espacio marcado por el horror y transformarlo en vida, reflexión y participación ciudadana.

El 24 de marzo de 2004, en el 28º aniversario del último golpe cívico-militar y por decisión del gobierno nacional, el predio de avenida del Libertador cambió su color: de a poco se abrió camino para convertirse en un conjunto vivo de instituciones políticas, sociales y culturales con un horizonte claro, el de memoria, verdad y justicia.

El Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, dependiente de la Secretaría de Derechos Humanos, y el Espacio Cultural Nuestros Hijos (Ecunhi), a cargo de Madres de Plaza de Mayo, son dos de los espacios que hicieron ese cambio y ahora se condensan como puntos de encuentros artísticos, académicos, culturales, también lúdicos, con actividades gratuitas para un público intergeneracional.

Es histórico el día en que las Madres desembarcaron en lo que era el Liceo Naval y pintaron de flores y soles esas paredes grises protagonistas del horror o cuando el Conti abrió sus puertas junto a centenares de personas -sobrevivientes, figuras de la cultura y los derechos humanos-, y celebraron con poemas de Juan Gelman en la voz de Cristina Banegas y un recital de Liliana Herrero.

Nacieron como espacios culturales pero también, y sobre todo, espacios de memoria: el sólo hecho de estar donde están los liga directamente con la última dictadura cívico-militar (1976-1983), aunque no se limitan a estos temas y proponen actividades que refuerzan la herramienta de la cultura como transformación, inclusión, pensamiento crítico y reflexión.

"Fue una transformación extraordinaria: la emotividad y el simbolismo del primer día con niños, abuelos y jóvenes pintando las paredes, las voces que se levantaron, cada poema, cada debate que pensó la educación, la Argentina y Latinoamérica, convirtió  este espacio en uno de vida y lleno de memoria", reflexiona en diálogo con Télam Teresa Parodi, a cargo del Ecunhi.

Por el Ecunhi pasan hoy unas 500 personas a diario, alumnos de escuelas de todo el país lo visitan y se dan talleres para todas las edades (música, letras, musicoterapia), hay muestras, un coro y una orquesta; conciertos, proyección de films y festivales que se convirtieron en sello propio, como el "María Elena Walsh" para chicos, "Nueva Mirada" (cine) y "Hugo Midón" de teatro infantil.

En el espacio que lleva el nombre del escritor desaparecido, Haroldo Conti, además de talleres, programación cultural y  encuentros como su Seminario Internacional de Políticas de la Memoria, funciona una sala de teatro con capacidad para 600 personas, una cinemateca, un bar, salas de exhibición y está por inaugurar una librería, con el foco en los derechos humanos.

El director del Conti, Eduardo Jozami, cuenta a Télam que "con el tiempo avanzamos en definir criterios: cómo combinar una variedad de oferta cultural y al mismo tiempo tener un compromiso fuerte con los temas que justifican la existencia del Centro. Los desafíos son calidad, reflexión y convocatoria, pero pensada porque sería malo convocar de cualquier manera a este lugar".

Este encuentro entre cultura y memoria, dice Jozami, es "una relación necesaria y difícil de distinguir, imprescindible: hoy se va comprendiendo que la tarea del arte y la literatura no es sólo un complemento de la investigación histórica, también contribuye a un mejor conocimiento y una visión más profunda de lo ocurrido".

Parodi, que representa a las Madres en el Ecunhi, uno de los predios más grandes que funcionó en la ESMA y por donde pasaron más de 5.000 detenidos-desaparecidos, piensa que "la cultura refleja la historia de un pueblo y a través de ella se puede leer esa historia; el arte es producido por la sociedad y refleja lo que ésta tiene para decir en cada época".

Cuando las Madres le encomendaron la tarea de llevar adelante el Ecunhi tuvieron como premisa que "la herramienta del arte puede transformar un espacio oscuro y convertirlo en un lugar de vida, como era la de sus hijos, con el mismo deseo de construcción que tenían ellos, con la idea de un país de luz, alegría y música".

A diez años de la recuperación del predio más emblemático de las atrocidades que vivió el país durante la dictadura, los centros culturales que conviven en el espacio del barrio porteño de Núñez se integran en un todo de instituciones que reflejan un "proceso de restitución integral con pluralidad de voces, como eran la de los 70, y una unidad esencial", opina Jozami.

Parodi remarca que la tarea diaria que realizan en el Ecunhi integrantes del espacio Memoria y Derechos Humanos, es "sostener como un hecho vivo y dinámico la transformación de este lugar en directa relación con el horror a través del arte".

Fuente: Télam

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