Cómo transformar el psicoanálisis según César Merea

El siglo XXI presenta un gran desafío para la psicología. En diálogo con MDZ Online, el ensayista profundiza en la adecuación que la disciplina debe experimentar.

La aparición del psicoanálisis revolucionó la forma en la que el ser humano se veía a sí mismo. De hecho, hasta se puede decir que tuvo gran injerencia en uno de los movimientos artísticos más importantes del siglo XX, el surrealismo.

Pero, como corresponde a tiempos en los que todo entra en cuestión, el psicoanálisis también comienza el siglo XXI enfrentando una crisis, y es sobre esta crisis y el futuro del psicoanálisis que se interroga César Merea en La transformación del psicoanálisis. Historia natural del psiquismo del Big Bang a la culpa (Fondo de Cultura Económica).

A lo largo del libro, Merea deja en claro que no está proponiendo soluciones, sino, ante todo, un lugar desde el cual el psicoanálisis debe pararse para realizar al interior de su teoría y de sus prácticas los cambios que necesita para enfrentar el siglo.

MDZ Online dialogó con Merea a propósito de algunos de los planteos que realiza en La transformación del psicoanálisis y sobre su visión del futuro de la disciplina, especialmente en un medio en el que la búsqueda de respuestas rápidas tiene a dejar de lado la reflexión.

- En el libro hacés referencia a la autoayuda y la considerás como un enemigo menor del psicoanálisis. ¿Por qué lo considerás menor, si su invasión es cada vez más intensa?

- Que la aparente multiplicación de esas promesas sea mayor no significa mucho, porque siempre son iguales en el fondo. Una vez le preguntaron a un editor de libros de autoayuda por qué había tantos libros de ese tipo, y él contestó que porque ninguno sirve. Tal vez una respuesta menos cínica sería: los sufrimientos o los problemas por los cuales la gente busca ayuda (también “autoayuda”) se fraguaron en las relaciones entre las personas; también deben enfrentarse en la relación con las personas. Terapéuticamente –mejor– o de otro tipo que sea significativo. La autoayuda es como querer salir de un pozo tirándose de los propios pelos, sin referencias a nada ni a nadie. Es autista. Podría servir para pequeñas cosas instrumentales. Pero, en mi experiencia clínica, las muchas personas que luego buscan una terapia o un análisis, por ejemplo, es porque se dieron cuenta de que necesitan algo relacional, más consistente y duradero.

- ¿Cómo caben dentro del concepto de “enemigo del psicoanális” la traslación de cosmovisiones orientales y algunas de sus prácticas en forma acrítica?

- Esa importación acrítica también forma parte de una manera vaga de pensar, que tiende a englobar todo para eludir un sentir más preciso, por ejemplo de la angustia, que, dicho sea de paso, también tiende a encubrirse mediante la palabra stress, que no forma parte de nuestra lengua materna. Pero la angustia, o la depresión, por ejemplo, siempre son más fuertes que todos los intentos de diluirlas que no lo sean por medio de relaciones humanas. Sanas, se entiende. Es decir, que contengan y acepten el conflicto. Claro, hay que tener valentía para encararlas. Además, a esas cosmovisiones orientales hay que diferenciarlas de las religiones orientales, que suelen tener otra entidad, más humana, si se quiere. Pueden ser incluso más espirituales y menos ritualísticas que las occidentales.

- Asegurás en el libro que el psicoanálisis debe estar en el centro del mundo de la existencia humana. ¿Qué rol le das a la filosofía en esta afirmación?

- El psiquismo está en el centro del mundo simplemente porque surge del fondo del Big Bang, donde se originó todo, a través de un largo recorrido evolutivo que explico en el libro, adquiriendo características simbólicas. Y, por medio de ellas, comprende a ese mundo. Aunque lo haga de un modo que siempre será aproximado y perfectible. El psiquismo, pudiendo ser nuestra mayor riqueza, es sin embargo muy primitivo: le cuesta ver la realidad porque está lleno de odios, celos, envidias o narcisismo que debe superar. No está en el centro del mundo en el sentido de una creencia de superioridad, aunque muchos la tengan. Está en el centro de la existencia porque se origina en la evolución del mundo, y al mismo tiempo puede comprenderla. No conozco otra cosa que tenga esas características cognoscitivas. Y como de ese psiquismo da cuenta el psicoanálisis, él también está en el centro de la comprensión del mundo. Es cierto que en el camino cognoscitivo del psiquismo surge también el filosofar. Pero la filosofía ha tenido sentidos distintos a lo largo de las épocas. Siempre la concebí, como su etimología lo explica, como un amor al conocimiento, pero no como el conocimiento mismo. Con el avance de los conocimientos de las disciplinas científicas (no las llamo ciencias), la filosofía se va convirtiendo en un camino paralelo de reflexión que puede darnos visiones más abarcadoras, enlazando distintos conocimientos, por ejemplo, pero no intentando dar un conocimiento unitario y totalizante, porque eso la llevaría de nuevo a un carácter especulativo que no tuvo en sus orígenes griegos, en Occidente, pero después fue adquiriendo en su contacto con la religión, entre otras cosas.

- A propósito de filosofía y psicología, Lacan dijo que “el psicoanalista es la presencia del sofista en nuestra época, pero con otro estatuto”. En línea, en el libro sostenés que el campo del psicoanálisis es “el de la palabra, el diálogo y los afectos que contiene”. ¿Cómo influye en la práctica del psicoanalista la reducción del lenguaje que se comprueba en esta época?

- En todo caso hay que entender muy bien ese “otro estatuto”, para no ser sofistas en el sentido meramente pos-socrático de la palabra: urdir cosas falsas con un lenguaje hábil. Efectivamente, sostengo que el campo del psicoanálisis es el de la palabra y el diálogo, pero en la medida que expresan los afectos, y no como un mero efecto sofisticado del lenguaje. Por eso digo en el libro que hay que mandar muchas palabras al “hospital de las palabras”. Y eso nos lleva a la última parte, y crucial, de la pregunta: la reducción del lenguaje es equivalente a la reducción del pensamiento y por lo tanto de la cultura en la “polis”. Nada menos. Por ello, así como el psicoanalista agrega significados a lo que los pacientes dicen, junto con lo que ellos pueden ir descubriendo a medida que hablan, no por medio de un saber “revelado” que él tenga, del mismo modo agrega palabras, las recrea y redefine, se arma una literatura significativa, más rica, más amplia, que cuenta (narra) mejor y más precisamente las cosas que construyen y reconstruyen la historia. No sólo la historia del sujeto: toda la historia.

- Finalmente, ¿por dónde, entonces, debe pasar la transformación del psicoanálisis?

- Cuando el psicoanálisis apareció, puso en crisis a la sociedad y a las bases morales burguesas. Sin embargo, sus planteos fueron de un modo u otro aceptados a lo largo de un siglo. Pero ahora la sociedad y la cultura lo ponen en crisis a él, si no logra dar elementos para cambiar la hipocresía social y política, que corroe toda la cultura. Para ello, el psicoanalista debe desplazar su mirada desde el interior del sujeto a la vida en el “entre” de los sujetos. Con todo su significado en la “polis”. Debe cambiar su punto de vista, desde su formación. Pero, en la renovación de su teoría, no logrará nada solo, sino en unión con todas las disciplinas sociales. Que a su vez deben incorporar el concepto (y entender la existencia) del inconsciente y la represión. Ese es un eje crucial. Sin duda hay otros, el tema es amplio y complejo. Y llevará tiempo.

Alejandro Frias

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10 de Diciembre de 2016|09:19
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