La sociedad del espectáculo y la banalización de la violencia

Las imágenes de lo real y los grados de violencia en las distintas actividades humanas analizados por el psicoanalista Carlos Gustavo Motta.

El psicoanalista Carlos Gustavo Motta, en una entrevista con Télam, argumenta sobre las formas de representar la violencia en las prácticas artísticas Contemporáneas, muchas veces como una banalización que sólo es un efecto de la repetición sobre la que ya habían advertido Stanley Kubrick, Roman Polanski, Patrice Chereau, William Faulkner y Franz Kafka, entre otros.

Motta también es cineasta y docente. Dirige el Centro de Investigación y Docencia a las Artes Audiovisuales en Chubut. Es miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). Es autor de Las películas que Lacan vio y aplicó al psicoanálisis, que publicó Paidós.

Esta es la conversación que sostuvo con Télam.

- Stanley Kubrick filmó La naranja mecánica en 1971. Roman Polanski, Repulsión, en 1964. Esos tipos, ¿creés que eran visionarios o estaban situados en una episteme que venía del futuro? En esas películas se caen todos los semblantes.

- El cine tiene realizadores visionarios desde su origen. Son los autores, aquellos que provocan acontecimientos: antes y después de la narración fílmica. Es un concepto que extiendo a otras manifestaciones estéticas, la literatura, por ejemplo. Kubrick revolucionó la fotografía cuando en Barry Lindon quiso filmar las cenas iluminadas sólo con velas. Logró que Kodak patentara en sus Instamatik capturar una foto con la luz de una vela. Antes no se hubiese logrado sin el esfuerzo del realizador, así como Orson Welles en Citizen Kane instaló una cámara Panasonic a un metro debajo del piso para lograr un ángulo de cámara en particular. Polanski llevó a cabo su revolución a través de los libros elegidos, temas tabú llevados a la pantalla. Repulsión y La naranja mecánica resultan una experiencia cinematográfica inusual, desorientadora. Estos realizadores no ofrecen respuestas sino que plantean problemas, eso los hace grandes. Es lo que menciona Jacques Lacan en relación a Jacques Benoit, cuando sobre El asesino musical afirma lo que un realizador hace en el set: dar en el blanco. Nosotros diríamos que tuvo puntería.

- Se caen los semblantes en las relaciones sociales, las cosas se hacen líquidas, inestables. Las drogas, las sectas, la iglesia, el matrimonio, la familia, ¿operan como antídotos, dispositivos vicarios que permiten sobrevivir, con suerte, en un mundo salvaje?

- Existen grados de violencia en distintas épocas de la humanidad. Este concepto generalizado sólo resulta de una metáfora social que indica la vulnerabilidad discursiva, la depreciación de la palabra en la sociedad actual y la mirada morbosa. ¿No se pide un plus acaso sobre esas imágenes de lo real? ¿No se recuerda el tiempo muerto de la fotografía de Kim Phuc, la vietnamita fotografiada desnuda mientras huía de un ataque de napalm hace 40 años? Esa niña siempre mostrará la desnudez que habita lo real. La misma Kim Phuc afirmó casi a los 50 años que siempre quiso huir de ese recuerdo, pero parece que esa imagen se lo impidió.

- Escribí algo sobre la matanza de los tíos y primos del jefe de estado de Corea del Norte, echados a la pitanza de perros salvajes. ¿Cómo se entiende un acto de esa naturaleza en la sociedad del espectáculo?

- Está en relación a mi anterior respuesta: la sociedad del espectáculo exige siempre más: los realities son alimentados, en cada país, por personajes mediáticos que apuestan para continuar en boca de la audiencia pero claro, no se llega a la sentencia pronunciada por Kim Jong-Un. Con sólo imaginar esa muerte frente a perros hambrientos el más insensible de los mortales temblaría. Pero también se la puso en duda. El Washington Post afirmó que había sido fusilado. Sostener el poder a toda costa es ubicar la consigna de Maquiavelo en El Príncipe: más vale ser temido que amado. Si la muerte fue real no importa tanto como la humillación, el deshonor y el despedazamiento. La sociedad del espectáculo facilita las cosas.

- Vuelvo a los semblantes. Para que esa Última Thule no se derrumbe, ¿cómo detener la locura genocida de la economía política contemporánea?

- Creo que no se va a detener. No soy pesimista pero vuelvo en todo caso al Freud de El malestar en la cultura. La economía política resulta el concepto estrella de cada nación. Los parámetros de ajustar o no ajustar, o disimular los ajustes sociales para tener menos costos políticos, son medidas que aplican los gobiernos. en economía política, una de sus premisas dice que los gobiernos en ejercicio pagan siempre los costos políticos… más el pueblo: la gente que siente que no le alcanza, sensación singular de derrumbe y desesperación.

- En Gabrielle, de Patrice Chereau, basada en un cuento de Joseph Conrad, Isabelle Huppert le dice a su marido, a quien ya decidió dejar: El amor empieza con el sufrimiento. Ella no miente. ¿Eso es violencia?

- Eso también se llama manipulación e incluso una respuesta construida sobre el masoquismo. ¿Por qué creer en esa frase? ¿Debería creerla quien la enuncia? Se puede decir que el amor es aceptar la diferencia que el otro plantea en una relación. El desacuerdo está presente, también llegar a una negociación posible sobre una diferencia particular. Inútil negar la violencia de género, está presente todos los días. ¿Se pone un stop a la violencia? No. Adquiere nuevas formas: hoy se quema a las mujeres. Hace rato que sucede. Parece que tuviéramos cuerpos dibujados, como cuando el coyote perseguía al correcaminos y una piedra gigante le caía encima. Aparecía aplastado mientras el otro se sustraía a la amenaza por su velocidad. Los límites se desdibujaron tanto que decir cualquier cosa sin pensar es mejor que pensar y luego decir. Es el mundo de La naranja mecánica. El protagonista muestra la tortura como un placer: ser parte y juez. Antes de violar a la esposa del escritor, se arrodilla en el suelo y mira a cámara, mira a los espectadores y exclama ¡Filmá bien! La película no es sólo lo que la violencia puede mostrar sino la reacción que puede provocar. En algunos provoca más violencia.

- Creo que los hombres no soportan vivir sin la madre y sin una puta, y que eso no tiene arreglo. ¿Es así? ¿Estamos viviendo el paroxismo de esa violencia?

- Los semblantes han caído. Pero creer que los hombres no aceptan vivir sin la madre y sin la puta es desplazar la masculinidad a un criterio universal. A un para-todos donde efectivamente si las cosas fueran así, habría muchos más hombres melancolizados frente a la figura de la mujer. Ya no sólo sería la madre o la puta, sino aquello que las sustituye desde el goce. La degradación de la vida amorosa ubica esta posible elección. En lugar del encuentro con una mujer. Creo que uno encuentra al otro del amor en las situaciones más diversas; soy un convencido de que al amor se lo construye. Es reciprocidad de lo que se trata, no de sacrificio (como el materno) o de una negociación unilateral (como en la prostitución). Si un hombre elige la madre o elige la puta también realiza una elección donde la falta de compromiso se ubica en el horizonte. Uno elige a una mujer donde espera el semblante de comprensión y ternura que bien puede tener un rasgo materno así como esa misma mujer en la cama puede tener un semblante de puta. En ese sentido hoy se vive relajadamente, al menos en Argentina. Hay otros países, incluso los llamados del primer mundo, donde sus pautas de convivencia son machistas, homofóbicas, con un criterio dividido macho/hembra, donde se legaliza la figura de la amante y de la puta. 

Fuente: Télam

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10 de Diciembre de 2016|19:09
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