Un mar que desapareció en medio siglo

El Aral llegó a ser el cuarto mar interior, por su tamaño. Pero en cincuenta años perdió el noventa por ciento de volumen.

El Mar de Aral, en su día el cuarto mar interior más grande del mundo, ha perdido el 90 por ciento de su volumen durante los últimos 50 años. Un nuevo estudio aporta un poco de esperanza para la disponibilidad de agua en la cuenca de este mar interior o inmenso lago cada vez más pequeño y salado, que engloba áreas de Uzbekistán, Tayikistán, Turkmenistán, Kirguistán y Kazajstán (o Kazajistán).

En los años 60, la Unión Soviética emprendió un enorme proyecto para abastecer de agua las áridas llanuras de Kazajstán, Uzbekistán, y Turkmenistán. Los dos ríos principales de la región, el Sir Daria (conocido también como Syr Darya) y el Amu Daria (o Amu Darya), cuyo caudal procede de agua de deshielo y precipitaciones en montañas lejanas, fueron desviados de su curso para transformar parcelas de desierto en plantaciones para producción de algodón y otros cultivos. Antes de ejecutarse el proyecto, estos ríos fluían cuesta abajo por las montañas, atravesaban en dirección noroeste el Desierto de Kyzyl kum (o Qyzylqum), y finalmente sus aguas se entremezclaban en la parte más baja de la cuenca, formando el gigantesco lago conocido como Mar de Aral, uno de los más grandes del mundo.

Sin embargo, por desgracia las cosas no sucedieron como se esperaba. Aunque como resultado del trasvase, el aporte fluvial hizo florecer el desierto, tuvo consecuencias nefastas para el Mar de Aral. En 2000, el lago ya ocupaba solo una porción de la extensión que abarcaba en 1960: El Mar de Aral del Norte (a veces llamado también el Pequeño Mar de Aral) se había separado de otra porción identificada como Mar de Aral del Sur (o el Gran Mar de Aral). Esta segunda porción se había fraccionado a su vez en los lóbulos oriental y occidental, los cuales permanecían levemente conectados por ambos extremos.

En 2001, esa conexión en la parte sur del lago se había perdido, y la porción oriental, menos profunda, se redujo rápidamente durante los siguientes años. Las reducciones más drásticas del lóbulo oriental del Mar Aral del Sur, especialmente grandes, parecen haber ocurrido entre 2005 y 2009, cuando los episodios de sequía causaron una reducción, y finalmente la ausencia, de las aguas fluviales del río Amu Daria. Los niveles del caudal fluctuaron anualmente entre 2009 y 2013, alternándose años secos y húmedos.

A medida que estas porciones del antiguo gran lago se secaban, las actividades pesqueras y las comunidades que dependían de ellas se marchitaban económicamente. Las aguas, cuya salinidad aumentaba incesantemente, terminaron contaminadas con fertilizantes y pesticidas. El polvo del fondo del lago, expuesto al aire y contaminado con las citadas sustancias químicas de uso agrícola, era arrastrado por los vientos formando nubes de polvo que se volvieron un riesgo para la salud pública. Este polvo salado se depositaba a su vez en los campos agrícolas, degradando los suelos. Cada vez se necesitaba más agua de río para mantener en condiciones estas tierras de cultivo. Al perderse la influencia climáticamente moderadora de este gran lago, los inviernos se tornaron más fríos y los veranos más calientes y secos.

En un último esfuerzo por salvar alguno de los fragmentos del antiguo gran lago, Kazajstán construyó un dique entre las partes norte y sur del Mar de Aral. Culminado en 2005, el dique era básicamente una sentencia de muerte para el Mar de Aral del Sur, considerándose que ya no podría ser salvado. Ahora toda el agua que llega al lugar traída por el Syr Darya se aloja en el Mar de Aral del Norte.

Sin embargo, y aunque las perspectivas del Mar de Aral a largo plazo siguen siendo sombrías, un nuevo estudio con datos de satélites de la NASA ha encontrado que la cuenca del Mar de Aral muestra indicios de que a corto plazo la situación podría ser mejor de lo que se temía.

El equipo de Kirk Zmijewski y Richard Becker, de la Universidad de Toledo en Ohio, Estados Unidos, se propuso averiguar si toda el agua se había perdido de forma permanente, o si parte de ella iba a parar a otra parte de la cuenca, tras diques, o en los acuíferos. Los investigadores también querían averiguar si la catastrófica pérdida de agua podría deberse en parte a una tendencia decreciente en las precipitaciones.

Los investigadores usaron datos de los satélites GRACE (por las siglas de Gravity Recovery and Climate Experiment) de la NASA y la Agencia Espacial Alemana (DLR) para confeccionar mapas de los cambios mensuales en la masa dentro de la cuenca de 2003 a 2012. Estos cambios están asociados con los cambios en el volumen de agua, tanto superficial como subterráneo. Ellos estudiaron la cuenca entera del Mar de Aral, que tiene el doble del tamaño del estado de Texas.

Zmijewski y Becker encontraron que cada año, a lo largo de una década, la cuenca perdió un promedio de entre 12 y 14 kilómetros cúbicos (de 2,9 a 3,4 millas cúbicas) de agua por año. Esa pérdida es realmente seria, pero sólo es la mitad de lo que el propio Mar de Aral pierde cada año (24 kilómetros cúbicos, o 5,8 millas cúbicas).

Esto significa que aproximadamente la mitad del agua que falta en el Mar de Aral ha abandonado la cuenca definitivamente, ya sea debido a la evaporación o a usos agrícolas, mientras que la otra mitad que falta no se ha perdido por completo.

Específicamente, una mayor parte del agua va a parar ahora a la sección central de la cuenca, donde se desarrolla la mayor parte de las prácticas agrícolas. Esa área aumentó en tamaño durante los últimos cuatro años del estudio. Los investigadores creen que una parte del incremento se debe a mejoras en las prácticas de conservación del agua, y la otra parte es simplemente el resultado de una irrigación ineficaz, causando, por ejemplo, que se filtre agua hacia los acuíferos desde las acequias o presas poco impermeables.

Se ha documentado ampliamente que las precipitaciones han disminuido en esta región, y los investigadores quisieron cuantificar su influencia en la pérdida de agua. Pero no pudieron encontrar publicado un registro de precipitaciones completo y fiable para toda la cuenca, basado en mediciones terrestres, por lo que analizaron los datos de lluvia local del satélite TRMM de la NASA. Inesperadamente, no encontraron ningún cambio significativo en la precipitación desde 2002. Eso fue más sorprendente para los autores del estudio que cualquier otra cosa del mismo, tal como confiesa Becker. Para verificar los resultados, extendieron su análisis hasta 1980, usando datos del GPCP (Global Precipitation Climatology Project) para los años anteriores. No hubo señal alguna que indicara una precipitación menguante en la cuenca en esos 3 decenios.

Los patrones de lluvia han cambiado en las proximidades del Mar de Aral, y Becker aventura que eso puede haber confundido a los observadores, llevándoles a creer que las precipitaciones, en su conjunto, estaban disminuyendo.

Fuente: http://noticiasdelaciencia.com/

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Claves: aral, sequía, volumen
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5 de Diciembre de 2016|05:29
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