Laura Rudman, el tiempo en los objetos

La nueva muestra de la artista plástica es un remanso, un espacio para recuperar el pasado personal.

Los objetos registran en ellos no sólo el paso del tiempo, sino que también guardan la memoria de quienes los usaron. Un triciclo, un pocillo de café, un juguete, unas tijeras de podador, si no están en una caja o envueltas en plástico, si ya fueron usados, nos dejan ver los instantes, la vida de las personas que los tuvieron en sus manos.

La muestra de Laura Rudman en la galería de arte del Park Hyatt es un remanso de tiempo, un espacio para recuperar el pasado personal. Parados delante de cualquiera de las obras que allí se exponen, los años son instantes, y la memoria nos puede llevar a insospechados rincones.

Lo que me llevo es el nombre de una de las obras expuestas, y ese parece ser el leitmotiv de la muestra. Si bien la pintura en cuestión muestra un carrito de tiro de latón con algunos objetos encima, la frase tiene ese lado que nos remite a la pregunta que tal vez tantas veces nos hayamos hecho respecto de lo que dejaremos (que de alguna manera es lo que nos llevamos) al final de nuestros días.

Las escenas que propone Rudman están, en su mayoría, surcadas por hilos amarillos, de esos que varios hemos usado para remontar barriletes. Y decenas de interpretaciones pueden tener esos hilos, pero arriesguemos una (muy personal): la mayoría de las escenas que propone la artista están vistas desde arriba, desde el aire, tal vez desde un barrilete, desde un papalote al que nos montamos para ver esa historia que los objetos nos quieren revelar. Ese hilo es nuestra unión con el aire, con la levedad del tiempo y de nuestro espíritu.

Hay riesgos también en las perspectivas, y también hay lugar para el desconcierto del observador, cuando, en medio de la muestra, uno se encuentra con Café Jereb, obra en la que las dimensiones se pierden y mezclan cuando una escalera se apoya en el borde de una taza de café y banderines atraviesan la mesa.

Rudman emociona con cada una de las escenas, porque nos pone ante objetos que conocemos, en espacios familiares, en tiempos que también han sido nuestros. No hay figuras humanas a la vista, porque están omnipresentes, porque manos de niños, de mujeres, de hombres, manos de vida pasaron por cada uno de los objetos antes de que nuestras miradas se posaran en ellos.

Un recorrido para disfrutar, porque allí están también nuestros momentos de felicidad pasados que nos acompañan en el presente.

Alejandro Frias

Opiniones (1)
8 de Diciembre de 2016|21:08
2
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8 de Diciembre de 2016|21:08
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  1. que pobre la nota. De todas formas me imagino el esfuerzo para escribir más de 3 párrafos seguidos sobre esa muestra!
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