Villa Hipódromo contada por sus mujeres

La historia de un barrio icónico de Godoy Cruz recuperada en un libro. Las nuevas y las viejas generaciones, unidas en la memoria.

Sacar entradas para el cine sin saber qué película se iba a ver, ir a atender partos en sulky, la colaboración en las caballerizas, las vecinas compitiendo para ver cuál de todos los jardines era el más bello, Antonia Molina, la primera mujer taxista de Mendoza. Pequeñas grandes historias cotidianas que fueron construyendo lentamente lo que hoy es una de las zonas más antiguas del Gran Mendoza, y una de las más ricas a nivel cultural, Villa Hipódromo, y que quedaron grabadas en la memoria de sus protagonistas, mujeres que todos los días transitaron esas veredas sin saber, tal vez sin querer asumir, que casa uno de sus pasos eran un hecho más en la historia de un distrito godoicruceño y, por qué no, de un país.

Silvina Anfuso, Jennifer Gil, Marcela Alejandra Sunico Venegas y Romina Zapata Tommasiello son parte del grupo Mumalá, y juntas llevaron adelante un proyecto de investigación y recuperación que, entre otras tantas riquezas, dio como resultado el libro Las mujeres de Villa Hipóromo... sus memorias y relatos, que hoy a las 19.30 se presenta en el legendario café Sportman, en Pellegrini 1353 de ese distrito de Godoy Cruz.

Durante el 2013, las encargadas de este proyecto se concentraron en recolectar historias de mujeres de Villa Hipódromo a partir de las cuales pudieron conocer el desarrollo del barrio. Para esto, realizaron una convocatoria para que las interesadas en participar se acercaran al café Sportman, aunque también salieron a buscar recuerdos a la calle.

Las mujeres de Villa Hipóromo... sus memorias y relatos, cuenta también con la participación de Vanesa Landa, diseñadora del libro, y La Maru, a cargo de las ilustraciones, que se intercalan con fotos históricas que les fueron ofrecidas a las compiladoras por las mujeres entrevistadas.

Romina Zapata Tommasiello, Silvina Anfuso, Marcela Alejandra Sunico Venegas y Jennifer Gil.

El barrio es todo

Las cuatro responsables de esta recuperación de relatos de las mujeres de Villa Hipódromo visitaron MDZ Online y profundizaron tanto en el proceso de elaboración del libro como en anécdotas y valores que las mujeres de este barrio godoicruceño rescataron a lo largo del año de investigación, en la que entrevistaron desde jóvenes, como las integrantes del equipo de fútbol femenino, hasta adultas mayores, como quienes forman Las Bochincheras, la murga de la tercera edad de la zona.

- ¿Cuál fue la relación de las mujeres con la historia de Villa Hipódromo?

Silvina Anfuso: Primero, aparece en todos los relatos la vida social, el espacio comunitario, por ejemplo, la posibilidad de participar en el cine cuando estaba al aire libre, la organización de los carnavales, la escuela de capacitación en oficio, y las mujeres empiezan a dar un mapa, un recorrido histórico, es la historia argentina pero cómo lo fueron viviendo cada una de ellas y cómo fueron aportando o no en cada uno de estos procesos.

Marcela Alejandra Sunico Venegas: También como trabajadoras obreras.

S.A.: Claro, nos dan un mapa también de la composición de clase, porque eran mayoritariamente obreras, descendientes de inmigrantes, comerciantes, las mujeres que enviudaban y quedaban al frente del comercio que había sido de su marido, y nos muestran también las fábricas, como la fábrica de fósforos, las de golosinas, que es donde “las Marías”, que eran las hijas de una de las mujeres, trabajan.

Romina Zapata Tommasiello: A partir de esas historias, cuando lo llevás al contexto más general, vas viendo el momento en que la mujer empieza a ingresar con mayor masividad al mundo laboral. Hay una mujer que nos cuenta, por ejemplo, la primera vez que se pudo poner pantalón en público, a fines de los años sesenta. Es como que todo el tiempo se puede hacer esa relación entre la microhistoria y la macrohistoria.

- ¿Cuál es la proyección que estas mujeres perciben desde el barrio hacia afuera?

M.A.S.V: En realidad, su barrio es todo para ellas, sobre todo sus calles. Su recuerdo es muy fuerte.

- Estamos hablando de las generaciones mayores.

S.A.: Sí, pero, sin embargo, las generaciones más nuevas, las chicas, cuentan que el club de Villa Hipódromo, que se cae con el terremoto, estaba en el mismo lugar donde hoy funciona la cancha de fútbol femenino, y es el mismo lugar en el que sus abuelas jugaban al básquet. Entonces, hay como una conexión todo el tiempo, resignificando los espacios y recuperando también la participación de sus ancestros, que eran también del mismo barrio, por eso, a pesar de haber generaciones nuevas, aparecen muy fuerte algunos emblemas, algunos espacios que han sido apropiados por la comunidad de manera muy marcada.

R.Z.T: Y también está la vida de Susana Muñoz, por ejemplo, que si te detenés a ver su vida es como leer la vida de América latina de la década del 70, porque toda su vida personal está marcada por los procesos políticos latinoamericanos.

S.A.: En el caso de la Susi, por ahí lo que se generó es que su historia no estaba muy impregnada de Villa Hipódromo, pero una persona que es mujer notable del departamento tenía que ser parte, por una cuestión metodológica, pero también nos va dando un marco de diferentes formas de participación de las mujeres, no sólo en el ámbito de la comunidad, sino que también hubo exiliadas políticas.

R.Z.T: Además, ella después del exilio vuelve a Villa Hipódromo, que es donde vive actualmente.

S.A:: Y en el caso de la mujeres de Prodelco, es muy lindo cuando cuentan el inicio, cuando iban juntas a llevar los chicos de una de ellas a la escuela, y ahí se les ocurrió lo del proyecto, y justo había en ese momento, por parte del Instituto de la Mujer, ciertas políticas de promoción de la equidad, donde se financiaban proyectos, entonces eso les generó el incentivo, hasta que constituyen esta defensa del consumidor, y lo rico es cómo ellas van transitando esto, porque nadie podía creer que no hubiera un varón detrás de ellas, como que era una sorpresa.

R.Z.T.: De hecho, para ciertos trámites, como para los créditos, tenían que llevar autorización legal de los maridos.

Valores a recuperar

Conversar con estas mujeres es sentir la pasión por adentrarse en las historias. Se podría pasar toda la tarde escuchándolas contar las historias y anécdotas que han recuperado del tiempo en este año de trabajo, por eso la charla fluye, a veces encaminada (cuando el cronistas se acuerda de que está haciendo una entrevista), a veces un poco sin más dirección que la que dan los temas, uno tras otros, por eso es que, una cosa lleva a otra, y es cuando Marcela Alejandra Sunico Venegas recuerda: “Una de las anécdotas más lindas era que había un solo lavarropas en la cuadra, en la década del cincuenta, así que esa familia, la de Dora Centeno, llevaban el lavarropas a las casas de los vecinos por día para que lavaran”.

- Pero en Villa Hipódromo, de alguna manera sentís que esta solidaridad existe, que la gente ocupa la calle.

R.Z.T.: Son muy defensoras de eso, y a la vez tienen una mirada muy nostálgica de lo que se ha perdido

S.A.: Y lo que aparece muy marcado y rompe con ciertos prejuicios sobre las mujeres es la cuestión de la competencia, porque en cada historia es muy notoria la solidaridad, no hay historia en la que no aparezca como un valor para las mujeres lo colectivo, lo solidario. Y esto permite, al leerlo, poder diferenciar que hoy a veces pensamos “pobres igual a violencia”, “mujeres igual víctimas”, hacemos lecturas tan rápidas de la sociedad que a veces son perjudiciales para el verdadero conocernos, y esto permite conocer otros condimentos, otras cualidades que nos hacen sentir más sanos, que nos permiten pensar en otras posibilidades que se pueden rescatar. En estos momentos, esto tiene un valor extra, y creo que este libro puede generar eso, el encontrarse desde otro lugar,. Por ahí nosotras, cuando iniciamos el proyecto, decíamos hemos trabajado mucho para poder visibillizar la situación de violencia contra las mujeres, que existe, pero también empezamos a notar que cuando se institucionaliza un discurso de mujer víctima, esto nos ubica en un lugar paralizante, y estamos es esa posición esperando que vengan otros a responder por nuestra demanda o desprotección. Pero también hay que poder encontrar en nuestros pares otras formas de resolver, otras formas de pensar, otras formas de vivir alternativas a las que hoy se imponen, es otra manera de pensar cómo nutrirnos de experiencias, no sentirnos tan solas y pensar que es posible vivir una vida distinta, porque una puede ser sujeta de transformación, y lo vemos en las historias, cómo una mujer que queda viuda se pone al frente de un almacén y apela a la solidaridad y a la creatividad y sale al frente y logra hacer cosas que en algún momento podían atravesar un punto que imponía hasta dónde llegar.

R.Z.T.: También aparecieron historias de violencia intrafamiliar que no hemos incluido en el libro, por distintas razones, pero como que todas lograron trascender esa situación, correrse de ese rol, con todo lo que eso implica, y pasar a ser sujetas activas que se apoderaron de su vida. Y también hay participación de varones que trajeron historias de sus mamás, como la partera del barrio, la compositora de huesos, y eso está bueno, porque una piensa que está convocando sólo a mujeres, pero hay muchos varones que se dieron cuenta de lo que había significado su mamá para el barrio.

Alejandro Frias

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7 de Diciembre de 2016|17:22
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