"Tácito", un encuentro con un universo sensorial

El artista Diego Pelaia expone por estos días una instalación en el Centro Cultural Julio Le Parc. Formas, luces y sonidos que se descomponen y componen.

“La esencia propone búsqueda y el tiempo encuentra. La luz se hace oportuna y evoluciona en una arista, un cubo, un espacio, nutriendo así la elegancia de las formas. No siente, sólo titila y da vida. Su opción fue embellecer la oscuridad liberando a los colores. Fluye hasta chocar el plano, respetar al triángulo y acariciar las esferas. Vive en el fuego y es fuente de estrellas. Su abundancia es descansar en nuestros ojos. Siempre bailando en su tácita tendencia ha sido principio y desenlace de todo ocaso”.

Para introducirse, mezclarse y sentir la instalación Tácito, de Diego Pelaia, no es condición sine qua non leer previamente el texto anterior (también de Pelaia), pero su lectura es como una puerta por la que nos introducimos a un mundo en el que las formas (físicas, lumínicas, sonoras) nos invaden amistosamente, con la amabilidad de una caricia, sin la estridencia y la velocidad de las calles. Tácito nos propone, justamente, otro contacto con las formas y con el universo en general.

Con curaduría y producción a cargo de Adriana Puebla (del Proyecto Ojo), Pelaia expone esta instalación por estos días en la sala 8 del Centro Cultural Julio Le Parc. Allí, con pocos elementos, especialmente telas, leds y plástico, el artista ha logrado que, a partir de un plano inclinado, el espacio se multiplique, cuestionando al observador desde esa suerte de pleitesía que las formas le rinden a quien se introduce en la instalación, de ese mundo multiforme que mana hacia nuestros pies.

La verticalidad de los objetos que cuelgan y la libertad de las luces que se desplazan aleatoriamente por sobre los volúmenes quiebran los planos, mientras que la música, incidental y basada en los sonidos espaciales captados por la Nasa (además de algunos instrumentos que dan cierta familiaridad al ambiente), es también un elemento que se incorpora a la percepción.

De esta manera, formas, colores y sonidos ponen al visitante ante un espacio múltiple en el que se conjuga, mágicamente, lo terrestre y lo universal. Y a todo esto le da un toque particular (y definitivo) el uso de la microesfera de vidrio, con la Pelaia termina de descomponer las luces (o, mejor, el concepto de luces con el que vivimos cotidianamente).

Un consejo: Una vez que ingrese a Tácito, no se quede quieto por mucho tiempo ni se mueva por mucho tiempo. Alterne, como la obra misma, el movimiento y el estatismo. Toque los materiales, enriquezca la experiencia desde la punta de los dedos. Y si tiene un celular con linterna a mano, agáchese junto al cúmulo de microesferas de vidrio dispuestas en un rincón, ilumínelas verticalmente y busque los efectos lumínicos de ese material industrial.

Alejandro Frias

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