¿Qué hacer si un chico llega con un arma a la escuela?

Las armas son cosa de los adultos. Solo pueden adquirirlas las personas mayores de edad, la responsabilidad de su uso y cuidado es asunto de gente grande y la educación y orientación de los hijos también la hacen los adultos.

La presencia de armas en la escuela en manos de alumnos es, por ende, un problema del “mundo de los adultos”. Parecerá redundante, pero es necesario remarcar esto en un tema en el que, generalmente, paga los platos rotos el menos responsable de todos: el más joven.

En Mendoza se ha trabajado mucho en terreno en la materia. La casuística indica que los niños o jóvenes que llegaron hasta el aula con un arma de fuego lo hicieron por estos motivos: las quitaron a escondidas a sus padres, la llevaron para impresionar a sus compañeros, la recibieron de un adulto de la familia o el barrio para llevársela a otro, la encontró y la mostró.

Lo que las autoridades educativas deben tener en claro primero, para luego ofrecer tranquilidad a docentes, alumnos y padres, es la cadena de acciones y responsabilidades frente a este tipo de hechos.

En primer lugar, debe quedar estrictamente aclarado en toda la normativa escolar un principio rector: “Está totalmente prohibida la generación, provocación e instigación a la violencia por parte de cualquiera de los miembros de la comunidad educativa”.

Frente a un caso concreto, el plantel directivo y docente debe tener identificada la situación: el problema no es el chico y por lo tanto, se debe omitir el castigo, una medida habitualmente aplicada por inercia.

Lo correcto sería evitar la exposición pública de su caso, invitándolo a la dirección o secretaría de la escuela. Allí depositará el arma e inmediatamente se convocará a los adultos más cercanos, a sus tutores.

Pero aquí surge otro malentendido cultural o social: no estamos frente a un caso policial, sino ante un hecho de profunda índole social.

En el ámbito escolar debe ser donde se determine la forma de señalar al momento vivido como irrepetible. Indudablemente que será más útil un psicólogo que un policía en ese momento y en los días siguientes, y no solo para el chico, sino para los que lo vieron con el arma.

Sus padres o tutores son quienes deben responder ante la policía y ésta, quien se encargue del arma, para su identificación y determinación de las causas de que ande dando vueltas fuera de su lugar de origen.

En manos de los docentes queda una tremenda responsabilidad. Pero si no son asesorados y capacitados para afrontar este tipo de problemas, indudablemente actuarán movidos por sensaciones. Y eso, generalmente, empuja a los jóvenes hacia fuera del escuela y quién sabe hacia donde.
Opiniones (1)
23 de noviembre de 2017 | 17:44
2
ERROR
23 de noviembre de 2017 | 17:44
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Denunciar y detener a los padres o tutores. Continuar con educación domiciliaria durante el actual ciclo lectivo. Seguimiento del caso por juez de menores, mediante evaluación sicológica y a través de asistentes sociales. Pero volver a clases en éstos trastornos de adaptación social, seguro que no.
    1
En Imágenes
Grammy Latinos 2017
18 de Noviembre de 2017
Grammy Latinos 2017
Lluvias torrenciales en Grecia
16 de Noviembre de 2017
Lluvias torrenciales en Grecia