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Nadal se lamentó por su mesurado festejo en París

El reciente ganador de Roland Garros, compartió junto a 40 personas una cena en el Café de lHomme, en los jardines del Trocadero, y luego la noche se extendió hasta el amanecer en Vip, un exclusivo club nocturno en un sótano de Champs Elysees.

"¡Se han llevado la copa!". Faltaban cinco minutos para la una del mediodía, y Benito Pérez Barbadillo, el estratega de comunicación de Rafael Nadal, gritaba asomando medio cuerpo por la ventana del auto que llevaba al número dos del mundo, al deslumbrante cuádruple campeón de Roland Garros.

¿La copa? Por un instante, junto al Pont de l'Alma, junto al monumento a la desaparecida Lady Di, la fiesta de Nadal pasaba a un segundo plano: ¿alguien le había robado el trofeo al campeón?

Falsa alarma, porque Pérez Barbadillo se quejaba del celo de los encargados de seguridad de Roland Garros, que cuidaron en exceso del trofeo que el español en la práctica secuestró, del trofeo con el que Nadal no permite que nadie sueñe. El español quería hacerse una última foto, pero ya no era posible, porque la copa surcaba las calles de París rumbo al Bois de Boulogne, y la réplica que el jugador se lleva a su casa había quedado en el hotel.

Vestido con zapatillas rojas, jeans azules y una camiseta blanca con cuello, Nadal reflejaba en su rostro la falta de sueño tras una noche inolvidable. Aunque le hubiera gustado festejar más.

"Ojalá pudiese haber habido más fiesta, pero el martes estoy compitiendo, así que no pude festejar tanto como hubiera deseado. Y estuve hasta la medianoche haciendo prensa", explicó la némesis de Roger Federer rodeado de una nube de fotógrafos y curiosos en el puente de Alejandro III, magnífica escenografía en el primer día a pleno sol tras medio mes de nubes grises y días fríos en Roland Garros.

Tras obsequiarle a Federer la peor derrota de su carrera, Nadal compartió junto a 40 personas una cena en el Café de lHomme, en los jardines del Trocadero, y luego la noche se extendió hasta el amanecer en Vip, un exclusivo club nocturno en un sótano de Champs Elysees.

En parte por eso llegó Nadal tarde hoy a su cita con la prensa, a la que se presentó caminando, casi como si no fuera el hombre del día.

"Nadal, cuatro títulos; Federer, cuatro juegos", sintetizó hoy "L'Equipe" el 6-1, 6-3 y 6-0 del español sobre el número uno del mundo, un resultado para la historia grande del tenis, no sólo porque iguala los cuatro éxitos consecutivos del sueco Bjorn Borg, sino porque el suizo nunca había sufrido una derrota tan humillante.

¿Tuvo tiempo Nadal de calibrar la hazaña, de reflexionar sobre las implicancias de lo hecho?

"Supongo que ya me daré cuenta con el tiempo, ahora estoy feliz por la victoria. Los números son importantes, sí, pero al final lo que más importa es ganar el título", sintetizó con pragmatismo el jugador, que hoy cumplió con un rito que mezcla lo deportivo y lo marketinero: tachar con un rotulador rojo en su camiseta el "2008", que se suma así a los 2005, 2006 y 2007 ya cruzados con una raya, símbolo de su hegemonía en París.

Una hegemonía a cuyo último capítulo faltó, por primera vez desde que Nadal es figura, la familia real española. "Nos avisaron el sábado que no vendría nadie", dijo Pérez Barbadillo, que aseguró desconocer las razones de la llamativa ausencia. La felicitación del rey de España llegó el domingo al hotel de Nadal y por fax, todo un contraste con las efusividades de otros años. ¿Culpa del polémico Pedro Muñoz, el presidente de la federación española enfrentado a los principales jugadores?

No hay ni tiempo para pensarlo. Almuerzo en un restaurante italiano, Eurostar a Londres para cruzar el Canal de La Mancha y entrenamiento en el exclusivo club que alberga el torneo de Queen's a las seis y media de la tarde. Más tarde, cita frente al televisor para seguir el debut de Italia en la Eurocopa. Nadal no para, porque no quiere, y porque el circuito no se lo permite.

"Juego el martes dobles y el miércoles individuales. En teoría no es lógico jugar dobles tras una temporada tan larga como esta...", dijo el español, que, como suele sucederle, sufrió hoy para hacer sus maletas. "Mis padres me han ayudado, fue un poco complicado".

¿Está disfrutando el triunfo que esperó por todo un año? "Hay deportes y deportes... En el fútbol ganas la Champions y tienes todo el verano para disfrutarlo. Nosotros en cambio en dos semanas tenemos otro gran torneo".

Wimbledon, el torneo en el que fue finalista los dos útimos años, el escenario en el que Federer buscará un histórico récord de seis títulos consecutivos, aunque la duda está abierta: ¿podrá el suizo recuperarse psicológicamente del mazazo de París?

"Es un torneo muy complicado. ¡Ojalá pudiera jugar otra final con Federer! Sería muy buena señal, sería la señal de que estoy bien, pero no creo que se pueda decir que Federer es vulnerable prácticamente en ningún lado", zanjó con modestia Nadal, admirador incondicional del suizo, aunque lo que al final cuenta, como él dice, son los trofeos. Y el de Roland Garros es suyo, sólo suyo.
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