Arte en Vendimia en la Bolsa, con poco para ofrecer

Se trata de la muestra inaugurada esta semana en la que exponen Isabel Civit, José Pérez Ansorena y Martín Rodríguez.

La Vendimia, sin dudas, tiene en sí misma una gran carga de “tradición”, por eso no sorprende que todos los actos (el central y los departamentales, además de los distritales que cuentan con el presupuesto suficiente) se parezcan, especialmente desde la presencia de los íconos que en ninguno de ellos falta.

Ahora bien, es de esperar que aunque esto suceda con los actos en los que se eligen las reinas, no suceda lo mismo con el resto de las manifestaciones artísticas y literarias que se gestan y producen a partir de la Vendimia.

Arte en Vendimia se denomina la muestra que se inauguró esta semana en la Bolsa de Comercio de Mendoza (Sarmiento 199, Ciudad), en la que exponen Isabel Civit, José Pérez Ansorena y Martín Rodríguez y que, en línea con la escasa innovación en los actos, ofrece apenas algo más que lugares comunes y poco aporta desde lo estético.

Pérez Ansorena y Rodríguez, desde un realismo muy bien resuelto técnicamente, no proponen más que eso. Podemos destacar, del primero, Vestigio – Estación de Trenes de Lavalle (óleo), especialmente por el punto de vista desde el cual el artista se ubica, y del segundo, Armando y sus nudos gordianos (óleo), por incluir cierto aire onírico al retrato de un labrador con una imponente montaña nevada que domina el fondo.

Por lo demás, el trabajo de Pérez Ansorena y Rodríguez no suma, recurriendo a temas más que visitados por los artistas que quieren rescatar la época de la vendimia y todo lo que se mueve alrededor de la uva y el vino.

Por otra parte, Isabel Civit, con sus acuarelas, no parece haberse dejado tentar por la palabra “vendimia”, animándose a exponer temas citadinos. Es, sin dudas, el punto a destacar de la muestra, no sólo por lo ya mencionado, sino también porque aprovecha la técnica para jugar con los colores y las formas, asumiendo riesgos que le dan personalidad a la obra.

Salvando los aspectos que hemos destacado, la muestra no impacta, no conmueve. Es algo que ya vimos.

Recurrir sólo a racimos de uva, la Virgen de la Carrodilla o los paisajes de viñas es reducir en extremo las posibilidades que ofrece una actividad tan intensa y sentida como la cosecha de la uva. En todo caso, dejemos eso para los actos y que el resto del arte y la literatura se enriquezca con nuevas miradas.

Alejandro Frias

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6 de Diciembre de 2016|05:46
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6 de Diciembre de 2016|05:46
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  1. El universo pictórico-visual predominante en esta provincia está plagado de los elementos (lugares comunes en las metáforas visuales, entre otros) que el crítico expone en esta nota, siendo esto una operación estético-política ya muy obvia por parte de la dirigencia política y económica de Mendoza. Desde la crítica se pude acceder al conflicto o tensión constitutivo del Arte inmerso en su amplia dimensión existencial como es la relación de representación (mimética aún para la clase dominante de estos pagos) y las dimensiones políticas, sociales, económicas, territoriales, etc. Si el campo de la crítica tracciona con argumentos que posibiliten denotar las líneas conservadoras de cierto hacer artístico referenciado en un cuerpo de artistas (e instituciones) funcionales a intereses del capital, sería posible, entonces avanzar hacia estadios visuales complejos y emancipatorios del guión oficial que hoy se encuentran en las periferias del arte local. Si la crítica es un mero acompañante textual de los modos de producción serviles a los intereses de la elite cultural aun predominante, deja de ser su ontológica posición en la "lectura" del Arte. Es necesario emancipar a la producción artística local (y el campo de la crítica) de un añejado proyecto cultural-artístico que conserva los ideales de una clase excluyente (con pretensiones de exclusiva) y es necesario redefinir el proyecto cultural de un Estado a través de las acciones políticas gobernantes que en la actualidad gestionan un status quo antidemocrático (designación de recursos a dedo en función del amiguismo provinciano predominante y exclusor de las divergencias discursivas que ponen en conflicto estas formas de hacer), privatista (los relatos patrimoniales, museísticos y expográficos en mano del sector turístico bodeguero, por ejemplo como es el caso de las bodegas locales y hoteles cinco estrellas como hacedores del relato cultural mendocino, en complicidad con el Estado y sus políticas) y embebido de un pretendido discurso (neoliberal si los hay) "modernoso" de industrias culturales (ley de mecenazgo incluida) que no son más que maquilas artísticas que reproducen o intensifican la relación de explotación y opresión entre capital (recursos privados) y trabajo (artistas precarizados o al servicio de un interés privado en particular). Si el artista es solo su relación con su disciplina artística (pretendido sueño de las elite) entonces queda a merced de las condiciones impuestas por las clases dominantes para que este solo produzca o reproduzca lo que un OTRO quiere o requiere, la crítica debería avanzar entonces a constituir las posibilidades simbólicas de un artista y su proyecto político (si se quiere cultural) para poder ser artífice de las condiciones materiales y discursivas que interpelen las injusticias del pago chico que aun predominan fuertemente.
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  2. la verdad que sorprende una critica tan mala a una exposición, ojala sea para con todas las muestras con la misma vara y que no sea una rencilla del periodista hacia alguien en particular. espero leer las próximas opiniones!
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