Florencia Dávalos, semilla viva de nuestro folclore

Su primer disco recibió dos premios Gardel. Conversación con la hija del folclorista sobre su recién iniciada y ya exitosa carrera musical.

Cuando alguien logra reunir un conjunto de tradiciones, mitos o creencias populares de un lugar o ensayar con su voz la musicalidad de un suelo, a modo propio, como semilla de este, está transformándose en rama del folclore, porque es esto la esencia toda del mismo.

Nuestro folclore nacional se constituye con hombres y mujeres que forjaron sus raíces a lo ancho y largo del país, y entre los mártires hacedores encontramos hoy a Jaime Dávalos, que físicamente se marchó en 1981.

Decía Hamlet Lima Quintana que “en el hijo se puede volver nuevo”. Y así vuelven a renacer sus poemas y canciones en la voz de su hija menor, Florencia, una semilla musical que va madurando sobre exquisito viento de cuecas, chacareras y coplas. Memoria de la semilla es el nombre del primer disco solista de esta joven artista que ya obtuvo dos valiosos premios Gardel, Mejor Álbum Artista Femenina y Mejor Álbum Nuevo Artista Femenina de Folklore 2013.

En su casa de la localidad de Zárate, en la provincia de Buenos Aires, Florencia Dávalos accedió a una entrevista. Esto decía sobre su vida musical, el éxito obtenido y la magnífica responsabilidad de mantener viva la llama de su padre.

- ¿Cuál es tu sentir al decir que Memoria de la semilla es "una comunión de almas entrelazadas alrededor del mismo fuego"?

- Voy a citar un texto escrito por mi padre refiriéndose a la creación de la Zamba de la Candelaria: “Somos nuestro antepasado. Los antiguos, que no tomaban tan superficialmente ningún hecho por simple que pareciera, veían en el crepúsculo la partida del sol con la pavorosa sospecha de que pudiese no volver más. Los días, con su fugacidad tentaban el corazón a ver en ellos una representación, un aviso de los dioses, queriéndonos alertar contra la ilusión ingenua de eternidad con que suele embriagarnos la luz del pleno día. [… ] Cuando encendemos el fuego del fogón criollo, estamos encendiendo el mismo en que se calentaron las manos los artífices del sílice y el hueso, o ante el que bailaron para encantar al sol los sacerdotes del incario. En una de esas cacharpayas, de esas despedidas tradicionales, nació la música de esta zamba. La canción corrió hacia el pueblo cargada con la fuerza de lo que en ella apenas pudimos balbucir. Anduvo en los boliches, peñas, despedidas y churrasqueadas visitando la reunión humana en busca de boca que la digan como una fórmula mágica para crear comunicación”. Entonce, “una comunión de almas entralazadas alrededor del mismo fuego" alude a una celebración alrededor del fuego, núcleo convocante, círculo mágico creado para la reunión entre los hombres en busca de la comunicación. Jaime Dávalos nombra, y al nombrar crea con su palabra un universo. Su voz poética viene de muy lejos. Se nutre de la historia, de la filosofía, de la geografía y de la literatura universal. Desde ese ser anónimo, sombra que anda caminando, pinta al hombre con sus luces y oscuridades. Nos habla de nosotros mismos. Eleva a través del canto a los trabajadores a la categoría de héroes cotidianos. Se acerca, pero no para observarlos como piezas de museo o rarezas en vía de extinción, sino para comunicarse, para aprender de ellos, para entender quién es él, y toma el lugar del médium, desentrañando a través de la palabra todo lo que misteriosamente el silencio del pueblo, lleno de sabiduría, le va dictando. Él mismo dice: "En la canción, dejar el testimonio de la poesía que nos visitaba,para que con fundamento cante el pueblo y con el canto se despene el alma...". El canto es comunicación. El fuego es nuestro núcleo convocante. La obra de este poeta, como el fuego, convoca a la reunión a la celebración. Es un homenaje a nuestro legado poético musical. Por eso digo: "Todos somos herederos de su voz poética. Somos memoria. Somos semilla". En cada uno de nosotros está la semilla de la memoria individual que, a su vez, conforma la memoria colectiva.

- Creás en el 2010 el proyecto Memoria de la Semilla en homenaje a tu padre y es declarado de interés nacional por el Senado de las Nación y de interés cultural por la Secretaría de Cultura de Salta y también de la ciudad de Zárate, a todo ello hay que sumarle el apoyo de la Academia de Folclore de la República Argentina y la Biblioteca Nacional. ¿Imaginaste alguna vez tanta trascendencia?

- El proyecto Memoria de la Semilla nace después de largo tiempo de maduración dentro mío. De haber leído, buscado, preguntado, recopilado todo lo que tuviese a mi alcance sobre mi padre. El motivo tuvo que ver con una necesidad muy personal de encontrarme con él de algún modo. De entender ausencias, amores, desamores y vacíos existenciales. Al perder a mi padre, a los 11 años, hubo un montón de cosas que me perdí de vivir con él. Y una manera de reconciliarme y reencontrarme fue a través de su obra. Pero por supuesto que el proyecto es mucho más amplio, pues cuando hablo de Memoria de la Semilla, no es sólo mi semilla, sino también la que cada uno trae en la génesis. Y desde allí se esparcen hacia lo colectivo. Era una manera de apropiarme de mi historia familiar y al mismo tiempo entregar ese legado para que nuevas generaciones tuvieran acceso a esta obra. Pienso que no ha tenido la debida difusión que merece por su calidad poética y por ser Jaime Dávalos uno de los referentes máximos de la poesía argentina dentro de la canción popular. Creo que el apoyo de todas las instituciones que nombrás son el principio de un reconocimiento largamente esperado. Y me alegro de ser quien lleva adelante la amorosa tarea de unir los pedazos. Pero, claro, no estoy sola, me acompañan muchas personas desde lo familiar, desde la amistad y, sobre todo, desde el amor por el viejo.

- ¿Sentiste en algún momento que el canto era una deuda pendiente para con vos misma, sabiendo que te dedicaste al vestuario escénico por veinte años?

- Desde que era una niña el canto me acompañó como una sombra. Lo ejercía en soledad, monologando con mi alma. Era, al mismo tiempo, una forma de comunicarme con el todo. Por supuesto que no lo sabía. Pero cada vez que cantaba, algo maravilloso me ocurría. Esa dicha y ese entusiasmo inexplicables y el deseo de seguir y seguir hasta olvidarse del tiempo. Pasaron los años y, a pesar de que elegí otros caminos artísticos, llegó el momento en que el canto llamó a las puertas de mi alma. Desperté. No sé exactamente que fue lo que me hizo recordar que amaba la música y que tenía que volver a hacerlo. Un llamado desde el fondo del tiempo, algo que me dictaba la sangre, quién sabe. Lo cierto es que, en vez de hacerme la distraída, decidí escucharlo. Lo gracioso es que mientras realizaba trabajos de vestuario, esto se puede cotejar con todas mis colegas vestuaristas, cantaba entre los percheros. Cada palabra que escuchaba por ahí me remitía a alguna canción que brotaba sin pensar, como el agua de una vertiente. Naturalmente. Todas mis compañeras y mis amigos me decían que por qué no cantaba. Era a veces como un reclamo.
Fue un camino de maduración necesario y hacerme cargo del don innato de poder transmitir a través de la voz un mensaje. Al principio, saber que contaba con el instrumento, pero eso duró muy poco tiempo, hasta que entendí que no era solamente tener una linda y armoniosa voz, sino que ella era el vehículo para comunicarme. Y entonces comencé a preguntarme qué quería decir, cuál era mi mensaje. Es un camino maravilloso de autoconocimiento y de entrenamiento permanente.

- El disco en el 2012 contiene 18 obras de Jaime Dávalos compuestas junto a reconocidos gigantes del plano artístico y a ello debe agregarse la participación de actuales destacados de la música popular. ¿Cómo te sentiste al cargar en piel y voz el peso de las obras de tu padre?

- El disco Memoria de la semilla es parte del proyecto que lleva el mismo nombre, y digamos que es el primer fruto de este árbol. Estoy sumamente agradecida por haber sido acompañada por los talentosos músicos y artistas que participaron desinteresadamente. Admiro y respeto a cada uno de los artistas que convoqué y fueron elegidos porque alguna ligadura tenían conmigo y con mi padre. La producción artística y musical de mi hermano Marcelo fue un gran sostén para lograr la realización de este álbum. Ese sostén necesario para que pudiera entregar mi voz de la mejor manera al servicio de una obra que tenía una carga emotiva muy fuerte. Poder estar presente con mi cuerpo y mi voz en la obra, que ella hable y no colocarme por delante de ella. Ese es un trabajo para mí muy interesante para hacer y que intentamos que quedara plasmado en el disco.

- Con Marcelo, tu hermano, como parte de la dirección musical, ¿se siente más la sangre Dávalos unida a tanta fuerza del disco en sí?

- Creo que sí, pues la sangre nos lleva por lugares que ni nosotros sabemos bien por qué, pero allí vamos como sonámbulos siguiendo el rastro. Para Marcelo creo que fue una gran pista de aterrizaje, pues hasta el momento de comenzar la producción del disco estaba viviendo en Mijas, España. Llegó después de diez años y se puso de lleno con toda su potencialidad musical, artística y productiva con este disco. Le dedicó muchísimas horas de trabajo. Realmente dejó todo allí.

- ¿Soñaste alguna vez con que tu primer disco recibiría dos premios Gardel a sólo un año de haber visto la luz?

- Como es una producción independiente, llevé personalmente el disco y lo postulé. Lo hice porque estaba convencida de que era un buen material y quería saber qué le parecía al resto del mundo de la música, periodistas, etc., que forman parte del jurado de Capif. La verdad es que fue una gratificante y sorprendente noticia la nominación a los premios Gardel. Ese momento ya fue un festejo y una alegría, pues estaba nominada en dos rubros. Era como un sueño. Algunos amigos músicos y productores se largaban a predecir que al menos uno me darían. Había una lucecita en el camino. La gran sorpresa fue cuando estuve en la ceremonia de entrega de los premios y me nombraron dos veces. Muy conmovedor momento. Muchas emociones, alegría, agradecimiento y la confirmación de mi decisión del camino en el canto.

- Luego de tantas presentaciones a lo largo y ancho del país e incluso en Colombia. ¿cómo notás de parte del público el impacto de ser la semilla viva de Jaime?

- ¡Uy! Es un amor que se transfiere y se entrega. Un ida y vuelta maravilloso. Entender la trascendencia de su obra y de su paso por este mundo. Realmente siento que este poeta no ha muerto. Como todos los poetas y artistas que nos dejan su huella honda en el corazón del pueblo. Cada concierto es para mí un ritual con el público. La entrega de todo lo que soy y traigo en mi memoria, en mi sangre. Aparecen los duendes que acompañan. El viejo siempre está allí haciendo de las suyas, moviendo los hilos. Hay una muy buena recepción del material de parte de las generaciones contemporáneas al nacimiento y auge de estas canciones. Personas que reviven en cada encuentro en vivo una parte de su historia. También las nuevas generaciones, que quizás saben lejanamente quién fue Jaime Dávalos porque sus padres se lo contaron o porque conocen alguna que otra canción, reciben con mucho cariño y respeto este trabajo. En Colombia, particularmente, me ocurrió que el concierto fue en una sala como para 100 personas. Fue en el marco del 15° Festival Bandola en Sevilla Valle. Había llevado un audiovisual que realizó hace muchos años Ricardo Aceval sobre mi padre. Y, además, el concierto iba intercalando las canciones con algunos audios de poemas recitados por él. Se largó una tormenta eléctrica que dejó la sala a oscuras antes de comenzar el concierto. Creí que me moría, que no iba a poder hacerlo o sostenerlo, porque se me había truncado el plan original. Por suerte, mi amiga Martha Elena Hoyos, quien me convocó para el festival, me alentó a no desesperar y que lo hiciéramos a la luz de las velas y sin sonido. Y así lo hicimos. Armamos en el escenario un montón de cubos con velas apoyadas que iluminaban la escena. Una guitarra y mi voz. Nada más. Fue mágico. Pensaba que los colombianos, con tanto bullerengue, bambuco, cumbia y joropos, se me iban a aburrir con las zambas, las tonadas, la milonga. Pero no, hubo un momento de magia y conexión muy hermosa cuando canté Las golondrinas. El público cantó a coro conmigo toda la canción. Allí comprendí el alma viajera de la golondrina hecha canto.

- Eras muy pequeña cuando tu papá migró físicamente a la eternidad. ¿Más allá de lo musical, cuáles son las estrellas propias de él que están encendidas en tu vivir cotidiano?

- El compromiso con el arte. El arte como una herramienta fundamental para realizar cambios internos y en la sociedad, honrando la belleza. ¡Cuando vivimos, soñamos! Ser una soñadora, viajera eterna, de caminos siempre nuevos pero al mismo tiempo viejos y antiguos como la humanidad. Honrar a nuestros antepasados. Encontrarme en el otro en la mirada, en los gestos, compatibilizar. Acercarme desde el amor y la humildad a las cosas más simples de la vida. Comprender quién soy y qué vine a hacer a este mundo. Preguntármelo cada vez. Ser consciente de la finitud aunque vivamos engañados en nuestro deseo de inmortalidad y vivir cada día como si fuera el último. Buscar la libertad como los pájaros, infinitamente. Algo de esto está dentro mío y fue sembrado por mi padre y por mi madre. Ellos me enseñaron que el arte está en mí como un camino de liberación y aprendizaje.

- ¿Te dedicas por entero a la música? ¿Ya la considerás como una profesión definitiva?

- Nada es definitivo. La música es un camino posible para construirme, pero quién sabe qué caminos puedan abrirse. La escritura es un tema pendiente, o no tanto, porque ya te habrás dado cuenta de que cuando me piden que conteste unas preguntas me largo a escribir un libro, ¡jajajaja! La danza, el canto, la escritura, las imágenes, los vestuarios, las escenografías, el espacio, las luces, las sombras, las ideas, todo eso está allí, dando vueltas en mi alma. Todo lo que fui y seré es parte de esta masa que está siendo amasada día a día.

- ¿Qué provocó en vos tanta crítica constructiva sobre el disco a manos de grandes como Ramón Navarro, Jorge Marziali, Juan Falu, Jaime Torres, Liliana Herrero y Horacio González, entre otros?

- Muchas lágrimas de emoción, de alegría. Sentir en esas palabras la aceptación y el respeto, que de algún modo son el amor a mi padre, transferido hacia mí. Todos ellos son para mí referentes de la música, de la poesía, del pensamiento, y sus apreciaciones son muy valiosas.

- Mucha gente grande conoció toda o gran parte de la obra de tu padre. Mucha juventud se introduce en el mundo del folclore sin conocer demasiado las raíces que lo forjaron. ¿Qué mensaje les darías a ellos como la excelente artista que sos y lo que significa tu apellido en la historia total de nuestro folclore?

- Les diría que se acerquen a las obras de estos poetas y compositores, como Jaime Dávalos, Eduardo Falú, Manuel Castilla, Cuchi Leguizamón, Armando Tejada Gómez, Hamlet Lima Quintana, César Perdiguero, Ariel Petrochelli, Chivo Valladares, Juan Falú, Jorge Marziali, Ramón Navarro, Ramón Ayala y muchísimos más que nos dejaron un legado enorme que debemos honrar cantando y aprendiendo tal como nos lo dejaron. Luego vendrán las transformaciones, las propias exploraciones, romper los esquemas, trasgredir los límites. Pero antes hay que saber dónde estamos parados, quiénes somos. Es como salir de viaje sin haber mirado el mapa. Primero hay que estudiar el terreno y reconocer las rutas trazadas de antemano. Una vez transitadas, podremos buscarle nuestra propia impronta y trazar los propios caminos, sin tratar de ser súper originales y trasgresores, porque, a veces, eso resulta una imposición más que una verdadera búsqueda.

- Florencia, ha madurado la noche. A lo lejos se oyen los acordes de Zamba de la Candelaria. ¿Ayudás al poeta a alumbrar el camino?

- "Mi tarea como artista e intérprete es cultivar las semillas del arte que me fueron heredadas, como compromiso con las raíces de esta tierra y con las de mi sangre". Esto escribí allá por el 2010, cuando redacté el proyecto Memoria de la Semilla. Busco la luz, siempre. Con sus sombras y sus proyecciones. Ojalá mi trabajo ilumine consciencias y abra nuevos caminos llevando el legado de mi padre lo más lejos y profundo posible.

Lucio Albirosa, especial para MDZ Online

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