“Mis cuadrados digitales expresan kilómetros de tinta como periodista”

El periodista mendocino Carlos Quirós, de extensa trayectoria como periodista parlamentario, nos cuenta en esta nota su vida. Sus experiencias estuvieron marcadas por los hechos políticos, el haber emigrado a Buenos Aires y su otra pasión: la pintura digital.

Carlos Quirós nació en San Rafael, Mendoza, en 1940. Es periodista desde hace más de cuatro décadas. Trabajó en el diario mendocino Los Andes, fue corresponsal provincial para La Prensa, en La Opinión y en el diario Clarín.  En su larga trayectoria, fue periodista parlamentario en el Congreso de la Nación por más de treinta años. "Sólo que cada vez que la política se interrumpía por algún golpe militar, volvía a la pintura". Es que este periodista mendocino, siempre tuvo otra vocación: el arte. Más precisamente la pintura digital.

Expuso sus obras elaboradas en particular técnica por primera vez en el año 2002, en el Salón Nacional de Artes Visuales de la ciudad de Buenos Aires. Un año después le tocó el turno en la galería porteña Braque. Obtuvo premios en la disciplina de arte digital por obras como En la pasarela y Naturaleza muerta II. Por nombrar algunos sitios que oficiaron de sede para sus lucir sus obras, está la Casa de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y el Archivo General de la Nación. La más reciente fue en el centro de la sala del Centro Cultural Borges, en pleno corazón de Capital Federal.

Mientras escribía como periodista, en los difíciles años 70 se perfeccionó con el pintor comprovinciano, Enrique Sobisch. Desde 2002, Quirós trabaja con su computadora personal y programas Saint, para óleos, acrílicos y témperas.

En la última semana del mes de julio del año pasado, Quirós presentó una muestra de pincel digital para pintar rostros imaginados y perdidos en el mismo sitio, el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso Nacional, que tantas veces había transitado como periodista acreditado.
Obras en pintura digital, impresas en tela vinílica, retratos de personajes imaginarios por el propio Carlos Quirós, fueron parte de esa muestra.

Palpitando el reciente Día del Periodista, el artista/periodista mendocino brindó una obra de su autoría para la Sala de Periodistas de la Cámara de Diputados de la Nación. La pintura digital, titulada Sigan buscándome, luce el rostro del desaparecido Julio López, testigo crucial del juicio realizado por delitos de lesa humanidad, en abril del 2006, contra el represor Miguel Etchecolatz.

 "No puedo desligarme de mi condición de periodista, ahora simplemente trato de contar las cosas con imágenes, porque quiero que esas imágenes cuenten sensaciones que percibo".
Testigo de gran parte de la historia política de las últimas décadas, en su casa ubicada en Avenida Rivadavia, a una cuadra del Palacio del Congreso de la Nación, este periodista y pintor digital mantuvo una entrevista con MDZ. Estos son algunos pasajes del reportaje

Historia e  influencias

La influencia de su madre italiana, artista en pintura de caballete, tuvo mucho que ver en su San Rafael natal de la provincia de Mendoza. También de su tío Ciro. Carlos Quirós proviene de una familia de artistas; su padre había sido un gran disertador en teatros. Carlos recuerda que cuando comenzó a incursionar en el teatro, su padre, un gerente de una importante bodega mendocina, le dijo al pasar: “Esta bien, pero como vas a alimentar a tu propia familia?”.

Cuenta Quirós que “desde chico, cuando imitaba las pinturas de mi madre, tenía esa necesidad de expresarme”.

Cerca de la adolescencia, Carlos comenzó a trabajar en una empresa inglesa relacionada al mundo de la carne.

Al terminar el servicio, Carlos Quirós decidió radicarse en la ciudad de Mendoza para estudiar periodismo en la Universidad de Cuyo. “Recuerdo que a pesar de tener que hacer el servicio militar, la empresa continuó pagándome la mitad del sueldo y ese dinero fue fundamental para realizar mis estudios”.

Mientras el radical Arturo Illia comandaba como podía el timón de la presidencia de la Nación, Quirós culminaba su carrera.

“A la vez que cursaba las últimas materias de periodismo, estaba haciendo una pasantía en la Radio Libertador de Mendoza. Un día me pidieron cubrir una importante sesión en la Legislatura provincial”

El día al que hace mención Quirós fue un antes y un después en su vida. En uno de los pasillos del edificio del Poder Legislativo provincial se cruzó  con el destacado periodista mendocino Antonio Di Benedetto, autor de obras como Mundo Animal (1953), El pentágono, Declinación y Angel (1958), El Silenciero (1964), entre otros, quien había sido profesor suyo en la facultad.

“Antonio me ofreció trabajar en la sub corresponsalía del diario La Prensa en Mendoza. El venía de ser el director del diario Los Andes”, recuerda Quirós quien a la vez escribía en una revista que publicaba la Universidad de Cuyo, junto a Raúl Fain Binda, y otros jóvenes periodistas.

Alrededor del año 1968 llegó a la provincia de Mendoza el periodista Jacobo Timerman, tentado por el empresario Alberto Coltón para crear un diario. Experto en los temas periodísticos, Timerman sugirió que el nombre de la flamante publicación sea directamente “El Diario”.

Cuenta Quirós que don Jacobo paseando por la ciudad compró una de las publicaciones de la Universidad. Cazador de talentos, convocó a todos los jóvenes que escribían en ella.
Según Quirós, Jacobo fue contundente: “los contrato para que piensen como debería ser el mejor diario”. A las semanas se sumarían otros dos muchachos que Timerman conocía de sus revistas Primera Plana y Confirmando: Horacio Verbitsky y Luis González O’Donnell.
El flamante diario no funcionó. A poco tiempo de salir a la calle, sin respuestas del público, el empresario Colton lo cerró. “Creo que el diario al lector mendocino de esa época le quedaba grande, porque en sí el diario era bueno y preanunciaba todo lo que en unos pocos años después iba a suceder políticamente en la Argentina de los años 70”.

El periodista que late en Quirós pudo más. Renegó de su derecho a cobrar la indemnización cuando El Diario bajó las persianas a cambio de una condición: heredar el archivo, que sería la base del siguiente proyecto que abordaba: fundar la revista Claves.

“Tengo los mejores recuerdos de esa publicación. Palpitábamos muy de cerca todo el acontecer político del país. Cubríamos todo lo posible y dábamos lugar a todos los sectores. Recuerdo que a veces publicábamos, entre otros, columnas de un conservador como era Francisco Gabrielli,  quien fuera dos veces gobernador de Mendoza.”, memoriza Quirós.
En un principio Claves se comercializaba por suscripción. A mitad del año 1974 comenzó su venta directa en los puestos de diarios y revistas de Mendoza. Un atentado de la Triple A –que comenzaba a poner en práctica su maquinaria del terror- en un día de impresión en los talleres, puso fin a esa publicación.

Un llamado desde Buenos Aires alertó a este periodista mendocino. “Te venís a trabajar conmigo a Buenos Aires cuanto antes”, dice Quirós que le dijo Timerman. Don Jacobo tenía información calificada que en las listas negras de la Triple A por Mendoza, figuraba el nombre Carlos Quirós.

Jacobo Timerman le ofreció cubrir Congreso de la Nación. Fue así que se acreditó como periodista en la controvertida Cámara de Diputados de ese entonces.

Un año después de gestar el golpe de Estado, en 1977 la dictadura militar expropió el diario La Opinión.  Ese mismo año Jacobo Timerman fue secuestrado por una fuerza dependiente del ex general Ramón Camps. El matutino no dejó de editarse pero quedó intervenido militarme.
Al remontarse en el tiempo, Quirós recuerda que “como tenía un gran aprecio por Jacobo, en la redacción, trataba de publicar los habeas corpus que me propiciaban hombres como Hipólito Solari Yrigoyen”.

Con el Congreso Nacional clausurado, la intervención castrense en La Opinión le ofreció a Quirós la jefatura de la Redacción. La cosa duró hasta que los militares devenidos por la fuerza en periodistas censuraron una publicación de la que Quirós era autor referente al holocausto judío a manos del nazismo.

 “Recuerdo - señala Quirós- que el militar me llama a su despacho y me dice para que vamos a revolver tanta mierda; le contesté que si el material no se publicaba, yo renunciaba a seguir trabajando en La Opinión”.

La nota no se publicó y el periodista cumplió con su palabra. Pronto volvería a las redacciones cuando en un encuentro de ex presidente latinoamericanos realizado en la Argentina, se topó con Avelino Porto, eterno rector de la Universidad de Belgrano, quien le ofreció dirigir la revista Vigencia que editaba la Universidad. Por ella desfilaron escritores como Félix Luna. El diseño lo hacia Hermenegildo Sabat, y el colaborados estrella era nada menos que Jorge Luis Borges.

Hasta ese año 1980, el periodismo era todo para Quirós. Pero comenzaba a mellar su vocación por la pintura. Así fue como comenzó a volver a incursionar nuevamente en el mundo de la pasta, pinceles, acrílicos y otra vez con su comprovinciano, el artista Enrique Sobisch, quien tenía su taller anclado en la ciudad de Buenos Aires, al mismo tiempo en que Marcos Cytrynblum, -quien fuera secretario de redacción del diario Clarín desde los primeros días de la década del 70-, lo convocara a formar parte de su equipo de trabajo, junto a periodistas como Joaquín Morales Solá, Roberto Guareschi, Armando Vidal, entre otros.

La derrota militar en la Guerra de Malvinas adelantó el fin de la dictadura militar. En la campaña electoral para los comicios de ese año, Carlos Quirós fue el encargado de seguir periodísticamente a lo largo y a lo ancho del país, al candidato del radicalismo, Raúl Alfonsín, quien vencería al candidato justicialista, el recientemente fallecido, Italo Luder. 

Una vez que el traje de la democracia volvió a vestir a las instituciones, Quirós pidió a los jefes de Clarín volver a acreditarse en el Congreso de la Nación. Llegó el turno de cubrir el Senado. Y también de dar más lugar al artista que llevaba adentro.

“Mi incursión en la técnica digital, se originó cuando en las redacciones periodísticas se reemplaza la tradicional máquina de escribir por la computadora, la famosa PC. En ella descubrí, estimulado por los recuerdos de mi adolescencia, que se podía pintar y dibujar”.
Carlos Quirós, aclara, que en sus obras no utiliza modelos en vivo ni impresos. Que su fuente de inspiración es su propia imaginación. Entre ellas figuran temas como la inseguridad, la marginación, los cartoneros, la crisis del 2001, la tragedia de Cromañon.

“Creo que de mi mente salen los fantasmas que pueblan mis cuadros. En ellos intento reflejar, con el peso de mis cuatro décadas de periodista en las áreas políticas y sociales, éxitos y fracasos de nuestra sociedad”, dice un Quirós melancólico mientras repasa fotos como pintor, de la obra que retrata al desaparecido Julio López, inmortalizada en un cuadro de una de las paredes de la Sala de Periodistas de la Cámara de Diputados, sitio donde tantas veces estuvo como periodista.

Opiniones (1)
9 de Diciembre de 2016|20:48
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9 de Diciembre de 2016|20:48
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  1. hermosa nota, que lindo personaje, brindo por Quiros. y MDZ deberia dar mas profundidad a este tipo de repoortajes y no otros que son malisimos. saludos
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