Cómo es ser cristiano en Medio Oriente

Persecuciones, homicidos y atentados en las iglesias, en la gran mayoría de los casos, salvo Israel, el único país no musulmán de la región donde el número de cristianos y católicos ha crecido.

La invasión de Irak por parte de Estados Unidos en 2003 y, especialmente, la irrupción de las llamadas primaveras árabes a partir de principios de 2011 han colocado a gran parte de las minorías cristianas de Oriente Medio entre la espada y la pared. Si ya de por sí su situación dentro de todos estos países de mayoría musulmana ha sido tradicionalmente difícil y compleja, los acontecimientos de la última década han venido, si cabe, a complicarla más todavía desde todos los puntos de vista: político, económico, social, cultural y religioso. Así lo describe este informe de Julio de la Guardia para EsGlobal.

No obstante, al igual que en el caso de las primaveras árabes –que han de entenderse en su especificidad individual, que no como un fenómeno generalizado dada su amplia casuística– los problemas de las minorías cristianas de la zona deben analizarse país por país. ¿Cómo han empeorado en la gran mayoría de los casos, salvo, quizás, con la excepción de Israel, el único país no musulmán de la región? He aquí una radiografía de cada una de ellas. 

Egipto

El hecho de que el conflicto interno egipcio no haya degenerado en guerra civil ha sido el motivo por el que los cristianos egipcios –en este caso los coptos– hayan sufrido un nivel de violencia menor que en Siria e Irak. Aunque también se han convertido en chivo expiatorio de los islamistas radicales. Durante las jornadas posteriores al desalojo forzoso de las acampadas de Rabba y Nahda a mediados de agosto de 2013 se registraron múltiple asaltos contra iglesias y contra los fieles que se encontraban dentro de ellas.

El motivo principal de esta ira contra los cristianos fue el hecho de que el patriarca copto apoyara explícitamente el golpe de Estado acaecido el 3 de julio que acabó con el Gobierno de Mohamed Morsi. Si bien, durante el año que detentaron el poder institucional los Hermanos Musulmanes respetaron a los coptos, cuando éstos se pusieron del lado de las Fuerzas Armadas las iglesias pasaron a convertirse en objetivo prioritario. Las iglesias siguen presentando grandes vulnerabilidades, a pesar de que las comisarías de policía se han reforzaron incorporando métodos de defensa estática y armamento.

En el caso de Hosni Mubarak hubo una cierta protección hacia los coptos, tanto por su importancia social (representan más del 10% de la población) como por agradar a sus aliados occidentales. Pero bien es cierto que hubo momentos en que el régimen miraba para otro lado y toleraba un cierto nivel de violencia anti copta, especialmente en las ciudades del Alto Egipto como Minya, en la que a día de hoy proliferan los secuestros de coptos (se contabiliza un centenar desde la revolución de enero de 2011), pues se da por hecho que tienen un mayor poder adquisitivo para poder pagar el rescate. El nuevo régimen militar liderado por el General Abdel Fatah al Sisi ha prometido protegerlos en contraprestación por el apoyo político que le han otorgado. Aunque éstos permanecen escépticos visto el precedente de Mubarak.

Irak

La invasión de Irak por parte de Estados Unidos y sus aliados en 2003 y la subsiguiente guerra fratricida desencadenada por ésta entre las diferentes facciones étnicas y religiosas, también ha llevado a la emigración a un importante porcentaje de cristianos iraquíes. Si ya habían comenzado a abandonar el país en la fase previa de las sanciones aplicadas por la ONU, se calcula que antes de la invasión el número de cristianos se estimaba en un millón y medio, de los que se estima que unos 850.000 habrían buscado refugio en terceros países durante la última década, sobre todo en las vecinas Siria (que entonces se encontraba en paz) y Jordania (lugar de refugio para todas las minorías perseguidas en Oriente Medio dada su estabilidad y su tradicional política de neutralidad).

Al igual que la familia Assad en Siria, Sadam Hussein también puso en práctica políticas de protección e integración de la minoría cristiana en la vida pública, permitiendo por ejemplo la celebración abierta de fiestas como las Navidades y la Pascua. Incluso llegó a cooptar a alguno de sus líderes políticos, como fue el caso del católico Tarek Aziz, quien ejerció como vice primer ministro y titular de Asuntos Exteriores (de hecho uno de los fundadores del partido Baath, Michel Aflaq, era cristiano, en este caso de culto griego-ortodoxo).

Por desgracia, la violencia islamista radical también se ha cebado con los cristianos en Irak, donde han tenido lugar decapitaciones como la del sacerdote ortodoxo Boulos Iskander en 2006, incluso después de que se pagara el correspondiente rescate. Otro sacerdote y cuatro religiosos más fueron asesinados en 2007 en la localidad de Mosul tras negarse a abjurar de su fe cristiana y convertirse al islam. Más recientemente, estas pasadas fiestas un doble atentado con coches bomba causaba la muerte a 35 personas en un barrio cristiano de Bagdad. Según la policía iraquí uno de los vehículos hizo explosión a la salida de la iglesia después de la misa del día de Navidad.

Israel

Es el único país de la zona en el que el número de cristianos ha aumentado –eran unos 34.000 tras la creación del Estado en 1948 hasta los 158.000 actuales–. De éstos, 140.000 son ciudadanos árabe-israelíes (los otros 18.000 serían de origen ruso y de otras repúblicas ex soviéticas), por lo que gozan de la misma igualdad formal tanto de derechos como de oportunidades que el resto de ciudadanos árabe-israelíes –musulmanes o drusos– y que la mayoría judía. Sin embargo, hasta hace poco quedaban exentos de hacer el servicio militar, lo cual luego les impedía acceder a puestos de trabajo en el sector público y en los servicios de seguridad.

Cuando el Gobierno de Benjamín Netanyahu acaba de aprobar el proyecto de Ley del Servicio Militar y del Servicio Civil elaborado por la Comisión Peri –que regulará la incorporación a filas de los haredim, orientada a su posterior inserción en el mercado laboral y su contribución a la hacienda pública– y el borrador ha comenzado ya su correspondiente trámite parlamentario en la Knesset (Parlamento), la minoría árabe en Israel se encuentra tan polarizada en esta cuestión como los propios ultraortodoxos judíos. Desde la fundación del Estado hace 65 años, los árabes, a diferencia de otros grupos étnicos como los drusos o los beduinos que tradicionalmente han servido con orgullo en las Fuerzas Armadas, no sólo se veían excluidos del servicio militar sino que además se negaban a realizar el servicio civil sustitutorio.

Esta nueva ley ha abierto las puertas a la incorporación a filas de los árabe-israelíes, que aunque en su mayoría siguen optando por la objeción, precisamente entre los cristianos se está creando una nueva corriente de opinión –liderada por el sacerdote griego-ortodoxo de Nazaret Gabriel Nadaf, quien aboga por pasar de igualdad formal de derechos y de obligaciones a una igualdad real. En cualquier caso, con sus argumentos a favor y en contra, la prestación del servicio militar o, en su defecto, la realización del servicio civil sustitutorio seguirán generando controversia entre los cristianos de Israel.

Jordania

Quizás sea Jordania el país de la región en el que los cristianos disfruten de una mayor libertad y tolerancia religiosa, según señaló el relator especial de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Heiner Bielefeldt, el pasado mes de septiembre en el marco de una gran conferencia ecuménica celebrada bajo los auspicios de la Corona hachemita. De hecho, el Rey Abdalá II tiene designado a un familiar como enlace permanente con las diferentes Iglesias cristianas, en las que en este caso predomina la griego-ortodoxa, ligada al Patriarcado griego-ortodoxo de Jerusalén.

No es casual que el actual patriarca latino de Jerusalén, Fuad Twal, sea de origen jordano. Como máximo representante de la Iglesia católica en Tierra Santa, Twal mantiene interlocución con los diferentes gobiernos de la zona, intentado defender los intereses de los cristianos. Entre ellos disfrutar de muy buenos contactos con el Reino de Jordania, aprovechándose de su nacionalidad, con el que mantiene mejores relaciones que los otros dos patriarcas de Jerusalén (griego-ortodoxo y armenio), los obispos anglicano y luterano, el nuncio apostólico y el custodio de Tierra Santa. 

Hoy en día los cristianos jordanos apenas llegan al 5% de la población, mientras que, según las estadísticas, a principios del siglo XX el porcentaje alcanzaba el 20%. Pero al igual que ocurriera también en Palestina (entonces ambas formaban parte del mismo ente territorial del Mandato Británico), gran parte de ellos optaron por la emigración, en especial a América Latina. Aún así disponen de una cuota de 9 diputados dentro de un Parlamento unicameral con 120 escaños, lo que es reflejo de la discriminación positiva impulsada desde la Corona, que ayuda en la representación política de otros cristianos llegados recientemente desde las vecinas Siria e Irak.

Líbano

Si Egipto es el país de la zona que más cristianos tiene en términos absolutos, Líbano es el que más tiene en términos relativos –aproximadamente el 40%– por lo que su papel en la vida pública resulta determinante. Desde que los Acuerdos de Taif pusieran fin a la cruenta guerra civil que tuvo lugar entre 1975 y 1990 el cargo de presidente de la Republica queda siempre reservado para un cristiano, mientras que el de primer ministro lo ocupa un suní y el de presidente del Parlamento un chií.

En este caso la confesión más importante es la maronita, que si bien fue una Iglesia oriental en origen a partir del siglo XVI se reorientó mirando hacia Occidente, después de alinearse con la Iglesia católica y adoptar su catecismo. Al igual que el patriarca copto en Egipto, el patriarca maronita de Antioquía juega tradicionalmente un papel clave dentro de la política del país. Precisamente, el alto nivel de politización del patriarca Nasrallah Sfeir coadyuvó a su sustitución para así intentar unir a las diferentes fuerzas cristianas a pesar de la actual polarización provocada por la división entre los bloques del 8 y del 14 de marzo.

Sin duda, el mayor problema que tienen los cristianos libaneses es el posible efecto contagio del conflicto civil sirio (en el que la guerrilla chií Hezbolá lucha de forma abierta del lado del régimen mientras otras fuerzas libanesas apoyan a los rebeldes), lo cual supondría un auténtico desastre para este pequeño país, que todavía se encuentra en fase de reconstrucción tras la breve, pero intensa, guerra librada en el verano de 2006 contra Israel. Está por ver si el actual presidente, Michel Suleimán, repite mandato el próximo mes de mayo y logra mantener la frágil estabilidad reinante, o por el contrario una eventual ausencia de poder lleva a un nuevo conflicto doméstico (en el que el religioso resulta ser un factor fundamental).

Palestina

Al igual que Jordania, el territorio formado por Cisjordania, Jerusalén Este y la Franja de Gaza (según las fronteras anteriores a la guerra de 1967) también contaba con una importante presencia cristiana a principios del siglo XX, siendo mayoría en las ciudades más importantes como Belén o Ramala. Más la secuencia de guerras de la segunda mitad del siglo anterior y las dos Intifadas provocaron una importante corriente migratoria, sobre todo hacia América Latina (Chile por ejemplo cuenta con la presencia de unos 500.000 residentes de origen palestino dentro de una minoría árabe que alcanza los 800.000). A día de hoy los cristianos apenas llegan al 5% entre los residentes de los Territorios Ocupados.

Tras la creación de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) su primer presidente, Yaser Arafat, practicó una política de integración política (el creador del Frente Popular para la Liberación de Palestina, partido miembro de la OLP, era el cristiano ortodoxo George Habbash) y en algunos casos de cooptación (Arafat siempre se dotó de algún ministro cristiano en sus diferentes gabinetes y nombró a alguno entre sus asesores próximos y entre la red de gobernadores provinciales). Pero tras su muerte en 2004 y la elección de Mahmoud Abbas, la presencia social y actividad política de los cristianos ha pasado a ser prácticamente marginal.

Uno de los pocos ejemplos de este activismo político es el del párroco de Beit Yala, Ibrahim Shomali, quien celebra todos los viernes una misa al aire libre en el valle de Cremisán a modo de protesta contra la construcción del muro de separación, que pretende dejar al monasterio de monjes salesianos a un lado y al convento de monjas al otro. Cristianos de Belén, Beit Yala y Beit Sahur, así como peregrinos extranjeros, participan de las misas del padre Shomali, quien en la primavera de 2013 escribió una misiva al papa Francisco para pedir su intermediación en la búsqueda de una solución justa al contencioso de Cremisán. También recordándole al Pontífice los grandes problemas de movilidad y de confiscación de tierras a los que se enfrentan los palestinos cristianos y que hoy constituyen la principal causa de su emigración.

Siria

De los más de 100.000 muertos que se ha cobrado ya la guerra civil siria unos 1.200 eran ciudadanos de confesión cristiana. En términos porcentuales esto podría suponer una buena noticia para la minoría cristiana, pues, aunque representa el 10% de la población, sólo ha sufrido el 1,2% de las bajas mortales. Ahora bien, este indicador habría que matizarlo señalando que aproximadamente medio millón de cristianos sirios han optado por marchar como refugiados a alguno de los países vecinos –sea Turquía, Jordania o Irak– lo que representaría el 20% del total de refugiados sirios, que se estima en unos dos millones y medio.

Dado que tradicionalmente disfrutaron de la protección de la familia Assad –que como alauíes se aliaron con otras minorías para controlar el país–, durante la actual contienda los cristianos se ha posicionado de parte del régimen. En parte también como reacción ante los ataques sufridos por parte de las facciones más extremistas del bando rebelde, como el Estado Islámico para Irak y Siria (ISIS, en su acrónimo inglés) y el Frente al Nusra. Los ataques anti cristianos alcanzaron su paroxismo con la decapitación del fraile franciscano François Murad en junio de 2013.

Entre los ataques más recientes destaca la matanza ocurrida a finales del pasado mes de octubre en la localidad de Sadad (entre Homs y Damasco) en la que fallecieron 45 personas, de ellas varias mujeres y niños, además de provocar el desplazamiento forzoso de 600 familias. La organización de derechos humanos Human Rights Watch ha llegado a calificarlo como crimen de guerra. Un mes antes la localidad de Maloula –una de las pocas en las que todavía se habla en arameo– también fue asaltada por grupos islamistas radicales, sufriendo varios secuestros y viendo destruidas sus iglesias.

Opiniones (1)
20 de octubre de 2017 | 02:49
2
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20 de octubre de 2017 | 02:49
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  1. Muy buena la nota, con la salvedad que Israel no es un país sino un Estado, que ocupa una gran parte del territorio palestino, dónde Palestina si es un pais.
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