Plagado de contradicciones, el martes termina juicio por la muerte de Oros

El debate tuvo de todo, pero especialmente contradicciones. A continuación, un repaso por lo más importante de cada una de las jornadas registradas hasta el momento donde testigos, amigos, familiares y efectivos dieron cada uno su versión.   El desmayo de la madre de Oros y una injustificable sobreprotección al efectivo imputado.

El lunes 2 de junio comenzó el debate por la muerte de Jonathan Oros (18), ocurrida la mañana del domingo 7 de enero del 2007 en el interior de la comisaría 33 del barrio San Martín, cuando fue baleado por el efectivo policial Claudio Vaca. Y junto con el debate, en la Séptima Cámara, también se inició una constante que se repitió en cada una de las cuatro jornadas que se han desarrollado del debate: las contradicciones, que tuvieron como protagonistas a los testigos en comparación con lo que declararon durante la instrucción. Asimismo, sorprendió la extrema sobreprotección de los uniformados que custodian a Vaca para evitar que este quede expuesto ante la sociedad (ver nota relacionada)

Para el martes está previsto que las dos partes –querella y defensa- den lectura a los alegatos, mientras que ese mismo día el tribunal de la Séptima Cámara del Crimen dictaría sentencia para el agente Vaca, imputado por el delito de homicidio cometido en exceso intensivo de legítima defensa, que prevé una condena que va desde los 6 meses hasta los 5 años de prisión. Esto en caso de que la fiscal Susana García decida mantener la calificación a la hora de formular la acusación.

Pero antes, el lunes, se presentaría a declarar la auxiliar Mónica Arias, quien estaba al frente de la comisaría ese domingo y que, pese a las reiteradas citaciones, nunca compareció ante el tribunal. En declaraciones televisivas, la mujer –que se desempeña en San Rafael, a donde la trasladaron luego del hecho- destacó ayer que si no se presentó fue porque nunca la notificaron, y agregó que el lunes se someterá al interrogatorio de la querella y la defensa de su ex compañero.

Por otra parte, el mismo martes comienza el debate por un homicidio calificado, ocurrido el 9 de diciembre del 2006 en el interior del barrio La Gloria, aunque éste podría posponerse justamente para que el juicio por el caso Oros quede resuelto.

Contradicciones y más contradicciones

El primero en declarar el lunes fue el padre de Jonathan, Raúl Oros, y fue el primero en relatar una versión diferente a lo que había relatado ante el fiscal especial, Luis Correa Llano. Mientras que durante la investigación el hombre relató detalladamente ante el fiscal lo que había sucedido esa mañana –según la versión de los vecinos que presenciaron el hecho-, ante el tribunal compuesto por Agustín Chacón, Gabriela Urciuolo y Pedro Carrizo, el hombre no se detuvo en esos detalles, contando que él sólo tuvo conocimiento de lo ocurrido porque esa mañana dos amigos de su hijo se acercaron hasta su casa y le contaron que Jonathan estaba en el Hospital Lagomaggiore. “Es que estoy nervioso”, fue la explicación que le dio a la propia jueza Urciuolo cuando ésta le consultó la causa por la que no había declarado ante ellos lo mismo que ante Correa Llano.

Luego fue el turno del cabo Ricardo Moyano, uno de los efectivos que acompañaba a Vaca esa mañana y que fue quien –de acuerdo a la versión del imputado y los uniformados- quien estaba forcejeando con Oros en el momento en que Vaca le disparó. De lo declarado por Moyano, se destacan varios puntos contradictorios, entre ellos, la cantidad de disparos. Es que Moyano reafirmó que Vaca sólo le efectuó dos disparos –pese a que Hugo San Martino, médico que le efectuara la necropsia al joven Oros, confirmara que fueron tres-, además de destacar que luego de recibir el primer disparo en lo que Moyano dijo que fue el pecho, el joven continuó peleando y sólo lograron controlarlo disparándole en el tobillo.

“Lo plantea como si Jonathan fuera Aquiles (el héroe griego de la Guerra de Troya)”, sostuvo irónicamente Pablo Salinas, uno de los abogados querellantes, haciendo alusión a lo ilógico que resulta pensar que, pese a que Oros recibió un balazo de 9 milímetros en el estómago (no en el pecho, como dijo Moyano) que le atravesó el páncreas, el bazo –entre otros órganos- y le fracturo una vértebra antes de salir por la espalda, haya seguido peleando como si nada y recién lo hubiesen dominado con el disparo en el talón, haciendo una analogía con el punto débil del griego.

Además de no hacer mención al tercer disparo –en el muslo-, la versión de Moyano también es confusa en relación a la cantidad de disparos que efectuó Oros esa mañana cuando, según esta versión, irrumpió alocadamente en la dependencia a los tiros y gritando: “¡Los voy a matar a todos!”. Es que, ya en la instrucción, Moyano dio dos versiones sobre la cantidad de disparos que había efectuado –primero dijo que fue uno, luego dos-, mientras que ante el tribunal dijo que fueron 4.

Moyano respondió que quien le quitó el arma a Oros esa mañana fue Vaca, mientras que a Correa Llano le dijo que había sido él mismo.

El testigo clave y más

Cristian Darío Cifuentes es albañil, vive en el mismo barrio San Martín y esa mañana había ido a la panadería. Cuando salió –previo a escuchar varias detonaciones de armas de calibre pequeño y luego de grueso-, fue testigo presencial de lo que ocurría en el exterior de la comisaría.

Y en el segundo día de debate, Cifuentes relató lo que vio el domingo 7 de junio, pasadas las 9.30, desde la vereda de enfrente de la comisaría. El albañil dijo que vio como el agente Vaca le disparaba a quemarropa a Oros frente al hall de entrada de la comisaría, y luego lo arrastraba hacia el interior de la dependencia, mientras que otro joven –que había abandonado segundos antes la dependencia- escapaba corriendo a toda prisa del lugar. Sin embargo, esta declaración no se condice con lo que declaró oportunamente durante la instrucción ante el fiscal Correa Llano. Es que en dicha oportunidad relató que vio como Vaca le apuntaba a Oros, pero destacó que no vio que le haya disparado mientras estuvo en el piso.

El testimonio de Cifuentes –considerado clave, ya que se trata del único testigo presencial que podría considerarse objetivo- complicó aún más a Vaca y difirió por completo del de Moyano. 

Durante la tercera jornada, lo más sobresaliente fue la ausencia de la auxiliar Arias que, pese a que la policía fue a buscarla al domicilio declarado de San Rafael, no la encontró y fue citada nuevamente para este lunes, esta vez con una notificación al Ministerio de Seguridad.

Ese mismo día –miércoles 4- también declaró Hugo Murúa, uno de los amigos de Jonathan con quien había estado bebiendo cerveza durante toda la noche y la madrugada previas al episodio en la 33. Visiblemente nervioso, el joven también cayó en varias contradicciones.
En un primer momento, Murúa dijo que, cerca de las 9, él y Esteban “Tito” Manrique –el otro amigo que los acompañaba- se fueron caminando y dejaron a oros en la parada del colectivo ubicada en la misma esquina. “Recién me enteré de lo que pasó ese domingo al mediodía”, declaró el joven, quien dijo que en ese momento no advirtió nada extraño.

Sin embargo, fue en ese momento cuando se le hizo notar que su nueva declaración difería con la que tomó Correa Llano. Allí, el joven relató que, cuando se habían alejado unos metros, sintieron varias detonaciones, por lo que se volvieron al lugar donde habían estado hasta hacía unos minutos y allí otro joven que esperaba en la parada les dijo que la policía había metido a la comisaría a Oros.

Además, Murúa declaró en aquel entonces que, ni bien tomó conocimiento de lo ocurrido, se dirigió a la casa de los Oros y le contó en persona a la hermana de Jonathan lo que acababa de ocurrirle a su hermano.

Ante la consulta de qué versión ratificaba sobre lo que había ocurrido esa noche, Murúa indicó lo que declaró ante Correa Llano era lo que había sucedido esa noche. Sin embargo, continuando con la declaración, Murúa sostuvo luego que no le avisó a la familia Oros personalmente, sino que cuando estaba a media cuadra de la casa, volvió para la suya y lo hizo por teléfono.

Otro detalle de gran importancia aportado por Murúa fue que dijo que, al menos él, esa mañana terminó “bastante ebrio”, aunque destacó que sólo estuvieron tomando cerveza y que no habían consumido ninguna droga ni estupefaciente. Asimismo, acotó que en ningún momento vio a Oros con un arma, aunque si dijo que llevaba una riñonera donde sólo alcanzó a ver que llevaba dinero.

El jueves, durante la cuarta y última jornada –hasta el momento- el efectivo Jorge Urrutia, de la Policía Científica, confirmó que durante las pericias efectuadas esa mañana, encontró un resto plúmbeo de un arma no reglamentaria, un calibre 22 más precisamente, en el hall de la dependencia. Este proyectil que, llamativamente fue confundido en un primer momento con uno de 9 milímetros –pese a su visible diferencia de tamaño- sería la prueba con la que la defensa de Vaca buscaría probar que el joven ingresó armado y disparando a la comisaría.

Además Urrutia destacó que los restos los encontró en el interior de la guardia, en la pared del patio y en la parte exterior del hall de entrada. Este último es el del 22. También secuestró tres armas esa mañana: una 9 milímetros y un 22, que estaban en un mostrador, y otra 9 que le entregó Vaca en la mano.

Ese mismo día, mientras declaraba Urrutia, la madre de la víctima sufrió una descompensación y se desmayó en el interior de la sala. Este episodio derivó en una abrupta suspensión que duró varios minutos, lapso en que la mujer salió de la sala y fue asistida. Ya recompuesta, varios minutos más tarde la mujer y su esposo reingresaron a la sala para continuar presenciando el juicio por la muerte de su hijo.

Lo que viene

Entre lunes y martes está previsto que comparezcan personajes de suma importancia para la causa. Además de Arias, quien ya confirmó que declarará ante el tribunal, para estos días también se citó a Manrique –el otro amigo que estuvo con Oros la noche y madrugada previas-, a Anselma Carabajal –otra vecina que observó desde afuera lo ocurrido esa mañana- y a Carlos Citariello (Científica), quien halló una cuarta vaina de 9 milímetros a través de un rastreador en el espacio verde ubicado en el frente de la dependencia, hallazgo que fue concretado 18 días después del hecho, es decir el 25 de enero del 2007.      

Opiniones (2)
19 de septiembre de 2017 | 13:24
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19 de septiembre de 2017 | 13:24
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  1. Si no tenés idea como es el caso no gastés un espacio de información; si no tenés idea si las penas son o no duras no opinés de leyes, si no tenés la más mínima idea de como actúan las fuerzas policiales y tu ídolo Vaca tampoco opinés, perdés tu tiempo y me hacés perder el tiempo a mí en mi obligación de responder las proposiciones de un desinformado..
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  2. Creo que es el colmo que se este juzgando a un policía que, estando en su lugar de trabajo, observa como ingresa in pibe chorro a los tiros y diciendo que los va a matar. Que tenia que hacer ¿Dejarse matar nomás?. Es legítima defenza aqui y en China. Yo se que el uso de una arma de fuego sea cual fuere el caso está justificado cuando teme el portador la pérdida de su vida. En este caso ¿Alguien duda de que Vaca temió por la suya?. Creo que la única manera en que los criminales paguen es endureciendo las penas y amparando a la policía. No puede ser que se proteja al chorro y se condene al ciudadano. Respecto a la familia de Oros tengo muchas criticas para hacer a esta gente pero debo cuidad mi lenguaje en este comentario.
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