La historia de un voluntario argentino en medio del caos de Myanmar

Luis Uribe es argentino pero hace cinco años que vive en Myanmar, donde trabaja como voluntario de la organización AMURT. Su función específica es el área de la educación pre-escolar y la promoción de estudiantes. Antes había estado ayudando en Brasil, India, China y Malasia.

Cuando cumplió los 25 años, Luis Uribe se unió a AMURT (Ananda Marga Universal Relief Team), una organización que identifica áreas donde hay necesidad, ya sea por una catástrofe o simplemente para elevar el nivel de vida, y envía voluntarios para materializar proyectos de ayuda.

"El hecho de pertenecer a una organización social es la manera más práctica y profesional de hacer servicio social. Así el trabajo es más efectivo y alcanza un número mayor de personas", explica Luis desde Myanmar, su destino desde 2003.

Su llegada a AMURT en 1987 fue un punto de llegada y de partida a la vez. De llegada porque hacía tiempo que buscaba un espacio desde donde poder "dar una mano"; y de partida porque desde entonces ha trabajado en proyecto de servicio social en Brasil, India, China y Malasia, hasta que arribo a su actual lugar.

"Me dediqué al servicio social, porque en un momento de mi vida sentí que yo no tenía muchas necesidades personales y que podía utilizar mi energía y tiempo para ayudar a la gente que sufre – cuenta – entonces busqué la manera de darles un poco de felicidad".

Dentro de las diferentes áreas que tiene AMURT, Luis se dedica a la educación. Por un lado, fundó escuelas para facilitar el acceso de niños pertenecientes a familias de bajos recursos, y por el otro, implementó programas educativos que buscaron "proveer a los estudiantes de un currículum y una técnica que les permitiera utilizar al máximo su potencial intelectual y al mismo tiempo balancear su personalidad".

Después de recorrer muchos países, Luis arribó a Myanmar donde vio una gran necesidad de ayuda al tiempo que divisó potencial "para materializar los proyectos de alivio".

"Pero, además, la gente en Myanmar es hospitalaria y cálida, y a pesar de las dificultades sociales y económicas siempre sonríen", cuenta con cariño.

Además de trabajar en educación, en este país también organiza regularmente la distribución de paquetes alimentarios a familias carentes.

"Después del ciclón Nargis - el 3 de mayo - la actividad de AMURT se vio incrementada debido a la emergencia. Hasta el momento hemos distribuido paquetes alimentarios en cuatro aldeas, beneficiando a unas doce mil personas. En este momento ya hemos identificado otras dos aldeas donde estamos planeado la reconstrucción de 100 viviendas y dos escuelas primarias", explica.

A los 46 años, asegura que no tiene una fecha fija de regreso al país ya que su trabajo requiere mucha dedicación, aunque antes de terminar la entrevista confiesa: "siempre tengo deseos de regresar".
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