Cuerpos débiles, mentes prodigiosas

En "Mentes brillantes en cuerpos enfermos", Martín De Ambrosio recorre las vidad de Newton, Darwin, Einstein y Hawking, entre otros.

En algunos, la enfermedad fue el disparador para encaminar una carrera científica que se preveía interrumpida por las tentaciones mundanas; en otros, en cambio, sobrevino como consecuencia de manipular componentes tóxicos que derivaron en un cáncer irremediable: apenas dos ejemplos del amplio catálogo de posibilidades frente a la enfermedad que explora el autor en esta obra plagada de anécdotas pero no exenta de rigor periodístico.
 
"Mentes brillantes en cuerpos enfermos", recién editado por Capital Intelectual, suma a sus testimonios la condición clínica de científicos como John Nash o Marie Curie, quienes desarrollaron distintas patologías cuyos síntomas avanzaron en paralelo con algunos de los descubrimientos más reveladores de todos los tiempos.
 
"El punto de partida de la obra surge de la historia de Darwin, que tras formular la teoría de la evolución se confrontó a un rechazo social que fue el desencadenante de una enfermedad que muchos sospechan que tiene que ver con la tensión psicológica de no poder soportar las presiones sociales", explica De Ambrosio a Télam.
 
"Sus problemas eran de orden estomacal, ya que no podía probar bocado sin vomitar y tenía flatulencias, además de llantos histéricos, retorcijones que lo doblaban, zumbido de oídos, taquicardias, palpitaciones y lo que ahora llamaríamos ataques de pánico", enumera el autor.
 
"No creo mucho en que esa presión social haya desencadenado una patología. Sin embargo, el tema me disparó esta curiosidad por analizar cómo fueron interpretadas las enfermedades en una serie de personas cuya habilidad mental se chocó con algún impedimento físico -destaca-. Es interesante ver cómo ante estos casos se disparan teorías acerca de que los problemas del cuerpo son en realidad males psicológicos o herencias de penas mal procesadas".
 
El periodista, autor de obras como "El deportista científico" o "Por qué corremos" -junto a Alfredo Ves Losada- sostiene en su libro que ciertas enfermedades funcionan como signo de los tiempos y aportan status a quienes las padecen: "La tuberculosis funcionó así en los siglos XVIII y XIX y la sífilis a comienzos del XX, aunque no he detectado ningún científico que la haya contraído", indica.
 
Diabetes, ceguera, daltonismo, parálisis y esquizofrenia son algunas de las dolencias que le permiten a De Ambrosio abordar un conjunto de biografías apasionantes y al mismo tiempo desmontar los alcances de la teoría cartesiana que abonaba la división tajante entre mente y cuerpo.
 
Entre las historias más salientes del libro figuran los capítulos dedicados a Galileo, que para la mitología popular quedó ciego por mirar mucho el sol -versión que la Iglesia se encargó de presentar como un castigo por haberse atrevido a desafiar las ideas imperantes- y al matemático Nash, cuya esquizofrenia no le impidió obtener en 1994 el Premio Nobel de Economía por sus aportes a la teoría de juegos.
 
"Lo interesante de Nash es el posible valor evolutivo de la esquizofrenia. ¿Por qué la evolución ha mantenido la esquizofrenia que hace tanto daño? Hay alguna idea de que en definitiva la persona esquizofrénica sufre pero quizá esta posibilidad de evadirse e imaginar otros mundos y otras realidades termina siendo beneficiosa para la sociedad porque permite evaluar distintas posibilidades de actuar ante el mundo", apunta De Ambrosio.
 
También se recorta el caso Newton, cuyos trastornos psíquicos se convirtieron -para algunos biógrafos- en un obstáculo para el desarrollo de su intelecto: "Hay una idea generalizada de que Newton fue el más grande científico de la historia, y es una idea más que atendible. Sin embargo su personalidad es por lo menos problemática, con muchas peleas con otros científicos y filósofos", explica De Ambrosio.
 
"Sus hallazgos son apenas un tercio de lo que hizo en su vida, ya que la mayor parte de sus investigaciones fueron dedicadas a la Biblia. El tipo trabajaba sobre las Sagradas Escrituras para ver cómo estaba compuesto el mundo o para tratar de desentrañar mecanismos relacionados con las matemáticas. A tal punto estaba obsesionado que hacía cálculos para medir cuándo se iba a producir la llegada del fin del mundo", señala el autor.
 
De Ambrosio se reserva un capítulo de su obra para el crédito local, el paleontólogo y zoólogo -entre otras especialidades- Florentino Ameghino, que hacia 1910 se había convertido en el emblema del científico argentino, aunque su chauvinismo le jugaba algunas malas pasadas.
 
"Era excesivamente nacionalista o americanista hasta el punto de pensar que el origen del ser humano se había producido en América. Tenía una personalidad muy fuerte, esa misma omnipotencia lo llevó a evitar tratarse cuando aparecieron los primeros síntomas de una diabetes que se transformó en mortal -relata-. Hay en él una mezcla entre la omnipotencia del sabio y los límites del cuerpo".
 
¿Hubo en el campo científico algún equivalente del músico alemán Ludwig van Beethoven, quien según algunas investigaciones fue evolucionando musicalmente a medida que avanzaba su pérdida de audición?
 
"El caso paradigmático es el del físico británico Stephen Hawking -asegura  De Ambrosio-, porque su carrera científica es producto de su enfermedad".
 
"Hasta que le detectaron su cuadro (que lo condena a una parálisis casi total) Hawking todavía no había terminado el doctorado y además de ser poco metódico con los estudios era aficionado a la bebida. Si no hubiera contraído la enfermedad que lo fue aislando del mundo difícilmente hubiera hecho la carrera científica que hizo", resume.
 
"Hasta qué punto es un gran científico o un gran personaje es algo que todavía discuten los físicos , quienes le atribuyen habilidades marketineras para aprovechar su condición y vender productos, porque si bien hizo buenos descubrimientos no da la talla para compararlo con Einstein. Creo que no hubiera sido quien es sino se le hubiera detectado esta enfermedad tan terrible como la esclerosis lateral ameotrófica", concluye.

Fuente: Télam

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