Defensor del Policía: La experiencia peruana

Perú fue uno de los primeros países del continente y del mundo en crear una Defensoría para la Policía. Lo hizo junto con una reestructuración de la fuerza a nivel nacional.

Centralmente respondió más a una demanda de carácter político que a una construcción pensada en si misma: se buscó crear –al decir de Gino Costa, ex ministro del Interior peruano y uno de los máximos referentes de ese país en materia de seguridad- “una válvula de escape a la mala relación entre oficiales y suboficiales”.

Su creación data de 2002 y el proyecto mendocino tiene algunos puntos de contacto con aquel, que intentó “atender las quejas y peticiones formuladas por el personal policial y civil”, pero en todas sus jerarquías y, aun, los retirados.

Las situaciones atendidas por el modelo peruano de defensoría fueron desde el principio, las vinculadas a la “vulneración o violación de sus derechos, ocasionados por situaciones de abuso, discriminación o dilación injustificada de trámites o procedimientos”.

Un punto central fue que su primera responsable fue una figura pública de relevancia: Susana Villarán. Venía de ser Ministra de la Mujer y una activa defensora de los Derechos Humanos al punto que, mientras ejercía el cargo de Defensora, fue convocada para integrar la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En las últimas elecciones fue candidata a la presidencia del Perú.

Tanto el mencionado Costa como Carlos Bosombrío, otro especialista en la materia, consideraron en el libro “Liderazgo civil en el Ministerio del Interior”, editado por el Instituto de Estudios Peruanos, que “la presencia de Villarán fue clave en varios sentidos”. Entre ellos, le dio visibilidad al cargo y generó confianza en los policías, además de darle buena imagen a una reforma incipiente.

Y aquí, el desafío peruano que también lo será, seguramente, en Mendoza: la primera tarea a la que se abocó la Defensora fue la adopción de un Código de Ética. En él, se plasmaron las bases para “contribuir a superar la cultura del privilegio y del secreto, así como establecer pautas de conducta transparentes, responsables y honestas que guíen la conducta de los funcionarios que trabajan en la Defensoría”. Por ende, estas cuestiones resultaron trasladables también al ejercicio de la función de los policías.

A juzgar por los objetivos, habas se cuecen en todas las fuerzas policiales. Lo importante es definir que lo que se está creando resulte parte de un todo, y no una reacción espasmódica del momento.
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