Pareidolia: El diablo en el humo de las Torres Gemelas

Todos lo vimos ahí. Era el mismísimo Belcebú manifestando su felicidad ante la muerte y la destrucción... ¿O no es tan así?

¿La Virgen en la mancha de humedad de tanque de agua? ¿Una cara humana en la superficie de Marte? ¿El diablo entre las llamas de un incendio? ¿Un fantasma en un video casero?

A menudo tenemos noticias de “manifestaciones” de figuras y rostros en objetos o superficies en las que no deberían estar. El tema concreto es que no están, sino que nosotros los ponemos allí.

Todos hemos identificado figuras conocidas en las nubes, hemos encontrado un árbol que parece un monstruo con los brazos abiertos acechándonos y hasta hemos descubierto cómo una hendidura se parece a una vagina o una prominencia a un pene.

Y no es que alguien o algo lo haya diseñado así, sino que somos nosotros quienes los asociamos y, en definitiva, le damos el valor simbólico que pretendemos darle.

Y hasta tiene un nombre eso que hacemos sin darnos cuenta: pareidolia.

El término pareidolia tiene su raíz etimológica en el vocablo griego eidolon (εἴδωλον), que significa “figura” o “imagen”, y el prefijo para (παρά), que implica “junto a” o “adjunto”.

Concretamente, la pareidolia es un fenómeno psicológico por el cual identificamos figuras o formas familliares a partir de un estímulo que no necesariamente debe ser muy intenso, sino que puede darse de manera vaga y aleatoria.

Por supuesto, no se trata de una patología o un estado de alteración de nuestro cerebro, sino que, como lo explica Jeff Hawkins en su teoría de la memoria-predicción, es una reacción instantánea ante una imagen que nos es familiar, aunque provenga de contextos absolutamente distantes del lugar en el que se produce esta sensación de estar ante algo conocido.

Claro que no es sólo una persona quien puede establecer esa relación, sino que cuando es fácilmente asociable a algo conocido, todos podemos ver allí la misma imagen.

La imagen que vemos, entonces, está allí, pero nadie más que nosotros la colocamos allí. No se trata de apariciones ni construcciones de civilizaciones desconocidas ni de platos voladores, es sólo pareidolia.

Lo peor, en todo caso, es que se use esta reacción natural del cerebro para fomentar la ignorancia colectiva con apariciones que no son tales.

A continuación, algunas imágenes y un video con muchas más.

Cocodrilo entre las nubes.

Ojo en un desagüe.

Rostro entre las piedras.

Un ángel en las nubes.

Una forma humana en Marte.

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2 de Diciembre de 2016|19:28
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