"La inflación es lo que impide a los países seguir creciendo"

Así lo sostuvo Ricardo Delgado, quien repasa en "La herencia" el modelo de péndulo en el que ha oscilado la economía argentina.

Tras treinta años de continuidad democrática, la propuesta de Ricardo Delgado es analizar lo que nos han dejado en materia económica estas tres décadas, y eso es lo que desarrolla en su libro La herencia (Fondo de Cultura Económica), que presentó la semana pasada en Buenos Aires.

Delgado se detiene a revisar lo que a su juicio semeja un péndulo en el que Argentina se ha movido, adoptando modelos opuestos de economía y de desarrollo. Y la propuesta a la que arriba es la de romper esa cultura de péndulo en economía, y para ello se sustenta en las fortalezas del presente argentino, y se esperanza, no sin aclarar que los los últimos años “abren algunos interrogantes que ponen en duda al menos parte de estas fortalezas”, sosteniendo que algunas de las actuales “condiciones habilitan a pensar que el desarrollo puede ser más que un deseo utópico o un eslogan político”, y sobre esto asegura que “desarrollarse no sólo es aumentar el tamaño de la economía; fundamentalmente, es mejorar la productividad de los trabajadores y de los empresarios, aumentar la especialización productiva y promover un sistema financiero más complejo y profundo”.

MDZ Online dialogó con Ricardo Delgado sobre su visión de la economía de estos treinta años de democracia y sobre los puntos que, a su juicio, son los más relevantes de esta “herencia”.

- ¿Cuáles son los tres aspectos más complejos para la economía argentina de esta “herencia”?

- Estos treinta años de economía en democracia han dejado a la luz algunas cuestiones, muchas más de tres, pero sin dudas la primera es que en estos años los argentinos nos hemos enamorado de modelos exóticos que han terminado mal, por ejemplo la convertibilidad, que han generado un alivio transitorio pero que finalmente han terminado destruyendo parte del capital productivo y del capital humano de la Argentina. Entonces, la primera lección es esa, no volver a repetir errores, como hoy las trabas a las importaciones, que también son instrumentos exóticos que no aplica ninguno de los países serios del mundo. El segundo tema que me parece que hay que tener en cuenta, cuando uno revisa la historia de la democracia, es que las crisis económicas son muy costosas en términos sociales, que es obvio, pero además en que los efectos para cerrar esa brecha tardan mucho más que las recuperaciones económicas posteriores. Hoy tenemos una distribución del ingreso que si bien ha mejorado en los últimos años, es peor a la que teníamos en los años 82-83, porque han sucedido dos crisis muy importantes, la del 89 y la del 2001, que han generado una desarticulación del aparato productivo y del mercado de trabajo. Entonces, como segunda lección, tenemos que evitar volver a una crisis. Creo que la democracia tiene que encontrar los modos adecuados para que la economía no entre en crisis. Y te diría que el otro tema central es que en estos treinta años la inflación y la deuda han sido, en distintos momentos pero en gran parte del período, espadas de Damocles que se cernieron sobre nosotros y afectaron muchísimo las posibilidades de crecimiento, entonces, no tener inflación y tener baja deuda son dos de los elementos centrales para una economía estable.

- Lo primero que nombraste fueron los modelos exóticos, pero el Gobierno aplica un fuerte keynesianismo, que también es un modelo. ¿Es válido para una sociedad como la nuestra?

- Sí, yo creo que el Estado debe ser un Estado presente pero de manera inteligente, por eso te digo, yo creo que la Asignación Universal por Hijo como está planteada es un gran programa de asistencia social que permite de alguna manera influir a una gran cantidad de chicos que están fuera del sistema de seguridad social, pero también es cierto que tenés un mismo Estado que establece trabas, burocracias, controles, cepos en el mercado de cambio, que no son instrumentos que se usen en el mundo moderno. Entonces, me parece que el Estado fuerte, un estado keynesiano de alguna manera, es necesario para poder generar condiciones mínimas de crecimiento y mejor calidad de vida, pero tiene que ser un Estado moderno, un Estado ágil, un Estado que no genere presiones sobre los actores privados.

- En el libro, justamente cuando hablás de la Asignación Universal por Hijo, a párrafo seguido decís que la pobreza y la desigualdad, a pesar de la recuperación, siguen siendo elevadas para una economía en desarrollo. ¿Qué caminos hay que tomar para menguar esta pobreza y desigualdad?

- Justamente, mantener estabilidad en las políticas económicas y sociales por muchos años. Estabilidad respecto a instituciones, a incentivos adecuados al sector privado para invertir, a aplicar consistentemente la presión tributaria. Hoy la Argentina cobra muchos impuestos y aún así no tiene una provisión de servicios públicos y de gasto público que sea eficiente, y todo eso hace a una economía y una sociedad que van a permitir bajar la pobreza y mejorar la distribución del ingreso, pero hay que tener muy en claro que estos son procesos lentos, que no se logran de la noche a la mañana y que exigen mucha disciplina en el sentido de mantener reglas, líneas de política a lo largo de mucho tiempo.

- El segundo punto que nombraste fueron las crisis, que se han demostrado que son cíclicas. ¿Ves próxima una crisis o no?

- A ver... Las crisis son inherentes a los modelos capitalistas, esto es cierto, pero también es cierto que no podemos caer en decir que en Argentina cada siete, ocho o diez años hay una crisis. Esto que se ha dado en términos regulares desde el año 75 en adelante no quiere decir que sea producto de algo inexorable que nos lleva a una crisis económica. Yo te diría que hoy no estamos en una situación de crisis, pero sí en una situación preocupante, porque la inflación es alta, porque el empleo está creciendo muy poco, porque la actividad económica no tiene todas las señales que debería tener para evitar la crisis y porque, además, hemos perdido muchas reservas. Ahora, dicho esto, todavía hay espacio para que la crisis no llegue, y esto es obviamente una decisión política y económica del Gobierno.

- Por último, hablaste de la inflación. ¿Cuál sería la estrategia para reducirla?

- La inflación se puede bajar, pero primero hay que romper esa creencia de que para crecer hay que tener inflación. Los países crecen sin inflación, de hecho, la inflación es lo que impide a los países seguir creciendo, entonces, bajar la inflación es la condición necesaria para poder sostener el crecimiento y poder ir a un estadio de desarrollo superior, lo que se puede hacer sin necesidad de bajar el gasto, sin necesidad de reducir el salario, sin necesidad de aplicar recetas ortodoxas. Tan solo se logra dando señales claras sobre lo que va a hacer el Estado, lo que va a hacer el Banco Central, con expectativas que se puedan coordinar con un nuevo Indec y un nuevo índice de precios que sea creíble, que no sea este que tiene hoy la Argentina. En fin, me parece que hay elementos para pensar que se puede ir de manera gradual a una situación de inflación más baja, que se puede llegar sin mayores dificultades.

- Sin recetas mágicas ni nada de eso, ¿cómo debería enfrentar el Gobierno el 2014?

- Te diría que con más racionalidad, con mejores políticas económicas y con claras señales para el sector privado. Todo eso sigue faltando, a pesar del cambio de gabinete, porque Capitanich anunció medidas para bajar la inflación aplicando las recetas de Moreno.

- Cuando hablás de incentivos para el sector privado, ¿qué espacio ocupa en eso la pequeña y mediana empresa?

- Central. Durante muchas épocas, los gobiernos se llenaron la boca con las pymes pero no tuvieron medidas consistentes y de largo plazo que las beneficiara. Hoy las pymes son afectadas por una enorme presión tributaria que las obliga en muchos casos casos a salir del esquema formal y entrar a la economía negra, y eso, obviamente, lo que les genera es poco incentivo a blanquear a sus trabajadores, entonces se reproduce este círculo vicioso de informalidad en la Argentina que hay que quebrar radicalmente. Tenemos, ademas, por las pocas perspectivas de crecimiento, sectores amplios que no tienen rentabilidad, y si no tienen rentabilidad no pueden invertir, y si no tienen inversión no pueden ampliar los puestos de trabajo, que es uno de los temas clave de los últimos años este de cómo hacer para que la Argentina recupere dinámica laboral. Por eso, las pymes son centrales en cualquier política de largo plazo para poder recuperar el empleo.

- El aumento a la policía en Córdoba disparó una sucesión de reclamos de estatales y privados en todo el país para incrementar los sueldos. ¿Cómo influye esto en la inflación, a propósito de lo que decías de bajar la inflación sin aumentar los sueldos?

- Bueno, justamente, me parece que el intento de sedición de la policía de Córdoba ha generado un escenario, desde el punto de vista salarial, más complicado. El punto central es cómo coordinar aumentos salariales que se van a dar con mucha presión con una economía macro que va a crecer muy poco. Es un gran desafío que tiene la Argentina para el año que viene, cómo hacer para que las demandas por mejoras salariales no terminen generando más inflación y menos crecimiento y de alguna manera afectando esta economía que tiene problemas acumulados.

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5 de Diciembre de 2016|01:47
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