La intemperie, la podredumbre y el autor novel

Nos referiremos hoy a los barbarismos. Es posible hablar de “barbarismos fónico-gráficos” y de “barbarismos de orden léxico”.

En nuestro contacto diario con alumnos de diferentes grupos y con gente de distinta formación cultural, escuchamos palabras usadas de modo impropio. Nos estamos refiriendo a los denominados “vicios del lenguaje”, que incluyen varias manifestaciones, como los barbarismos, los solecismos, los vulgarismos y las impropiedades. Nos referiremos hoy a los barbarismos: designamos con este nombre todas las incorrecciones que consisten en pronunciar o escribir mal las palabras, o en emplear vocablos impropios. Así, es posible hablar de “barbarismos fónico-gráficos” y de “barbarismos de orden léxico”.

Entre los barbarismos fónico-gráficos, se dan aquellos casos en que se desplaza el acento, hacia una sílaba anterior o posterior a la que corresponde: *especimen en lugar de ‘espécimen’, *carácteres en lugar de ‘caracteres’, *intérvalo en lugar de ‘intervalo’, *óboe en lugar de ‘oboe’ y *tí en lugar de ‘ti’. Hace muy poco, en la entrega de premios de un concurso literario, la persona encargada del discurso dijo que se pretendía estimular a los autores *nóveles, como si vocablo fuera esdrújulo, cuando en realidad debió decir ‘noveles’, con acentuación grave. En el mismo error se incurre cuando se designa como *Nóbel a los premios de la Academia Sueca; el diccionario nos dice claramente: “Nombre de los premios instituidos por el químico sueco Alfred Nobel. En su lengua de origen, el sueco, es palabra aguda ([nobél]), y así se recomienda pronunciarla en español, a pesar de que la pronunciación llana [nóbel] está muy extendida, incluso entre personas cultas”.

Otro barbarismo fónico consiste en la supresión inadecuada de sonidos al final de una palabra, por apócope: *paralis por ‘parálisis’; *carie por ‘caries’; esa supresión también puede consistir en una síncopa en el interior del vocablo, como sucede en el hablar apresurado con los participios y términos en –ado: *terminao por ‘terminado’, *abogao por ‘abogado’. En estos casos, no se debe incurrir en el mal contrario, esto es en el agregado o adición de la D cuando ella no corresponde: Fueron al *Challado en lugar de Fueron al Challao o, también, Prepara el *bacalado de modo insuperable en lugar de Prepara el bacalao de modo insuperable. Ese agregado de sonidos y letras se da también en formas como *cónyugue, en lugar de ‘cónyuge’ o *ambagues, en lugar de ‘ambages’; *calientito por ‘calentito’ y *disgresión en vez de ‘digresión’.

A veces, el barbarismo fónico consiste en cambiar de lugar un sonido o una sílaba en el interior de una palabra. Ese barbarismo se denomina “metátesis” y se da, por ejemplo, cuando escuchamos *plesbicito en lugar de ‘plebiscito’ o *concuspicencia por ‘concupiscencia’. También en todas las formas verbales tan comunes como *siéntesen, *cállesen, *vámosno en lugar, respectivamente, de ‘siéntense’ (formado por ‘sienten’ más ‘se’); ‘cállense’ (de ‘callen’ y ‘se’) y ‘vámonos’ (formado por ‘vamos’ y ‘nos’, en donde se ha convenido la supresión de la S del verbo y la conservación de la correspondiente al pronombre; análogamente, decimos y escribimos ‘preparémonos’, ‘ubiquémonos’ y ‘olvidémonos’).

Muchas veces la incorrección se da por sustitución de un sonido/grafema por otro o por supresión, en sílabas cercanas, de sonidos iguales: así, *interperie, por ‘intemperie’ o *abujero por ‘agujero’, en donde podemos advertir la confusión fónico-gráfica; muy común es ver escrito *idiosincracia en lugar de ‘idiosincrasia’ o *utensillo por ‘utensilio’; el mismo fenómeno puede darse en relación con la confusión de vocales: *antidiluviano en lugar de ‘antediluviano’ e *inaptitud en vez de ‘ineptitud’; también, en relación con la eliminación de sonidos, oímos *podedumbre por ´podredumbre’, en que se ha suprimido una ‘r’ repetida en sílabas cercanas; *astrigente en vez de ‘astringente’, en donde la supresión se relaciona con la repetición de ‘n’ en sílabas consecutivas;*trastueque en vez de ‘trastrueque’ en que el hablante ha suprimido la ‘r’ repetida en dos sílabas seguidas.

En ocasiones, el hablante quiere ser más correcto e incurre en errores de “ultracorrección”, ya que ve y corrige defectos donde ellos no existen: *contraalto por ‘contralto’, *discrección en lugar de ‘discreción’, *antidetodo en lugar de ‘antídoto’, *garraspera en vez de ‘carraspera’ (por asociación con ‘garganta’), *hilación en lugar de ‘ilación’ (por asociación con ‘hilo’).

En otras oportunidades, los barbarismos son de índole léxica: así ocurre, por ejemplo, cuando se confunde ‘acervo’ (conjunto de bienes morales o culturales) y ‘acerbo’ (áspero, cruel, riguroso, amargo); ‘cariar’ (producir caries) y ‘carear’ (poner a dos o más personas cara a cara para apurar la verdad de dichos o hechos); ‘revindicar’ (defender a quien se encuentra injuriado) y ‘reivindicar’ (reclamar algo a lo que se cree tener derecho). En este grupo de barbarismos léxicos entran los llamados “falsos amigos”, formas calcadas de otras lenguas y mal traducidas al español: así sucede con el verbo ‘aplicar’ muy usado en la actualidad, por influencia del inglés to apply, sin considerar el valor que tiene en ese idioma que es el de “solicitar”; ocurre otro tanto con ‘usado’, por influencia del francés usé, que debería traducirse como “gastado”.

En artículos sucesivos, nos referiremos a otros vicios del lenguaje, entre ellos el de usar de modo innecesario algunos neologismos que, aunque aceptados, atentan contra la sencillez y llaneza en la expresión.

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3 de Diciembre de 2016|03:56
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3 de Diciembre de 2016|03:56
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  1. Sra. Ramallo: Como siempre, un perfume exquisito sus artículos. Me informan, me confirman que uso bastante bien el idioma y compensa mis enojos con algunos redactores. Muchas gracias
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