Si vas a comprar una casa, que no te vuelva loco

El colombiano Fernando Vallejo no deja de sorprendernos como lectores, y su nueva novela, "Casablanca la bella", es la prueba de esto.

El colombiano Fernando Vallejo no deja de sorprendernos como lectores, y su nueva novela, Casablanca la bella (Alfaguara), es la prueba de esto.

"Casablanca no es una ciudad, es una casa: blanca como su nombre lo indica, con puertas y ventanas de color café y una palmera en el centro de un antejardín verde verde”, nos advierte en el comienzo de esta novela Vallejo, quien nos atrapa en el extenso monólogo de un viejo que ha logrado comprar la casa de sus sueños sólo para descubrir que tanto la casa como los sueños se están viniendo abajo, e intentará reconstruirlos a ambos.

La mirada de Vallejo se asienta en la voz de un protestón anciano que no puede entender los cambios que ha sufrido la ciudad en la que creció pero que se empecinará en reconstruir la casa, aunque esto lo lleve a la locura.

La simbología en la obra de Vallejo no puede dejarse de lado, porque él nos lo propone así, por eso, acompañar a este anciano en el intento de lograr su objetivo es acompañarlo también en la búsqueda de la reconstrucción de un entramado social que, aunque reflejado en la Colombia actual, es tal vez el que vive gran parte del planeta.

Casablanca la bella está llena de ironías y humor, pero esto no nos puede deslumbrar al punto de ocultar la profunda preocupación por la violencia instalada en cientos de formas.

Vallejo es una necesidad literaria y de análisis en estos tiempos, y Casablanca la bella es una prueba de ello.

A continuación, el mismísimo autor hablando de esta novela.

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2 de Diciembre de 2016|19:00
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2 de Diciembre de 2016|19:00
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