Celebraron los diez años del laberinto de Borges en San Rafael

El creador del diseño fue el inglés Randoll Coate, el primero en plasmar a modo de un libro abierto este universo que condensa ciertas obsesiones del mundo literario de Borges

“Tras diez años, el laberinto se está armando solo y está pidiendo gente. Gente que camine, gente que ande... y desde ahí vamos a entrar en una segunda etapa para darle un lugar institucional y cultural abierto a toda la comunidad”, indicó a Télam Carolina Aldao, hermana de Camilo (ya fallecido), quien fuera el mayor propulsor del proyecto.
 
Entre viñas y frutales, en la finca que la familia posee en San Rafael, el laberinto borgeano invita a recorrer sus pasadizos frondosos y adentrarse en los sueños de sus creadores y visitantes.
 
Ahora que sus muros están tupidos y crecen a más de un metro y medio, “la idea es generar un espacio independiente, fuera de la familia, donde también haya libros, bancos donde sentarse a contemplarlo y un espacio en el que se pueda tomar algo”, comentó Aldao, acerca de los varios proyectos que circulan para esta segunda década.
 
El creador del diseño fue el inglés Randoll Coate, el primero en  plasmar a modo de un libro abierto este universo que condensa ciertas obsesiones del mundo literario de Borges, y en el cual hasta se puede leer su nombre y su apellido.
 
Coate y Borges (quien visitaba la finca mendocina en sus años de juventud) se habían conocido gracias a una gran amiga del autor de El Aleph la escritora Susana Bombal, tía de Carolina y antigua habitante del lugar donde hoy asoma el laberinto.
 
Tras su fallecimiento, su sobrino Camilo Aldao Bombal le contó a la viuda de Borges,  María Kodama, de la existencia del diseño de Coate, y junto a otros amigos dieron los primeros pasos para su construcción en tierra mendocina mediante la plantación de más de 9.000 plantas de boj (Buxus sempervirens).
 
“El laberinto está divino  pero pide gente para dar este gran paso de lo privado a lo social y así recibir a artistas que se conecten con la energía del espacio", contó Carolina, continuadora del emprendimiento con sus otros hermanos.
 
En una superficie de casi una hectárea y dentro de lo imaginado por Coate, los visitantes pueden encontrar allí casi todos los símbolos borgeanos clásicos: el espejo, el reloj de arena, la cara de un tigre, el bastón de un ciego, un signo de interrogación y hasta la cinta de Moebius.
 
Son senderos divididos en dos rectángulos tipo libro que dibujan claramente el nombre de Jorge Luis Borges. Ambas partes son tal cual lo describió el diseñador inglés: "una reflejo de la otra como si fuera un espejo, y referencias al poeta, filósofo, erudito, ciego y visionario".
 
El de Mendoza fue el primero de una serie que hoy cuenta con réplicas más pequeñas en la localidad de Tigre (frente a la Pista Nacional de Remo) y otro abierto en Venecia, en la isla de San Giorgio Maggiore.
 
Al cumplirse una década de la plantación, se presentó el jueves pasado un documental “Jardín de sueños”, de Javier Tanoira y Alejo Yael, que cuenta la historia de este laberinto, que hoy se vislumbra bien verde y frondoso en la finca familiar.
 
La exhibición al aire libre entre amigos y artistas fue acompañada por ricos vinos mendocinos, música en vivo, la presentación de obras literarias y montajes artísticos dentro del Laberinto de Borges.
 
Entre ellos, se destacó la obra en piezas cerámicas del artista rosarino Leo Battistelli; el escultor de Mendoza, Tachuela Delia, que presentó una escultura de dos toneladas de granito gris en la que se inscribió en sistema braile el poema de Borges "Susana Bombal" y el escultor Fabián Alvarez, que expuso una de sus piezas de la serie "Toros", para referirse al mito del Minotauro.

Fuente: Télam

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