Las variantes en las formas del saber ancestral

Vuelta la mula al mal... Reflexiones a propósito de una acotación realizada por uno de nuestros lectores a la columnista.

En ocasión de presentar el Dr. Pedro Barcia -él ha ejercido por varios períodos la presidencia de la Academia Argentina de Letras y, en la actualidad, preside la Academia Nacional de Educación- su Refranero de uso argentino, en la última edición de nuestra Feria del Libro, se refirió a los caracteres de los refranes, como formas de sabiduría popular. Ellos son transmitidos en forma oral, de generación en generación, por lo que muchas veces registran variantes en su presentación. Así, por ejemplo, ‘El que tiene cola de paja tiene miedo que se le queme’ registra formas como ‘El que tiene cola de paja tiene miedo que se le arda’, ‘El que tiene cola de paja no debe arrimarse al fuego’ y ‘El que tiene cola de paja cuide que no se la quemen’. El valor significativo es siempre el mismo: la cobardía del que no es honesto; también, señala el hecho de tener remordimiento e inquietud después de una mala acción. Sin embargo, la forma externa del refrán tiene diferentes configuraciones, según los lugares en que ha sido transmitido el mismo.

Eso es lo que sucede con la locución ‘Vuelta la mula al mal’: así la consigna el estudioso mendocino Juan Carlos Rogé y, de ese modo, lo tomamos las autoras de Con sabor a Mendoza[1]; sin embargo, una búsqueda en diferentes refraneros nos arroja otras variantes: la primera, no la más frecuente, es la que presenta mi lector “cuyano de alma”: ‘Vuelta la mula al máiz’, similar y mucho más frecuente es ‘Vuelta la burra al trigo’. Lo cierto es que el hombre de pueblo en cada una de las variantes ha querido destacar, en la primera parte de la frase, la obstinación del animal para realizar la misma acción; en unas versiones, va al maizal (o al máiz, con el acento retrotraído propio del habla rural) o al trigo: en estos casos, se destacan los cultivos a los que el animal va a volver y va a dañar; en cambio, al decir ‘vuelta la mula al mal’, se ha dado primacía no a los espacios físicos, sino a la acción dañina que se vuelve a cometer. En aquellas versiones, se mencionaba el objeto al que se causaba el mal y se metaforizaba cualquier acción nociva; en la versión cuestionada, se menciona directamente el mal, como modo de acción favorito del obstinado animal. No hay metáfora, sino alusión directa al modo erróneo y reiterado de obrar.

Para ver cómo la tradición popular va deformando un mismo refrán, tomo otro ejemplo muy ilustrativo: ‘Mientras los gatos pelean, los pericotes engordan’ es un refrán que se usa para indicar cómo los deshonestos o los aprovechadores saben obtener ganancia de asuntos poco claros o de situaciones caóticas. Pues bien, según las regiones del mundo en que se haya recogido este refrán de origen español, las versiones son diferentes, aunque, en esencia, se mantiene el pensamiento original: ‘Cuando faltan los gatos, bailan los ratones’; ‘Mientras los gatos duermen, los pericotes se pasean’ y ‘Cuando los perros pelean, los gatos hacen función’. Construcciones análogas, palabras distintas, pero en el fondo la misma reflexión captada por el saber popular. Quizás lo mismo que otros hubieran dicho ‘A río revuelto, ganancia de pescadores’.



[1] RAMALLO, M. (coord.) (2011) Con sabor a Mendoza. Antología de frases regionales. Mendoza: Jagüel editores. Volumen I.

Opiniones (1)
9 de Diciembre de 2016|03:05
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9 de Diciembre de 2016|03:05
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  1. Profesora, repito lo ya dicho: Me honra que dedique Ud. parte de su valioso tiempo a reparar en mis pobres comentarios y lo agradezco mucho. Al mismo tiempo, reconozco que me da un poco de pudor. Admito su aclaración con respecto al mulanero refrán. No dispongo de la formación académica que tiene Ud sino que mi experiencia se reduce a las muchas horas de campo que la vida me regaló oyendo "las perlas del habla en el lenguage florido de mis paisanos cuyanos" (el encomillado es una reproducción, de memoria pero seguramente muy aproximada, de una frase pronunciada por el gran Juan Draghi Lucero a quien tuve el honor de conocer y visitar varias veces en su casa). Creo que estaremos de acuerdo en algunos conceptos: 1 - Las lenguas vivas, como esta denominación lo sugiere, son esencialmente dinámicas y cambiantes, dudo que ningún estudio académico pueda ser abarcativo de la inmensa totalidad de sus variantes y sutilezas. 2 - Los refranes se transmiten por tradición oral y esto los va sometiendo a un inevitable proceso de mutación temporal y regional. Así como el nombrado Draghi Lucero descubrió los antiguos cuentos persas en versión cuyana mientras recogía jarilla en los montes de Villavicencio durante su niñez, también los antiguos refranes árabes llegaron a nuestra campaña de la mano de los labriegos hispanos y se conservan con sus matices y mutaciones. Advierto por ello que puede haber muchas variantes para una misma sentencia. 3 - Soy un gran "oidor" de refranes pues creo que si una frase o sentencia sobrevive a los siglos, forsozamente ha de encerrar alguna especie de verdad profunda y ese hecho hace que merezca todo mi respeto y atención (imagino que concordará Ud. con esta idea). El gran JLB aconsejaba a sus alumnos no leer obras de menos de cien años, o sea, dedicarse solo a aquellas consagradas por el filtro del tiempo. Me parece que, salvando las distancias, puede aplicarse a los refranes populares un concepto similar. Todos ellos, por otra parte, admiten explicaciones diversas en cuanto a su sentido y origen. Resulta subjetivo adoptar la que nos parezca la más lógica o probable. Menciono esto último porque he leído el libro que Ud. menciona en esta nota del Arquitecto Rogé, a quien conozco y respeto muchísimo, y también encontré reparos a ciertas explicaciones que el expone y que se contradicen con mis propias experiencias "camperas". Tuve ocasión de comentárselo una vez y estuvo de acuerdo en que la sabiduría popular admite interpretaciones diversas y resulta imposible definirla estrictamente en términos académicos. Por eso, toda discusión a respecto se difuminará irremisiblemente en la subjetividad de cada intérprete. Debe de ser esa una de las más atractivas bellezas de la lengua, su riqueza inacabable. Muchas gracias de nuevo por su atención. Saludos
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