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Rafael Nadal cumplirá 22 años y lo celebrará en medio de dos guerras

No hace falta apelar al documento de identidad para confirmar que Nadal es ya todo un hombre que hace sentir su peso de estrella en el tenis, un número dos del mundo que embiste contra lo que no le gusta con la misma fiereza con que se defiende ante la subida a la red de un rival.

Nadal descansó hoy y se tomó su tiempo para almorzar relajadamente con su familia en París, toda una novedad en una semana en la que la lluvia complicó especialmente sus días, ya de por sí recargados por sus responsabilidades en dos "guerras": la que libra en el tenis español y la que dirige junto a Roger Federer y Novak Djokovic contra de Etienne de Villiers, el máximo jefe del tenis masculino.

Y eso que se bajó de una tercera batalla, aquella que insinuó contra la organización de Roland Garros, a la que acusó de perjudicarlo con la programación para luego disculparse expresamente en su "blog" personal.

"El miércoles me equivoqué en la rueda de prensa. Dije una cosa que no quería decir o, mejor dicho, me expliqué mal (...). Es difícil decir cosas a veces. No quise decir lo que dije o al menos que sonara así de fuerte", escribió el número dos del mundo.

Una batalla menos para el guerrero de la arcilla, que ya tiene suficiente con enfrentarse a sus dos "ogros", el presidente de la Federación Española de Tenis (RFET), Pedro Muñoz, y De Villiers.

Nadal no es sólo duro en la cancha, también encabeza el bando de los "duros" en la ya larga controversia que los jugadores españoles mantienen con Muñoz, al que acusaron hace un mes de "formas dictatoriales y caprichosas", y al que querrían ver lo antes posible fuera del cargo.

"Lo lógico sería que la mayoría estuviese en contra de él, porque no nos sentimos representados por él como presidente", dijo Nadal.

Pero lo cierto es que los tenistas ya no están unidos, porque dos jugadores de peso como Tommy Robredo y Fernando Verdasco se negaron a firmar la tercera carta conocida el viernes.

En la otra batalla, en cambio, Nadal no tiene que preocuparse por la falta de unidad, porque en la operación contra De Villiers piensa igual que Federer y Djokovic.

Profundamente molestos con las decisiones tomadas por De Villiers desde que en 2006 sustituyó a Mark Miles al frente de la ATP, la decisión de los tres jugadores de más peso en el circuito es histórica: dejan de lado el tradicional desinterés que las estrellas muestran por la política deportiva para involucrarse de lleno en ella.

"Hay muchas cosas que no nos gustan cómo se han hecho, y metidos ahí adentro intentaremos enterarnos de las cosas antes de que sucedan", explicó Nadal.

De Villiers nunca cayó bien entre los jugadores. Lejano al tenis y proveniente de la "factoría Disney", el sudafricano se rodea en Londres de gente de su confianza y aparece muy poco por los torneos. Su mandato vence a fin de año, algo que Federer, Nadal y Djokovic aprovecharon encabezando una carta firmada por 20 jugadores en la que piden a la ATP que analice nuevos candidatos para el puesto de director ejecutivo que ocupa actualmente el sudafricano.

Nadal, está claro, ya no es un niño: aprendió a hacer política, y por momentos parece gustarle tanto como jugar al tenis.
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5 de Diciembre de 2016|07:15
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