El libro que sigue las huellas de Sarmiento en Estados Unidos

En 1847 y tras recorrer Estados Unidos, el sanjuanino encontró el modelo de civilización que siempre soñó para la Argentina. Hernán Iglesias Illa lo refleja en detalle en "American Sarmiento".

En la escuela nos enseñaron que Sarmiento fue el padre de la educación, aunque eso no fue lo único que le interesó. Carlos Pellegrini lo definió como “el cerebro más poderoso que haya producido la América". Y los que apenas lo conocen  y tras egresar del secundario no se preocuparon por saber más de él lo vinculan con el feriado del 11 de septiembre, cuando se celebra el Día del Maestro.

¿Cuándo el prócer sanjuanino se entusiasmó con la educación? Cuando el autor de la célebre frase “civilización o barbarie” recorrió Estados Unidos en 1847, tras llegar desilusionado de una civilización llena de pobres que había avistado en Europa. Y en ese Estados Unidos de hace 166 años encontró lo que para él era “civilización” y lo volcó en un libro que no tuvo la misma difusión que Facundo, llamado simplemente Viajes (en el que también describe su experiencia por Europa y África).

Hernán Iglesias Illa es un periodista y escritor bonaerense radicado en Washington. Se hizo conocido en 2008 con su primer libro, Golden Boys. Allí retrató –entre otros- a los argentinos que se enriquecieron en Wall Street cuando el país se derrumbó con la crisis de 2001. Ese texto le valió el reconocimiento de Gabriel García Márquez, que le otorgó el premio Crónicas Seix Barral (Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano y grupo editorial Planeta); dos años después escribió Miami: turistas, colonos y aventureros en la última frontera de América Latina, y ahora está presentando su nueva obra, American Sarmiento (Editorial Sudamericana), en el que recrea el tour hecho por el prócer sanjuanino cuando desembarcó del vapor Moctezuma -proveniente de Liverpool-  en la que era y sigue siendo la ciudad más importante de Estados Unidos, Nueva York, el 14 de septiembre de 1847 , más lo que siguió después, 58 días de viaje en los estados de Ohio, Pensilvania, Massachussets, Nueva Jersey, Maryland, Tenesse, Kentucky, Mississipi, Lousiana y las ciudades canadienses de Québec y Montreal.  Iglesias Illa recorrió cada uno de estos lugares para darle forma al flamante American Sarmiento, que lo explica muy bien en el siguiente trailer del libro:

 

El autor, quien como periodista fue editor del periódico The Wall Street Journal Americas,  compartió con MDZ Online la experiencia de revivir el tour que le cambió la cabeza al sanjuanino que fue presidente de la Nación veinte años después de ese inolvidable viaje y murió en Paraguay el 11 de septiembre de 1888.

- ¿Qué "civilización" vio Sarmiento en Europa y qué modelo de civilización vio en Estados Unidos?

- Europa siempre había sido, aun desde lejos, su modelo de civilización. Cuando llegó a Francia, a los 35 años, después de haber escrito Civilización y Barbarie y de pelearse con todo el mundo por defender a Europa como un lugar que podía ser una hoja de ruta para países en construcción, como Chile (donde vivía) o Argentina, se dio cuenta de que no le gustaba lo que estaba viendo. La mayoría de la gente era muy pobre y estaba vestida con harapos. La política era un circo, gestionada por gente poco seria. No vio ninguna vitalidad. En Estados Unidos, en cambio, vio lo contrario, quizás porque genuinamente le pareció así o quizás porque estaba necesitando un modelo para reemplazar a Francia. En cualquier caso, el lugar que empezó a ocupar EEUU en la cabeza de Sarmiento lo mantendría hasta su muerte, 40 años después.

- ¿Qué partes del itinerario que recorrió le cambió más la cabeza a él?

- Lowell, cerca de Boston, fue importante. Era un centro industrial, el más grande de América en ese momento, con fábricas de todo tipo, y miles de obreros y obreras que se habían mudado del campo a la ciudad. Sarmiento, que había visto las fábricas inglesas de Manchester y Birmingham y le habían parecido un infierno, quedó maravillado con Lowell, donde los obreros, le pareció, tenían una vida decente y las fábricas creaban productos de alta calidad a precios razonables.

- Además de la educación, ¿qué otras ideas de progreso rescató Sarmiento de ese viaje hecho en 1847?

- Una de las cosas que trato de decir en el libro es que Sarmiento le dio muy poca bola a la política en Estados Unidos y que se obsesionó con cuestiones estructurales de infraestructura: educación, trenes, inmigración, telégrafo. Ese tipo de cosas le parecían tan o más importantes que acertar o no acertar un buen sistema político.

- ¿Por qué te impactó mucho ver y tocar la tarjeta de Manuel Mujica Láinez cuando revisaste los papeles de Allison Williams Bunkley en Princeton?

- Lo de la tarjeta me impactó porque yo llevaba meses siguiendo la pista de Sarmiento y de Allison Bunkley, este historiador que había escrito sobre los viajes de Sarmiento, y no había encontrado casi ningún rastro concreto. Esta tarjeta, en cambio, que apareció entre los cuadernos de Bunkley que fui a ver a Princeton, me pareció, aunque fuera lateral y no me sirviera para casi nada en mi libro, una pista de verdad, física y comprobable.

- ¿Creés que Sarmiento rescató algo positivo de la barbarie?

- Sarmiento era medio bárbaro. Se lo decían sus rivales, como Alberdi, y a veces se animaba a admitirlo él. Su manera de vivir y de enfrentar los problemas era profundamente temperamental y vitalista. Para los países y las sociedades proponía lo contrario, proponía políticas públicas racionales y eficaces. Pero su vida privada era un torbellino constante.

- A nivel historia, ¿por qué Sarmiento pasó de ser un prócer referente a un prócer cuestionado?

- Sarmiento fue canonizado después de su muerte por los historiadores liberales y puesto en duda después por los historiadores nacionalistas y marxistas. El primer peronismo fue abiertamente hostil a la figura de Sarmiento. Y desde ahí combaten estas dos visiones de Sarmiento. Lo que cambió no fue Sarmiento ni lo que se sabía de él sino la manera de usarlo políticamente por quienes se han acercado a su figura. En general es una conversación llena de clichés y argumentos que se repiten, sin renovarse, desde hace medio siglo.

- Después de haber recorrido parte del ADN de los argentinos en American Sarmiento, Miami y Golden Boys, ¿qué te fascina y que te decepciona de nosotros?

- Algo debe haber, ¿no? No sé. Hace casi diez años que vivo fuera de la Argentina y sin embargo, sin proponérmelo, vuelvo y vuelvo a escribir sobre ella y sobre mis compatriotas. Después de tanto tiempo me habría gustado despegarme un poco más, obsesionarme un poco menos, con Argentina, pero a esta altura está claro que he fracasado. No sé si eso es por mérito del ADN de los argentinos o por defecto mío, pero es así.

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7 de Diciembre de 2016|19:07
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