Hace 150 años asesinaban al Chacho Peñaloza

A pesar de que ya se había entregado, fue atravesado con una lanza por el coronel Irrazábal y luego acribillado por los soldados.

Hace 150 años, Ángel Vicente Peñaloza, más conocido como Chacho, se rendía en Las Lomas (La Rioja) ante el comandante Ricardo Vera, huyendo luego de la derrota que había sufrido en Los Gigantes ante las tropas del coronel Irrazábal. Era el 12 de noviembre de 1863, y el Chacho Peñaloza, ya vencido, le entregó a Vera la última arma que le quedaba, un puñal. Pero no más de una hora más tarde llegó al mismo lugar Irrazábal, quien no dudó en asesinarlo con su lanza, además de hacer que sus soldados los acribillaran.

Hace un siglo y medio, caía muerto uno de los últimos caudillos federales del siglo XIX en Argentina.

Debido a la falta de documentos, los historiadores estiman que el Chacho Peñaloza nació en 1796 en Malazán, en la actual provincia argentina La Rioja. Sí se sabe que recibió su primera educación de la mano de su un tío abuelo Pedro Vicente Peñaloza, prestigioso sacerdote, quien lo apodó Chacho.

Ya de joven se alistó en las tropas de Facundo Quiroga,, y en 1826 combatió como capitán en la batalla de El Tala, en la que recibió heridas de importancia. Más tarde fue uno de los principales jefes de escolta de Juan Facundo Quiroga, en la batalla de Rincón de Valladares, en La Tablada y en Oncativo. Después de esta derrota participó en la reconquista de La Rioja para el partido federal, y se destacó en la Batalla de La Ciudadela —definitiva derrota unitaria— en que capturó un cañón con su lazo y lo arrastró hasta sus filas. Por este hecho, Quiroga le otorgó el rango de teniente mayor.

Luego de la muerte de Quiroga, el Chacho recibió el perdón del nuevo gobernador de La Rioja, Tomás Brizuela, y cuando este se unió a la Coalición del Norte contra Juan Manuel de Rosas, en defensa de la autonomía de su provincia, fue un importante apoyo.  Los unitarios le impusieron como segundo jefe al coronel Joaquín Baltar, que resultó una pésima influencia. Apoyó la campaña de Juan Lavalle en su provincia, y acompañó a Gregorio Aráoz de La Madrid —su antiguo enemigo— en su campaña contra San Juan y Mendoza. En la batalla de Rodeo del Medio, la influencia de Baltar le impidió combatir, y fue una de las causas de la derrota. Tuvo que huir a Chile en 1841.

Al año siguiente regresó como parte de una campaña organizada por los exiliados unitarios desde Chile. Iba acompañado por Yanzón y el coronel Santos de León. La campaña había sido pésimamente preparada, basada en falsas noticias de sublevaciones contra Rosas; si bien el prestigio de Peñaloza les permitió obtener algunos éxitos, esto provocó la reacción del gobernador de San Juan, Nazario Benavídez, que lo persiguió hasta Tucumán y lo derrotó. De todas formas, Peñaloza regresó a Los Llanos, donde fue derrotado por segunda vez por Benavídez, en Illisca; y por segunda vez huyó a Chile.

Dirigió una segunda invasión en 1845 y derrotó al gobernador riojano. Pero, entendiendo que su causa no tenía sentido, pidió y obtuvo protección de Benavídez. Éste lo envió en 1848 —con el rango de comandante de milicias— a deponer al gobernador riojano Vicente Mota. Tras lograr su cometido, nombró en su lugar a Manuel Vicente Bustos, que lo nombró comandante de Los Llanos.

Desde 1854 fue comandante de armas de la provincia, y al año siguiente fue ascendido a general por el presidente Urquiza. Era muy prestigioso entre los gauchos humildes de La Rioja y las provincias vecinas y se comportaba como uno más de ellos, salvo cuando mandaba en el ejército. Ellos lo consideraban, también, su protector, su abogado, el solucionador de los problemas de cada uno de ellos.

En octubre de 1858 fue asesinado Nazario Benavídez por los partidarios del gobernador Gómez. El presidente ordenó una intervención federal a la provincia, ordenando a Peñaloza que la apoyara militarmente; no tuvo necesidad de combatir, pero ocupó con sus montoneras la ciudad de San Juan. Desde entonces fue el hombre de confianza de Urquiza en la región.

En enero de 1860 derrocó al gobernador Bustos, que se acercaba cada vez más a los unitarios de Buenos Aires, y nombró en su lugar al coronel Ramón Ángel. Poco después fue nombrado interventor federal de su provincia.

Después de Pavón, en 1861, el interior del país quedó abierto a los unitarios. Hacia Cuyo salió el coronel Ignacio Rivas y hacia Catamarca el general Wenceslao Paunero, que enviaron varias expediciones contra La Rioja. Mientras tanto, Peñaloza ofreció mediar en la guerra entre los federales y unitarios del norte del país. Pero a pedido del gobernador tucumano Celedonio Gutiérrez, se unió a este, y fueron derrotados por los unitarios. Regresó a La Rioja, perseguido por sus enemigos, que los derrotaron en varias batallas; los oficiales prisioneros eran fusilados, mientras muchos soldados eran torturados y degollados. La represión fue increíblemente feroz, y eso mismo dio fuerzas a los federales para seguir luchando.

El sitio www.elhistoriador.com.ar reseña sobre la muerte de Peñaloza y su repercusión: “Poco después del cobarde crimen, el ‘padre del aula’ y ‘guía de la niñez argentina’, el que había escrito ‘las ideas no se matan’, le decía a Mitre: ‘No sé lo que pensarán de la ejecución del Chacho. Yo, inspirado por el sentimiento de los hombres pacíficos y honrados, aquí he aplaudido la medida, precisamente por su forma. Sin cortarle la cabeza a aquel inveterado pícaro y ponerla a la expectación, las chusmas no se abrían aquietado en seis meses. ‘Murió en guerra de policía’, ésta es la ley y la forma tradición de la ejecución del salteador”.

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4 de Diciembre de 2016|21:34
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4 de Diciembre de 2016|21:34
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  1. INTERESANTE NOTA... Aún cuando hay divergencias enormes en los aspectos históricos, fundamentalmente con los escritos del cura Camilo Aldao. Según figura en los documentos de la época, el Chacho Peñaloza firmó un armisticio en la ciudad de Caucete, San Juan, con el general Paunero, jefe del ejército entonces cuando Sarmiento era ministro de guerra. Cuenta Camilo Aldao, que el Chacho, al momento de firmar el armisticio, le dice al general Paunero; "General, ahí están los 700 prisioneros que tomé, yo quiero que les pregunte si les falta aunque sea un botón de sus chaquetas, y los 700 prisioneros a coro gritaron; "Viva el general Vicente Ángel Peñaloza", Entonces el Chacho le pregunta a Paunero: "¿Dónde están los 2.000 prisioneros que ud. tomó?, y Paunero se quedó callado porque los había pasado a degüello. Después de la firma del tratado, el Chacho es asesinado a traición. Estos datos me los pasó el historiador ya fallecido, Fermín Chavez, quién también me regaló un libro del 1º y único congreso Varelista realizado en La Rioja en 1967, ya que Felipe Varela es el único caudillo no reivindicado de la historia argentina, a pesar de que era el único que tenía perfectamente claro, las ideas de San Martín y Bolivar sobre la integración latinoamericana.
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