Hallan evidencia del uso de especias hace 7.000 años

El descubrimiento rompe con la visión tradicional de la cocina prehistórica, confirmando que el uso de especias mucho antes de lo que se suponía.

Arqueólogos de Inglaterra, España, Dinamarca y Alemania demostraron que la hierba del ajo (una planta de sabor fuerte y poco valor nutricional) se usaba como especia hace casi 7.000 años, luego de analizar los microfósiles de restos de comida en fragmentos de cerámicas de tres excavaciones arqueológicas: Akonge y Steno, en Dinamarca, y Neustadt, en Alemania.

El descubrimiento, que marca la primera evidencia de que las sociedades cazadoras-recolectoras usaban especias, fue publicado recientemente en la revista PLOS One y rompe con la visión tradicional de la cocina prehistórica, confirmando que el uso de las especias es mucho más antiguo de lo que se suponía.

Marco Madella, uno de los autores del trabaj, e investigador ICREA en la Institución Milá y Fontanals del CSIC de España, explicó que siempre se ha pensado que estas sociedades, que todavía eran cazadoras-recolectoras pero estaban empezando a practicar la agricultura, tenían una cocina muy simple y seleccionaban los alimentos por su aporte energético y no por su sabor.

El hallazgo de hierba del ajo junto a restos de carne y de pescado “da la evidencia de que fue incorporada para aportar su sabor picante”, y el hecho de que son restos cocinados (porque están carbonizados en ollas de cocina) demuestra que fueron incorporados a propósito en la elaboración de la comida.

Estudios anteriores habían hallado restos de semillas de amapola y de cilantro en vasijas prehistóricas, pero al no estar junto a restos de comidas identificadas como propias de estas comunidades no podía asegurarse que su uso fuera culinario.

Este descubrimiento fue posible gracias al análisis de fitolitos, es decir, restos de sílice opalina (como el vidrio) que resisten muy bien el paso del tiempo. Los fitolitos son fósiles formados a partir de la precipitación de sílice en las células del tejido vegetal. Al formarse, los fitolitos adoptan la morfología de las células, de manera que puede identificarse su origen vegetal.

En anteriores trabajos, los científicos analizaban los almidones que habían sobrevivido en los recipientes arqueológicos de cocina. Pero en este estudio los investigadores han visto que el análisis de fitolitos ofrece la ventaja adicional de identificar las hojas de las plantas usadas, algo que no era posible con el análisis de almidones. “Es como poder hacer una fotografía de los ingredientes de cocina, una fotografía que está muy cercana a lo que era en realidad”, señalaron. El análisis de fitolitos ayuda a releer el pasado y recuperar información que hasta ahora era indetectable.

Conocer estos aspectos del pasado ayuda a entender el comportamiento de estas sociedades, de sus movimientos, su comercio y demás actividades. Puede parecer poca cosa conocer un ingrediente de la cocina del pasado pero, dice Madella, “es como una pieza del gran puzzle del pasado que poco a poco vamos descubriendo”.

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9 de Diciembre de 2016|23:33
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