Tan inmortal como anhelado: 20 años sin Federico Fellini

Un día como hoy pero en 1993 moría uno de los directores de cine que marcaron la historia.

Conquistó el séptimo arte con películas tan osadas como caprichosas, recibió decenas de premios y no sólo sobresalió por su leonina figura. Y es que además de Federico Fellini, apenas un puñado de realizadores lograron un puesto en el olimpo del cine.

"La strada", "Amarcord" y "8½" son algunos de los clásicos que brindó este genio nacido en Rimini, de cuya muerte en Roma se cumplen hoy 20 años. Fue un mito ya en vida, pero su pérdida fue gigantesca. Desde entonces, en Italia falta un "contador de historias" de su calibre.

Los italianos echan de menos a su Fellini. Su voz crítica con la publicidad y la televisión enmudecía para siempre justo cuando un magnate millonario llamado Silvio Berlusconi comenzaba su carrera política y la pequeña pantalla tenía ante sí cuestionables cambios.

"Funambulista entre el sueño y la realidad", Fellini simboliza una brillante etapa del cine italiano que hace tiempo que acabó. Pero en incontables hogares, por las tardes aún se ven las obras maestras del director en televisión.

Fellini fue un cineasta que dividió, y probablemente así lo quiso: cuando en 1960 estrenó "La dolce vita" hubo contundentes aplausos, pero también pitadas e insultos. La película, cuajada de excesos y una desinibida liberalidad fue un escándalo al que siguieron varios más.

Aclamado en casa como si fuera una estrella del pop, los taxistas y sus fans lo llamaban cariñosamente "FeFe". "Amarcord" o "Casanova" fueron importantes capítulos de la historia del cine, y en sus 25 películas dejó también un buen puñado de enigmas. No en vano, se lo conocía como "el mago de Rimini".

"Creemos que sólo estamos viendo una película, pero en realidad es la historia de nuestras vidas", decía el escritor Italo Calvino sobre la fascinación por la obra del cineasta, su gusto por lo barroco, la escenografía circense y las escenas oníricas.

Para ello, Fellini tuvo que andar un largo camino desde el neorrealismo italiano de Roberto Rossellini a las surreales, poéticas y estrambóticas imágenes de su obra tardía.

Su desbordante imaginación cosechó sus frutos: entres otros, fue distinguido con el León de Oro honorífico en Venecia y el Premio del Cine Europeo a toda su obra. Pocos meses antes de morir, recibió también el Oscar honorífico, de manos de Marcello Mastroianni.

La elección no fue casual: el actor italiano fue el paparazzo sin escrúpulos de "La dolce vita", pero también el protagonista de "8½" (1963) y "Ginger y Fred" (1986).

"8½" es una película dentro de una película, una reflexión sobre el trabajo del realizador coronada con un Oscar, mientras que "Ginger y Fred" narra la jornada de dos bailarines de televisión, que antaño fueron dobles de Ginger Rogers y Fred Astaire. Aquí, Fellini aborda la alienación del artista en los inicios de la era de la televisión comercial, y con ello sigue estando de plena actualidad.

A menudo, su esposa, Giulietta Masina, encarnaba a la protagonista de sus filmes. Ella fue la pobre, ingenua y digna Gelsomina de "La strada" (1954), que convirtió a ambos en famosos de la noche a la mañana. Aunque tuvo que sufrir las infidelidades de su marido, para quien el "sexo, la comida y el cine" eran sus pasiones, ella siempre fue para él "la pequeña hada madrina" de su vida.

Antes de embarcarse a escribir guiones, Fellini comenzó su carrera como periodista y caricaturista. Los decorados opulentos y elevados costes eran marca de la casa, y le gustaba sumar su nombre a los títulos de sus películas. Con su obra, el hombre que amaba el autobombo se convirtió en inmortal.

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