Para exquisitos: una historia universal de las librerías

El ensayo "Librerías" recorre las librerías del mundo para extraer el valor simbólico que estas han cultivado a través del tiempo.

En su nuevo ensayo, Librerías, el escritor español Jorge Carrión hace un recorrido personal por las librerías y reflexiona, desde la literatura, sobre el carácter cambiante de estos espacios y su relación con la memoria y el olvido.

"Me interesa escribir sobre lo que me afecta directamente, como el viaje, la literatura, las series o las librerías", dice a Télam el autor del libro publicado por Anagrama y finalista del Premio de Ensayo organizado por la misma editorial.
 
Carrión ha escrito La brújulaGR-83Australia. Un viajeLa piel de La Boca,Crónica de viajesNorte es Sur. Crónicas americanas (en el género de literatura de viajes); la novela Los muertos y un ensayo vinculado a esta última ficción titulado  Teleshakespeare.
 
- Este ensayo no se ajusta a una cronología y propone una experiencia de lectura más personal, ¿cuál fue el punto de partida? 

- Me fue imponiendo su propia lógica. Yo quería comenzar con literatura y acabar con literatura, y así encontré las historias de (Stefan) Zweig y de (David) Markson. Pero el arco temporal del libro, que va desde Grecia hasta el siglo XXI, me fue llevando de un tema a otro, de una digresión a otra, con la intención de contar una posible historia de las librerías, siempre anclada en el presente, y de dar una posible vuelta al mundo. El tiempo y el espacio. A partir de eso, cada capítulo tiene su propia estructura, como un libro de cuentos.

- La idea de librería aparece como un espacio mucho más movedizo y cambiante que la idea de totalidad que parece tener la biblioteca, ¿cuál es la diferencia fundamental entre esos dos espacios conformados por libros? 

- Supongo que la diferencia principal es que la biblioteca es monumental, pesada, y la librería es leve, portátil, ligera: perfecta para sintonizar con las características que Italo Calvino aplicó a la literatura de nuestro siglo.

- El libro estudia la figura del librero como un receptor y transmisor de información contenida en una librería particular y también universal. ¿Qué te interesó de la figura del librero? 

- Me interesó que era una figura no narrada, no reflexionada, no historiada. Tanto el espacio (la librería) como su gestor (el librero) han sido sistemáticamente ignorados por la historia cultural y por la historia de las ideas. Era, por tanto, un territorio perfecto para el escritor, que siempre está buscando ámbitos que sean vírgenes y que tengan, no obstante, una gran tradición.

- Hay un punto interesante sobre la relación física que se establece con las librerías, como un estado mental y corporal que genera visitar ese espacio. ¿Por qué quisiste visitarlas? 

- Fue totalmente irreflexivo. Soy un coleccionista de librerías. Me encantan. De esa pasión fue surgiendo la reflexión y el ensayo. Antes de una crónica siempre hay vida, siempre hay viaje. Y en mi caso, antes de un ensayo, también. Me interesa escribir sobre lo que me afecta directamente, como el viaje, la literatura, las series o las librerías. Además, para llevar a cabo una cierta crítica espacial (arquitectónica, de interiorismo), es necesario pisar el lugar que analizas.

- Un tema borgeano es la idea de la cultura como saturación, la sensación de que siempre falta algo por leer. ¿Es la librería algo que condensa esa totalidad imposible de abarcar?

-  Tal vez esa totalidad se corresponda mejor con la biblioteca babilónica (o con su reverso, el libro de páginas incontables). La librería supone otro vértigo: el del cambio constante. El de la aceleración, el de la mutación. Siempre hay algo que permanece, pero es mucho más lo que cambia. Volver a una librería tres o cinco años más tarde es enfrentarte a las huellas físicas del paso del tiempo.

- En la experiencia del libro electrónico ¿qué se gana y qué se pierde? ¿Cómo imaginas a las librerías del futuro?

- Se gana la posibilidad de buscar palabras o pasajes a golpe de clic. La posibilidad de cargar lecturas sin pagar sobrepeso en el aeropuerto. La posibilidad de leer libros de todo el mundo. Y se pierde lo que todos sabemos: una relación táctil, física, con la lectura; una relación espacial con nuestra propia biblioteca. Yo imagino la librería del futuro como un espacio de desconexión, como un espacio de lectura, con o sin cafeína. Como un lugar pequeño, con libros escogidos, sin el best seller y el libro de texto y la guía de viaje que tienen más sentido en formato electrónico. La librería exquisita, donde el librero te dé conversación. Casi un lugar donde vincularte con estilos y costumbres de otro tiempo.

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10 de Diciembre de 2016|13:44
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