La revista "Humor", un bastión antidictadura

Fue uno de los núcleos más ricos de resistencia cultural a la dictadura. Un libro repasa la historia de la revista y de Andrés Cascioli, su creador.

Uno de los núcleos más ricos de resistencia cultural a la dictadura militar argentina (1976-1983), la Revista Humor Registrado, con la insoslayable referencia a su hacedor y dueño, Andrés "el Tano" Cascioli, se revive en un libro de investigación de reciente publicación.

Humor Registrado. Nacimiento, auge y caída de la revista que superó apenas la mediocridad general (Marea Editorial), título que parafrasea el eterno eslogan de la publicación nacida el 6 de junio de 1978, en plena euforia mundialista y en medio de la más sangrienta represión estatal que vivió Argentina, presenta una recopilación histórica realizada por el periodista Diego Igal.

El autor rastrea los orígenes inmigrantes italianos de Cascioli, hijo de padres napolitanos afincados en el industrial conurbano sur de Buenos Aires, y sus inicios en el mundo de la publicidad y el humorismo gráfico a fines de los años 50, hasta llegar a ser uno de los principales editores gráficos y probablemente, según sus propios pares, el mejor caricaturista del país del siglo XX. Un verdadero artista, visceral, controvertido, polémico y una máquina de trabajar toda su vida, reseña en su nota Andrés Cárdenas de la agencia Ansa.

El "Tano" asociado con Oskar Blotta otro gran editor argentino de los años 70 crearía primero la revista cómica "Satiricón", clausurada en 1974 por el gobierno de Isabel Martínez, la viuda de Juan Domingo Perón, y luego "Chaupinela", en las que ya se perfilaba el estilo ácido, crítico, de humor intelectual y punzante que tendría "Humor Registrado". Todo dentro de la tradición de su contemporánea "National Lampoon" de Harvard o de la más tradicional "Le canard enchainé" de Francia.

Consumado el golpe militar del 24 de marzo de 1976, cientos de intelectuales fueron asesinados, desaparecidos o debieron emigrar forzadamente, mientras otros miles sobrevivían de modo penoso sin poder expresarse y cargando, en cierto modo, la culpa de sobrevivir y seguir en esa tumba a cielo abierto en que habían convertido al país.

Cascioli, siempre inquieto, intuyó un comienzo de cambio de clima, tras el terror extremo, en la coyuntura del Mundial de Fútbol de 1978, y así nació el primer número de Humor Registrado con una caricatura de tapa de su factura del director técnico argentino, César Luis Menotti.

El estilo de la revista quedaba sellado, una extraordinaria caricatura de tapa, en su mayoría fueron obra de Cascioli y también durante muchos años del gran artista plástico Carlos Nine, y un sumario de notas y humor gráfico que iba del chiste escatológico a la más fina crítica política, literaria y teatral del momento.

Amenazado de manera constante por los servicios de inteligencia y la policía de la dictadura militar el equipo de Humor supo sortear, al límite, la censura y la represión imperantes ganando cada vez más lectores, en especial jóvenes, mientras la dictadura se consumía a fuego lento en su propio horror y fracaso.

Por allí pasaron, por citar sÓlo a algunos, Roberto Fontanarrosa, Carlos Ulanovsky, Alejandro Dolina, Mona Moncalvillo, Alicia Galletti, Hugo Paredero, Gloria Guerrero, Jorge Guinzburg, Carlos Abrevaya, Crist, Grondona White, Carlos Trillo, Tabaré, Viuti, Tomás Sanz, Jorge Sanzol, Raúl Fortín y centenares de profesionales destacados en todas las ramas del periodismo gráfico y el arte.

"Si satirizamos a la dictadura, la vamos a ridiculizar y destruir", afirmó con razón Cascioli y tras la guerra de las Malvinas, en 1982, la revista ya era la más vendida del país, alcanzando picos de 300 mil ejemplares y colas en los kioscos los días de salida. Se había convertido en un ícono, en una bocanada de aire fresco, en un símbolo de complicidad mutua entre sus lectores hermanados en el mudo resentimiento hacia la opresión.

Con los primeros años de la democracia y la llegada del presidente Raúl Alfonsín al poder en 1983 la revista tocó su punto máximo y luego empezó a decaer, de manera lenta hasta su cierre a finales de 1999. En el interín, Ediciones de la Urraca, pasó de un edificio propio y casi comprar una imprenta a la bancarrota, en medio de interminables conflictos gremiales, entre los que se destacó el violento cierre del semanario político "El Periodista", a fines de los 80.

También tuvieron su cuota en la debacle la falta de anunciantes, la relativa capacidad empresarial de Cascioli, mucho menor que la artística, y la caída de calidad del producto, enzarzado en una pelea a muerte contra el gobierno neoliberal de Carlos Saúl Menem (1989-1999).

Cascioli falleció, víctima de cáncer el 24 de junio de 2009, todavía embarcado en múltiples proyectos a la vez, como toda su vida y con una alegría casi infantil al encontrar destellos de talento, y como protagonista recordado de una aventura editorial en la que alguna vez logró embarcar a un país entero.

Leé aquí el primer capítulo del libro.

Opiniones (4)
9 de Diciembre de 2016|09:04
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9 de Diciembre de 2016|09:04
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  1. Tampoco se olviden de SEXHUMOR, ó algo parecido, que también fue excelente-Tabita
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  2. cuyano de alma, hay algunos números que son de antología de como hacer humor político. Muy buena nota por allí tengo guardados algunos números de esta revista de gran nivel. Lo que digo siempre q sale el tema, como se extraña!
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  3. Se olvidaron de varias cosas. La revista tuvo momentos de gran nivel, Trillo y Altuna crearon grandes historietas, el mendocino Luis Scafati (que en esa época firmaba como "Fati") regalaba obras de arte maravillosas, Mona Moncalvillo daba cátedra de reportajes, recuerdo algunos que fueron verdaderamente excelentes, a grandes figuras del arte, la ciencia, la política, con un nivel de conocimiento, una agudeza y una claridad conceptual que desaparecieron de la escena periodística argentina, no existen hoy y muchos puntos altos más (la nota menciona a Cascioli pero había muchos caricaturistas excelentes). Evidentemente ese nivel de intensidad no podía mantenerse largo tiempo y después de unos años la idea se agotó, la calidad bajó bastante y la revista terminó desapareciendo. Esa publicación, de una tal calidad y en un momento tan difícil de censura y represión, dejó una marca indeleble en la historia del periodismo argentino. "Lindo haberlo vivido pa'poderlo contar" como dice la canción de José Carbajal. Saludos
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  4. Muchachos, se olvidaron de Norma Morandini. Una gran revista con grandes periodistas y huevos y ovarios reales, no como los de la "Cámpora".
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