"Los indígenas no fueron víctimas sino actores de la historia"

En "América aborigen, de los primeros pobladores a la invasión europea", el historiador Raúl Mandrini anuda un nuevo enfoque sobre el tema.

Mandrini realiza un análisis diacrónico de la situación, caracterizando procesos, cambios y continuidades, junto a descripciones etnográficas que transforman al conjunto en un relato abierto a múltiples interpretaciones.

América aborigen, de los primeros pobladores a la invasión europea, publicado por la casa Siglo XXI, es un tour de force que abarca varios milenios, varias civilizaciones, varios modos de producción y diversas mentalidades, acaso el material más complicado de transmitir.
 
Mandrini es profesor de historia egresado de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA); es investigador en el museo Juan D. Ambrosetti de esa universidad y publicó, entre otros libros, Volver al país de los araucanosLos indígenas de la Argentina y La Argentina aborigen.
 
En diálogo con Télam explicó que "sincronía y diacronía suelen presentarse como criterios excluyentes al momento de analizar realidades sociales. No creo que sea tan así. Son opciones que cada investigador elige según sus propósitos y objetivos y conforme a la disciplina de que proviene. Por eso me parece que hablar de fetichismo es un poco exagerado"

"Por lo general, aunque no siempre, antropólogos y sociólogos suelen preferir un enfoque sincrónico y las descripciones etnográficas son un buen ejemplo de tal enfoque. Y soy historiador y el análisis histórico es casi por definición, diacrónico, esto es, prioriza el análisis de los procesos, de los cambios y continuidades, y busca en esos procesos la explicación a los fenómenos estudiados. Las otras disciplinas, por el contrario, prefieren encontrar esas explicaciones en las funciones que cada institución o práctica social tiene en el contexto de la sociedad global, o en la estructura que articula y da continuidad a esa misma sociedad", dijo Mandrini.

Sin embargo, para el historiador, "tales análisis no se excluyen mutuamente. Los historiadores, en especial aquellos que venimos de la historia social, consideramos a las sociedades como los sujetos de la historia y entendemos a esas sociedades como realidades totales, complejas y heterogéneas. Así, en el contexto de un análisis que es fundamentalmente diacrónico -la organización del libro se apoya en este criterio- no se excluye el análisis de la sincronía para dar cuenta de esas totalidades sociales en distintos momentos de su historia".

"Por ejemplo, el capítulo 2, destinado a dar un panorama general del mundo americano en el momento previo a la invasión europea, es fundamentalmente sincrónico; los capítulos siguientes son, en cambio, fundamentalmente diacrónicos y buscan explicar, a partir de su propia historia, algunos de los rasgos que caracterizaban a ese mundo en el momento de la transición del siglo XV al XVI", explicó.
  
Para Mandrini, "en nuestro país, la negación del pasado aborigen ha sido mucho más profunda que en otros países americanos donde, aunque sea en forma idealizada, ese pasado sigue formando parte de la historia nacional. Piense, por ejemplo, en México donde el águila azteca se ha convertido en un emblema nacional. En la historiografía argentina en cambio, la descripción de la población aborigen en el momento de la invasión fue, tradicionalmente, un capítulo inicial donde se hacía una descripción de esos pueblos, superficial y atemporal, que servía como  telón de fondo al procesoheroico de la conquista europea. Luego el olvido...", reflexionó.

Mandrini agregó que "en algunos casos, como en los territorios conquistados, fueron reducidos a categorías jurídicas vinculadas con la forma de explotación del trabajo. Se convirtieron en encomendados, en mitayos o en yanaconas. En los vastos territorios no conquistados, como las llanuras y planicies meridionales o las tierras calientes del Chaco, pasaron a convertirse en salvajes o bárbaros sin que se hicieran esfuerzos por comprender esas sociedades. Así, es misma historiografía nos hablaba de unacampaña al desierto realizada por Rosas, o de la conquista de ese mismo desierto por Julio A. Roca. Pero, ¿contra quiénes fue esa campaña? ¿A quiénes se conquistó? ¿Se conquista un desierto, o sólo se lo ocupa? De nuevo silencio. En resumen, privado de sus tierras y marginado, el indígena fue también borrado de la historia. Recién en las últimas tres décadas, algunos historiadores comenzamos a interesarnos y a investigar ese pasado"
 
Ante la pregunta se si podría haber "conquistado" América sin los genocidios masivos de indígenas, el especialista dijo que "el proceso de conquista de América fue largo. Empezó a comienzos del siglo XVI y duró hasta el siglo XX. El mundo cambió, el capitalismo también. Y también sus objetivos, intereses y modos de acción. El genocidio no fue siempre una política alentada desde los estados conquistadores. Al fin y al cabo, los conquistadores también necesitaban mano de obra y en el caso de España, la corona misma reguló la explotación de  los indígenas, muchas veces con disposiciones bastante benignas, sobre todo si se tiene en cuenta la situación de una gran parte de la población europea, principalmente en el ámbito rural. Es cierto, sin embargo, que esa legislación raras veces se cumplía, salvo cuando convenía a los intereses de  los mismos conquistadores".

"El término genocidio encubre distintas situaciones, incluso no buscadas. De todos modos, la mortalidad indígena fue enorme en el primer siglo de la conquista: a los muertos en guerras y combates (las guerras entonces no eran tan mortíferas como hoy) deben sumarse, en otras, las matanzas masivas como represalia, las mortalidad debida a los trabajos forzados, particularmente en la minería, el impacto de enfermedades desconocidas en el continente, como la viruela, cuyo efecto sobre una población carente de defensas fue catastrófico", agregó. 

Para el especialista una situación diferente se plantea en la segunda mitad del siglo XIX, en el contexto de la expansión mundial del capitalismo, con el avance de los nuevos estados nacionales surgidos del proceso revolucionario sobre las tierras y comunidades indígenas que aún permanecían independientes.

Y agrega que "tampoco hay que olvidar la resistencia de la población indígena frente a la explotación, sea resistencia pasiva o levantamientos que a veces se convirtieron en guerras abiertas. Toda la historia americana estuvo, desde el comienzo, marcada por esas resistencias, muchas veces reprimidas con inusual violencia. Los indígenas negociaron, resistieron y lucharon; alcanzaron éxitos y sufrieron derrotas. No fueron víctimas pasivas sino verdaderos actores en esa historia".

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