"Violetta en vivo": el placer de las más chiquitas

La estrella de Disney pisó suelo mendocino por primera vez y en su primera función reunió 3.000 almas. Repetirá tres veces más. Un show magnífico ante (parte de) un público olvidable. Mirá la galería de fotos.

Paulita miraba la foto y el escenario, la foto y el escenario, la foto y el escenario. Mientras tanto cantaba y, cuando se daba cuenta, le sonreía a su madre que iba por la foto número mil con el celular.

Paulita no podía creer que frente a ella, a escasos metros estaba Violetta, la chica de la foto, la misma que viene viendo desde hace muchos meses por TV. Y puso todas sus ganas para no perderle pisada ni paso de baile alguno.

Y como Paulita, había miles de chicas que estaban hipnotizadas con la joven estrellita y toda su compañía que bailaba y cantaba sobre el brutal escenario.

“Violetta en vivo” es así: cautivante, arrollador, preciso, elegante. Es la fórmula Disney en su medida justa: una chica carismática, un grupo de chicos lindos que conlleva la historia, canciones de amor, de alegría, guiños y pasiones desatadas. Y contra eso, más una puesta en escena brutal, no hay con qué darle.

Inteligentemente, el escenario está lleno de pantallas leds que crean ambientes múltiples e impactantes. A eso, hay que sumarle una puesta de luces ajustada y un sonido arrollador para que tanto Violetta como los chicos puedan cantar y mostrarse.

Así, durante una hora y quince minutos, el joven público delira, aplaude, grita, llora y patalea. Y es feliz como Paulita que durante años recordará este día y ese show que la sacudió de cuerpo entero.

Una queja generalizada: no hubo aire acondicionado en el Stadium y la verdad es que el ambiente se tornó insoportable.

Esas madres incontrolables…

Es de locos, pero en este tipo de eventos para niños y adolescentes los peores que se portan son los padres. Y por lo general, las madres (porque son muy pocos los padres que hacen su aparición).

En el primero de los show de Violetta su cumplió con el manual de las desubicaciones a pleno:

-no querer sentarse en las localidades que ha comprado;

-ocupar butacas que no les corresponden y quejarse airadamente cuando se las reclaman;

-pararse y no dejar ver a los demás;

-querer filmar a sus hijas sobre el escenario (o lo más cerca posible);

-sentar a su hija sobre los hombros no permitiéndole a los de atrás ver el show;

-querer entrar atropellando, sin  querer hacer fila como todos;

-usar a la niña como escudo anti-todo;

-no hacer caso a ninguna de las indicaciones sugeridas;

-lograr que la hija se avergüence de su madre;

-la lista sigue…

Es aburrido tener que escribir siempre lo mismo pero peor es ver que no cambiamos como sociedad, que seguimos siendo energúmenos.

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19 de agosto de 2017 | 16:22
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