Black Sabbath reivindicó las raíces del heavy metal con un show notable

Ozzy Osoburne y sus compañeros de Black Sabbath ofrecieron anoche un inolvidable concierto en el estadio Único de la Plata, en donde expusieron a libro abierto el origen de heavy metal, sus raíces, variantes y estilos.

Con una actuación notable, los Sabbath confirmaron su título de padres fundadores del heavy metal, y en cada canción, cada riff, cada golpe de batería, pusieron en evidencia dónde se inicio todo.

Ozzy, el notable guitarrista Tony Iommi y el bajista Geezer Butler son la piedra fundacional del género y solo basta con escuchar cada canción para saber de dónde surgieron Iron Maiden, Judas Priest, Metallica y hasta sus teloneros Megadeth.

Ozzy es sin dudas el “Príncipe de las Tinieblas”, pero Iommi forjó todos y cada uno de los riffs donde abrevaron James Hetfield, Kirk Hammet, Dave Mustaine y varios guitarristas claves del heavy moderno.

En esas tres viejas Gibson SG y casi sin pedalera comenzó todo, se continúo en las oscuras y siniestras letras del bajista Geezer Butler y en el andar alocado, descontrolado, de paciente esquizofrénico de Ozzy, se pueden encontrar los pilares del heavy.

Anoche el viejo baterista Bill Ward fue reemplazado por Tommy Cufletos, integrante de la banda de Ozzy, quien confirmó con  garra demoledora, potencia notable y justeza exquisita, por qué merece hacerse cargo de los parches en esta gira regreso de Sabbath.

Un escenario íntegramente negro, con el pequeño angelito diabólico de Sabbath iluminado con poderoso rojo, con una pantalla gigante detrás de Cufletos y dos más, una en cada costado, fueron el marco para una noche impactante.

Ozzy es un frontman notable, anoche evitó cualquier tic de anciano victima de Alzheimer, y se puso en la piel del protagonista de cada canción, sonando diabólico cuando la canción necesitaba, loco y desquiciado en otras y completamente sombrío en otras.

El concierto abrió con un clásico “War Pigs” de su segundo disco, que confirmó una vigencia notable ya que allá en 1970 era una diatriba contra los políticos de esa época y contra la Guerra de Vietnam, y anoche cobró nueva vida de la mano de Iommi, uno de los guitarristas zurdos esenciales de la historia del rock.

La canción abrió lenta, densa sobrecargada de capas, allí nació el rock stoner, y luego viro hacia un enloquecido himno cuyo riff era coreado por todo el estadio de, y la marea no se detuvo cuando Iommi desato una tormenta eléctrica para los seis minutos de “Into the Void” del disco “Masters of reality” (1971).

En la gigantesca pantalla ubicada detrás de Cufletos comenzaron a exhibirse escenas de exorcismos, de rituales vudú, de paranoicos pastores televisivos, mientras Ozzy recitaba la letra de “Under the sun” del disco “Black Sabbath vol 4” (1972), donde la banda carga contra el fanatismo religioso y la manipulación de las sociedades a partir de la fe de la gente.

La banda se animó inclusive a ser más autorreferencial que nunca al tocar “Snowblind” en la que Ozzy, ayudado por las filmaciones en pantalla, recordó sus peores épocas de adicto a las drogas y al alcohol, mientras se veia al Tony Montana de Al Pacino aspirar una montaña de cocaína sobre un escritorio.

Ahí llego el turno de la primera canción de “13”, su disco del regreso, “Age of reason” en la que Iommi genero un riff bien denso y se apoyó en la virtuosa base que conforman Butler y Cufletos para darle a Ozzy la banda de sonido, para que este realizara un tortuoso viaje por la mente de un paciente psiquiátrico.

La sucedió otro himno, “Black Sabbath”, que durante muchos años fue considerado una oda al satanismo y las ciencias ocultas. Más rápido, veloz y enloquecido sonó otro clásico, “Behind the wall of slepp”, donde Butler y Cufletos también se adjudicaron el nacimiento del groove metal, haciendo prodigios con sus dedos y sus palillos.

La banda no dio un segundo de paz y enganchó la canción con “Nib”. Luego llegó la lección de ocho minutos de metal crudo y primario que se llama “End of beginning”, pero enseguida bajó unos cambios para meterse en “Fairies wear boots”, dedicado a los efectos del LSD y otras alucinógenos, con un ritmo más bluesero, más cadencioso.

Ozzy se tomó un descanso mientras la banda toco “Rat Salad” que dejo el escenario a oscuras para que las luces se prendieran sobre la figura de Cufletos, quien entregó un solo notable, climático, sin caer en el tedio que puede significar una instrumental por parte de un baterista.

Tras unos tres minutos con Cufletos aporreando la batería, Ozzy, Butler y Iommi emergieron juntos para tocar una canción clave en el nacimiento del metal, “Iron Man”, en una versión apoteótica con todo el estadio coreando el riff y el trabajo de Iommi.

Después de la nueva “God is dead”, los Sabbath se pusieron más hard rock con “Dirty Woman” y al momento de “Children of the grave” Ozzy estuvo a un ápice de lograr que la multitud demoliera el Unico, solo con el sacudir de sus cabezas.

Tras un breve descanso, la banda volvió para tocar “Paranoid”, el clásico más grande de la historia del metal, que operó como cierre ideal para una noche en la que los Sabbath sonaron estupendos y abrieron de par en par las puertas del género.

Opiniones (1)
24 de septiembre de 2017 | 02:20
2
ERROR
24 de septiembre de 2017 | 02:20
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Gloriosa noche. Gracias Megadeth y Sabbath!
    1
En Imágenes
Finalistas del concurso 'El fotógrafo del año de la naturaleza salvaje'
20 de Septiembre de 2017
Finalistas del concurso 'El fotógrafo del año de la naturaleza salvaje'