Deportes

Passarella se retiró corriendo y entre insultos

El presidente millonario pasó un mal domingo. Estuvo en la cancha para presenciar el Superclásico, pero se marchó para evitar una reacción.

La tarde del domingo, lejos estuvo de ser feliz para Daniel Alberto Passarella. El actual presidente del Club Atlético River Plate, que todavía no decidió qué hará en las próximas elecciones de diciembre (entresemana había solicitado 15 días más para tomar una decisión definitiva), estuvo en la cancha para presenciar el Superclásico entre el "Millonario" y Boca en el marco de la Fecha 10 del Torneo Inicial.

Pero si bien el escenario donde se llevaron a cabo las acciones fue el Monumental, con un tremendo "ambiente" de 60 mil personas alentando al equipo de Ramón Díaz, el desenlace fue el peor de los imaginados para el "Kaiser", autoridad máxima de la institución de Núñez, quien se habrá sentido como un integrante de la delegación visitante.

Más allá de la dolorosa derrota 1-0 del equipo, como consecuencia del gol anotado por Emmanuel Gigliotti, Passarellasufrió "en carne propia" el malestar de la gente con su gestión presidencial.

Cuando todavía restaban unos 10 minutos para la finalización del partido, pese a que River buscaba con la pelota e insistencia la igualdad en el marcador, el mandatario tomó la determinación de marcharse del estadio acompañado por su círculo íntimo y fuertemente custodiado por hombres de seguridad.

Literalmente a las corridas por el anillo del Antonio Vespucio Liberti, en búsqueda de su auto particular para evitar el congestionamiento popular con el juego concluido, igualmente Passarella se cruzó con fanáticos que habían "copiado" su iniciativa de irse antes del pitazo de Germán Delfino y soportó una "catarata" incesante de insultos hacia su persona. Realmente, un hecho desagradable para cualquier persona, pero más para un directivo que siente el crédito agotado.

Golpeado por los resultados de las encuestas realizadas en los últimos meses, que manifiestan poco apoyo hacia su intención de buscar la reelección, el presidente sumó un nuevo capítulo de disgustos a su etapa como dirigente más influyente de la vida riverplatense. Pero el agravante de la cuestión es que el mismo pudo haber sido el último de unahistoria poco feliz, que tendría a la vuelta de la esquina un punto final.
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10 de Diciembre de 2016|14:11
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