Babasónicos sale a conquistar América y España

Con la salida de “Romantisísmico”, su nuevo álbum, la banda tendrá un lanzamiento en toda América (EE.UU. incluido) y España.

Desde las oficinas de su management, ubicadas en algún lugar de Buenos Aires que no se develará por pedido de los involucrados, Babasónicos planea de manera reservada lo que es hasta el momento su empresa más ambiciosa: la conquista de América, de la mano de su nuevo disco, Romantisísmico.

Y más allá que el guitarrista Mariano Roger odie la definición (“¿Por qué se habla del post Jessico y no del post Infame?”), se percibe un clima similar a la salida de Jessico, con la tranquilidad de que el background interno y externo no es el mismo que en esas espantosas jornadas de 2001 previas a la debacle total. El obligado ejercicio de memoria caprichosa hace recordar que el ascenso del disco insignia del grupo comenzó con conciertos adelanto en el actual Teatro Vorterix para luego, tras un paso por el Gran Rex, desembocar en aquel recordado Luna Park: algo parecido a lo que ocurrirá en breve con la “Trilogía Romantisísmica” de recitales que se viene. Y algo análogo y también antojadizo pasa si comparamos su situación contractual de entonces (Jessico fue el primer disco que editaron en Pop Art) con la actual (el flamante Romantisísmico marca su regreso a Sony Music, pero esta vez vía su filial mexicana) o si advertimos que por aquel entonces el grupo había sufrido una deserción (DJ Peggyn) y que ahora experimentó un cambio de roles (el ingreso de Tuta Torres al bajo y la redefinición de Carca como multiinstrumentista). “Somos una banda nueva”, es el latiguillo que más repetirán durante la entrevista tanto Roger como el frontman Adrián Dárgelos. Una frase que también podrían haber dicho en 2001.

¿De dónde sale el concepto de Romantisísmico? Es un regreso a los neologismos esdrújulos como “Gronchótica”, que parecía que habían abandonado…

Adrián : Sale de Panza, el baterista. Lo del neologismo fue lo primero que pensé y por eso me daban ganas de sacarlo, pero como no es una idea mía me gustó más. Un amigo sacó unas fotos y yo les escribí un texto debajo. Eran fotos sobre los protagonistas del disco con un objeto favorito de los que había utilizado: Panza está con un pico y una pala, yo estoy con mis cuadernos... Cuando en una esas fotos no sabía que poner Panza me dijo “Ponele Romantisísmico”. Y me pareció que estaba bien. Después, entre todos los posibles nombres que nos fueron surgiendo como catarata, ninguno lo superaba. Quizás a Panza le fue más fácil verlo todo desde afuera, el conjunto de las letras y la música y poder decir eso. En un tiempo de romanticismo corrupto, honorabilidad dudosa y devaluación de la dignidad, el disco opina de las relaciones humanas como si fueran instituciones con una moral que está establecida, pero no por el que canta.

Mariano : Yo noto un corte con A propósito, que tiene más paletas y es más estilista. Tiene puntos que no veníamos investigando desde Miami: un antiguo eclecticismo nuestro. Hay temas como Humo, que poseen cosas que habíamos abandonado hace mucho: muchas partes diferentes, muchos ritmos. Algo más barroco, que no estábamos explorando mucho ya que estábamos más concretos.

En el disco hay bastante diálogo entre la batería de Panza, la percusión y las programaciones. ¿Cómo llegaron a esa forma rítmica?

Mariano : Lo que vos escuchás es la nueva dinámica de una banda que tiene una parte nueva, que es Tuta tocando el bajo y Carca reformulado en un multiinstrumentista bastante dedicado a la percusión, pero que también aporta guitarras, canta y toca theremín. Carca toca muchas congas, y eso que escuchás tiene que ver con ese trío nuevo, más allá que siempre hay un elemento percusivo en nuestra música. Pero Carca se reveló como un muy buen conga player. Y ese personaje que desarrolló se nota en canciones como Negritas, que es como un seudo dub o reggae, ya que no posee ningún estilo musical puro: tiene pulsiones de esa índole, pero es una canción cien por ciento de Babasónicos. Esa idea percusiva en La lanza también está muy presente, desde otro lugar.

¿En qué los beneficia el cambio de compañía discográfica en función a la proyección de la banda en Hispanoamérica?

Adrián : Es tan poco relevante eso... Nosotros sí o sí necesitamos una distribución regional simultánea, ya que nuestros discos salen en 16 o 17 países de Hispanoamérica. Anteriormente hemos funcionado de manera independiente en todos lados, pero era dificilísimo, te diría que imposible coordinar los lanzamientos. Hablo de una época en la que sí existía Internet, pero no con la velocidad de hoy en día. En el mundo actual ese modelo sería para Babasónicos una réplica de desinterés, más que nada porque nosotros somos una banda que presenta un espectáculo itinerante. Nosotros vamos a tocar por quinta vez en el Auditorio Nacional del DF mexicano en noviembre, para 10 mil personas sentadas. No hay muchas bandas argentinas que hayan tocado ahí. Cuando volvió Soda tocó en el Foro Sol para 60 mil personas, lo mismo que los Cadillacs. Creo que Cerati como solista hizo una vez el Auditorio, Calamaro también, una o dos veces.

Mariano : Está todo por verse. La verdad es que tuvimos una etapa en Universal que nos sirvió mucho para expandir nuestra situación fuera del país, ya que crecimos mucho en México y en toda la región. Y cuando llegó el momento de renovar el vínculo notamos que tal vez necesitábamos otras cosas.

¿Hay alguna banda nueva en la que puedan reconocer la influencia que ejerció Babasónicos?

Adrián : Somos muy iconoclastas y nunca reparo en eso, en Babasónicos como patrón. A los únicos que creo que influimos fue a Kapanga, pero digo esto porque son mis amigos y los conozco de cuando eran público nuestro. Distingo que hay en ellos algo de nosotros y algo de los Decadentes, pero no me doy mucha cuenta, ya que somos tan únicos y tan raros... Me encantaría que aparezcan unos como nosotros que salgan al choque como cuando salimos. Nosotros ahora no tenemos nada contra lo que chocar, estamos en otra clase de choque. Veo algunas cosas nuestras folk en Onda Vaga, y en Doris había algo también desde la psicodelia. La escena me gusta un poco más ahora de lo que me gustaba cinco años atrás.




Fuente: Pablo Strozza, Clarín.
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