El hombre más rico de la historia en un mapa de 1381

Era un sultán que desestabilizó el precio del oro. En el bello mapa se dibuja por primera vez la rosa de los vientos y la circunferencia de la Tierra.

El personaje aparece en un mapa maravilloso, obra de cartógrafos judíos de la escuela mallorquina, de 1381. El sultán africano, Mansa Moussa, del que hoy se sabe que ha sido el hombre más rico de la historia.

Plagado de oro, tenía tanto, que desestabilizó su valor en oriente al repartirlo con proverbial prodigalidad durante su peregrinaje a la Meca, relata Andrea Zucas en su blog Espejo de navegantes, donde podés leer la historia completa.

El hijo del rey Pedro de Aragón, el Infante Juan, Duque de Gerona, quiso obsequiar al joven y flamante rey de Francia, Carlos VI, (quien tenía 11 años), algún detalle de valor, donde se pudiesen “lucir” sus conocimientos. Le costó, 150 Florines de oro de Aragón y 60 libras Mallorquinas, una fortuna.

Era el hijo del “Ceremonioso” y lo consideraba adecuado, entonces, lo encargó. El mapa era una creación de Abraham Cresques, que había muerto entonces, y su hijo Jehuda, también cartógrafo real, maestro de la escuela mallorquina, sería el responsable de reeditarlo, renovándolo para tal fin. Su entrega: noviembre de 1381.

El mapa era una demostración propagandística de gran poder, desde una óptica centrada en el Mediterráneo, del mundo conocido en el siglo XIV, reunido en seis pliegos de pergamino, dos a modo de tapas y con marcos de madera de 65 cm. por tres metros de largo donde un rey, declara su poder, propiedad y control.

El lenguaje de este mapa es muy claro, preciso, con un orden jerárquico de valores en varios “planos de lectura” y simbología. A los Cresques se le ordenó que crearan este mapa con las últimas técnicas del momento y los mejores materiales donde los dorados realzan las barras de Aragón, distintivo personal de los reyes. Los mismos cubren Baleares, Sicilia, Córcega y Cerdeña, precisamente porque habían sido motivo de disputa y por eso el reino de Nápoles aparece sin marcas relevantes como los demás.

Las costas del Mediterráneo se delinean a la perfección, las naves llegan a los confines de África, se conocen todas las ciudades, arquitecturas relevantes, leyendas, y los reinos que lo rodean sea cual sea su raza, religión y comercio. Y Jerusalén aparece como el centro del mundo.

En los primeros pliegos aparece un tratado de astronomía que demuestra sus conocimientos del universo. Se dibuja por primera vez, la rosa de los vientos, con sus 32 direcciones, y sus 8 vientos principales, en el N, se dibuja una estrella polar y en el E, -oriente-una estilización que recuerda el candelabro sagrado judío, el menorah. Posteriormente, esta rosa, inspira a Mercator en sus proyecciones, modelo conservado hasta nuestros días.

Las ciudades cristianas se diferencian de las musulmanas por una cruz. Se dibuja la Meca, la Torre de Babel, Tombuctú y hasta el arca de Noé, viajeros, los reyes magos, caravanas comerciales, animales exóticos…

También se representa la ruta de la seda, de camino a Catai, la ruta de Pekín y otros caminos relevantes. Los Cresques habían leído los escritos de los viajes de Marco Polo, Jean de Mandeville, de Benjamín de Tudela y del misionero Jordanus del 1340.

La hidrografía y orografía estructuran los espacios, aquí importaban los territorios. Las islas del este se nombran y se numeran: 7.548.

En sus tapas, la cosmografía demostraba importantes conocimientos, hasta la circunferencia de la tierra debe de haber sido de utilidad a descubrimientos posteriores, por su aproximación a la real.

Se conserva, como una joya de colección, en la Biblioteca Nacional de Francia, París.

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