Andahazi debuta en la literatura infantil

El escritor presentó su primer libro para niños, "Tres secretos para aprender a volar", un conjunto de relatos con moraleja inspirados en sus hijos.

La particularidad de esta obra no se agota en el cambio de género, ya que para esta ocasión el autor de El anatomista trabajó junto a su esposa, Aída Pippo, a cargo de las ilustraciones de este libro dirigido a niños de 8 años en adelante.
 
Andahazi esboza una explicación para el cambio de rumbo dentro de su escritura: "La literatura es una actividad profundamente infantil. Esto de que alguien nos tome en serio a los escritores me parece asombroso porque hacemos lo mismo que los chicos: contar historias, dibujar, pintar, inventar", ejemplifica durante una entrevista con Télam.
 
"Este libro tiene exactamente el mismo espíritu de los chicos", afirma el autor de Pecar como Dios manda, que encontró un justificativo para mostrarle parte de su literatura a sus hijos, a quienes hasta ahora les estaban vedadas las ficciones paternas.
 
"Eso de tener el rótulo de escribir erotismo pesa más de lo que yo me doy cuenta. Pero como en el fondo soy moralista, al menos con mi hija de 11 años, le di a leer este libro para calmar su ansiedad y los demás se los vedaré hasta los 15, pero seguro que será hasta los 18 y por qué no hasta los 29", describe entre risas.
 
"No hago una diferenciación entre la literatura para adultos y la de los chicos. Es una sola y por distintas circunstancias tomás un camino u otro, pero es lo mismo escribir para chicos o grandes... es el mismo lugar subjetivo", explica Andahazi.
 
Tres secretos para aprender a volar (Planeta) narra la historia de Dano Diamant y su tortuga Margarita, que experimentan juntos diversas aventuras. El libro cuenta dos historias de estos personajes: una que le da el nombre al libro y que enumera todo lo necesario para alcanzar la libertad, y otra titulada "Dano y el gigante asiático", donde no faltan dragones y aventuras del otro lado del planeta.
 
La historia del personaje comienza cuando decide despojarse de todas las pertenencias: juguetes queridos, regalados y hasta los que compró con sus propios ahorros, mientras su mascota -una tortuga llamada Margarita- lo observa desde lejos con la sabiduría de sus años.
 
"Desde hacía un tiempo Dano había descubierto que la mayor parte de sus cosas eran un problema y que si las regalaba no haría más que pasar su problema a otro chico", relata Andahazi en su historia.
 
A esta reflexión llegó un día que tenía los ojos rojos porque jugar mucho a los jueguitos y descubrió, mirando por la pequeña ventana que tenía su cuarto, que a las aves nada las sujetaba al suelo, iban livianas. ¿Cuál sería el secreto?
 
"Este libro es apenas una muestra de lo que sucede todo el tiempo en la casa: contar historias, dibujar, crear y cumple la función de que por fin puedan leer lo que escribe papá", explica entre risas Pippo, ilustradora, escenógrafa y creadora de personajes de dibujos animados en la Argentina y en Italia.
 
Si bien no es la primera vez que trabajan juntos, -Pippo intervino en el libro El secreto de los flamencos- sí es la primera vez que un proyecto realizado conjuntamente sale a luz.
 
"De alguna forma este libro fue escrito e ilustrado para nuestros hijos. Es un reflejo de una actividad cotidiana: contarles historias, dibujar", explican.
 
"El personaje central, Dano, es entrañable -desliza Pippo-. Federico lo pensó desde el lugar que nos gusta transmitirle un mensaje a los chicos, no sólo una historia. Todo surge a partir de sus preguntas, pensamientos y reflexiones, cosas que tienen que ver con la crianza", asegura la diseñadora de los personajes del Parque de la Costa, entre otros trabajos.
 
"Además cuento -aclara el autor- cosas como lo que nos inculca la sociedad, eso de suplir tiempo y calidad para estar con nuestra familia con cosas materiales".
 
"Los chicos lo ven con más claridad que los adultos lo que pasa es que en ellos se hace más dramático y tangible. Uno se llena de aparatos tecnológicos que no sabe manejar y a los seis meses ya son obsoletos. Pero mientras esta sensación es relativamente novedosa para nosotros, los chicos conviven con ella casi desde que nacen", sostiene.
 
"Reemplazar el cuidado y el cariño con juguetes no reemplaza la relación entre ambos. Si uno ve los canastos de juguetes se encuentra con fragmentos monstruosos y uno se desvive para  comprar «espejitos de colores»", reflexiona con asombro.
 
La cuestión de los juguetes que no cumplen las expectativas de los chicos, la relación de los pequeños con las mascotas y con el mundo de fantasías que recrean en sus propios juegos -muchas veces con cosas rudimentarias como una madera y un hilo-, son algunas de las cosas que aborda esta aventura editada por Planeta.
 
"La literatura infantil en nuestro país está dentro de las mejores del mundo desde siempre. Lo bueno es que le estén prestando atención los medios para ayudar a su difusión", comenta.
 
"A mí no me resulta extraño porque sé que hace mucho tiempo se está trabajando a pulmón desde muchos lugares y eso hizo que haya también editoriales chiquitas que se lancen al mercado editorial", acota Pippo.
 
"Yo, como muchos otros, me hice escritor gracias a lo que mamé de chico -asegura el autor de El conquistador-. Los chicos prefieren que se les hable en el mismo idioma y que las historias que se le estén contando sea de la misma cuadra donde viven... no es tan difícil conseguirlo", remata Andahazi.

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5 de Diciembre de 2016|11:06
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