Anticipo: un capítulo del libro "El kirchnerismo feudal"

Editorial Planeta presentará próximamente el último libro del periodista Diego Rojas, dedicado a mostrar qué es el kirchnerismo en las provincias.

El periodista Diego Rojas repasa, en un libro editado por Planeta que todavía no llega a las librerías,  qué configuración adquiere un kirchnerismo que, en general, es identificado con el "progresismo" y hasta con la izquierda, pero que en las provincias adquiere diferentes personalidades. Tucumán, Formosa, Santa Cruz y Salta en el centro de su análisis.

En el anticipo, “Salta, la capital de la Iglesia”

En una de sus tantas escuelas, dos centenares de niños que visten guardapolvo blanco se encuentran formados en hileras en el patio del edificio. “Señor Jesús, te pedimos…”, dice una maestra por el micrófono y los dos centenares de chicos repiten: “Acompáñanos en el aula, para aprender, obedecer y compartir”. No se trata de un sábado en el que las instalaciones fueron prestadas a un grupo religioso porque carecían de ellas para el dictado de catequesis o algo por el estilo, sino de la cotidiana apertura del horario de clases.

Todos los días, en la provincia de Salta, los niños que asisten a escuelas públicas inauguran su jornada rezando, una práctica reñida no solo con la política de separación de la Iglesia y el Estado y el laicicismo, sino con el respeto a la diversidad y hasta al mundo contemporáneo. El rezo católico al ingresar a las aulas salteñas es impulsado por la Iglesia con el acuerdo del Estado. Y la práctica de ritos de esa religión en instalaciones educativas públicas no se detiene ahí: la docencia puede elegir también dar inicio a sus clases con una oración y es común que se bendiga la copa de leche.

Desde 2008, y debido a una ley impulsada por el gobernador kirchnerista Juan Manuel Urtubey, la hora de religión es una materia obligatoria en las escuelas estatales de la provincia, lo cual implica un claro retroceso desde todo punto de vista: cultural, político y hasta económico. Las horas de religión en la escuela pública plantearon un problema a los padres que defienden el laicismo, ya sea por principios o porque no comparten la religión católica o no profesan ninguna otra. También implica un comportamiento que obliga a la discriminación fáctica de los niños que no practican el catolicismo, con las consecuencias que ello implica.

—¿Hoy tuviste religión? ¿Al final te dejaron ir a la biblioteca? —le pregunta Alejandra Glick a su hija de 10 años mientras habla por teléfono con este cronista.

La niña le responde que sí.

—Qué bueno —dice la madre, y luego explica—: Este año fue difícil porque al principio hice una nota aclarando que permitía que mi hija fuera a la biblioteca en el horario de religión, pero debido a que no estaba el acta, o no estaba presente la directora, o porque la maestra no le creía a mi hija, la hacían quedarse en el horario de religión. Por suerte parece que justo hoy se arreglaron las cosas.

Es el mes de julio de 2013, a mitad del ciclo lectivo. Alejandra Glik tiene tres hijos, dos de los cuales actualmente asisten al secundario, y es una de las nueve adres que interpusieron un recurso de amparo judicial para prohibir la hora obligatoria de religión en las escuelas primarias, acción a la que recurrieron luego de solicitar al Instituto Nacional contra la Discriminación (Inadi) que tomara cartas en el asunto, sin lograr resultados.

—Tengo tres hijos, mi familia no practica ninguna religión —explica Glik—. Para nosotros, la religión es algo privado, algo concerniente a tu conciencia individual.

Los chicos decidirán luego si creen o no, o ya lo van decidiendo, pero no es algo que les impongamos. Por eso tampoco lo debe hacer el Estado.

—Su hija ahora tiene el permiso para ir a la biblioteca. ¿No siente ella, o sintieron sus niños antes, una situación discriminatoria?

—Claro que implica una diferenciación de hecho con sus compañeros. Porque no se trata solamente de la hora de la religión, sino del rezo en la entrada a la escuela, de la oración cuando empieza la clase con la maestra, de la bendición de la copa de leche o el almuerzo. Cada uno de estos ritos depende de cada maestra, no todas son igual de insistentes. Pero la orbitación de la religión católica no se produce solo en la hora de religión, sino que se da todo el tiempo. Este año, el 25 de mayo un cura fue al acto para bendecir a la patria.

—¿Qué les decían sus compañeros a sus hijos más grandes o qué le dicen a la más chica actualmente cuando los ven irse de la hora de catecismo?

—Con los compañeros es hasta gracioso, porque se preocupan, y se preocupan porque los quieren. “¡¿Cómo no vas a creer?!”, les dicen o les advierten que se van a ir al infierno, pero eso tiene el tono del cariño y la preocupación. El problema surge muchas veces con las maestras, que les cuestionan la decisión y les dicen: “Ya vas a comprender lo que te perdés cuando seas más grande”, o peor todavía, cuando les piden que expliquen, delante de sus compañeros, en qué cree su familia. En esos casos ellas ejercen la discriminación de un modo concreto.

—¿Cree que se está violando un derecho de sus hijos?

—Es un cercenamiento de los derechos de todo el mundo, incluso del de los mismos creyentes. Pensar que se debe imponer una verdad de la mayoría y que la minoría se tiene que joder, porque ese es el discurso, es una forma muy grave de la intolerancia disfrazada del derecho a ser educados religiosamente, que al final termina perjudicando. La obligatoriedad de la educación religiosa que firmó Urtubey implica un verdadero retroceso.

Graciela Abutt Carol es la abogada patrocinante del ampa- ro interpuesto por nueve madres para que cese la educación religiosa en las escuelas. En julio, la causa que lleva adelante sufrió un duro revés, ya que la Corte Superior de Justicia de la provincia falló contra la primera decisión judicial, que había prohibido las prácticas católicas dentro de las instituciones educativas públicas. Ello implica un aval a la obligatoriedad de que los niños se eduquen bajo la influencia de la Iglesia católica.

—En 2008, Urtubey envió al Congreso una ley que fue aprobada y que implementó la educación religiosa en las escuelas públicas —cuenta Abutt Carol—. No es que antes no hubiera esa educación religiosa, ya que esta es una provincia donde la Iglesia católica tiene un enorme poder, pero la ley modificó el panorama al establecer que debe haber educación religiosa de manera obligatoria.

—¿Cuál fue la reacción ante tal medida?

—En aquel momento, doscientos padres y madres firmaron un petitorio en el Instituto Nacional contra la Discriminación (Inadi) pidiendo que se dejara sin efecto la ley, pero no pasó nada. Entonces, nueve madres decidieron accionar ante la Justicia y realizamos un amparo contra la educación religiosa obligatoria. En un primer fallo, el juez Marcelo Domínguez nos favoreció con la sentencia, y estableció que se debía prohibir las prácticas católicas en las aulas.

—¿Por qué especificó la educación religiosa como “prácticas católicas”?

—Cuando se dice “educación religiosa” en esta provincia no se trata de otra cosa que de catolicismo. La ley dice que los padres pueden pedir otro tipo de educación religiosa, pero eso no sucede.

—¿Qué pasa con las familias judías, por ejemplo?

—Nada. Por eso la DAIA de la provincia misma ha planteado reclamos, así como los evangélicos o los testigos de Jehová. Salta registra el mayor número de pueblos pertenecientes a las comunidades originarias. Según el último censo existen trece etnias diferentes y esas comunidades no son católicas.

En los lugares del campo en los que están sus escuelas, sin embargo, se les enseña obligatoriamente la religión católica.

Es tal la hegemonía del catolicismo que la materia Educación Religiosa solo se imparte a los docentes en un terciario religioso dirigido por la Iglesia, llamado Monseñor Tavella.

—¿Qué pasa si un padre quiere una enseñanza laica y científica para sus hijos?

—Ese es mi caso; por ejemplo, yo no profeso ninguna religión.

Pero si quiero mandar a mi hijo a la escuela pública tengo que aceptar que se le enseñe la hora de religión con catecismo católico de manera obligatoria.

—¿Pero no hay otras opciones para esos niños?

—Urtubey tiene un modo de operar que yo llamo cinismo funcional, hace como que cumple pero en realidad no hace nada para cumplir las leyes que van en contra de sus designios.

Por ejemplo, la sentencia de primera instancia prohibía las prácticas católicas en la educación pública. Lo que hizo Urtubey fue dictar una circular que decía que se suspendieran esas prácticas, pero nunca se suspendieron en realidad.

Hace que cumple, pero no cumple. Hizo lo mismo con el aborto no punible. Hay una ley nacional que obliga a que haya educación sexual en las escuelas, pero en las escuelas salteñas públicas no hay educación sexual. Es una de las causas de que tengamos la tasa de embarazos adolescentes más alta del país y la tasa de aborto clandestino más elevada. La nación mandó cartillas de educación sexual para las escuelas, pero Salta las devolvió.

—¿Qué sucedió con la resolución que prohibía las prácticas católicas en las escuelas?

—El gobierno apeló y la Corte Superior de Justicia de Salta dictó una sentencia vergonzosa, que dice que la nación argentina se estructura alrededor de la religión católica. Por lo tanto, el catolicismo es mayoritario y los niños católicos se verían

discriminados en caso de que se les privara de su hora de religión, entonces los otros niños deben aceptar esta enseñanza religiosa porque la mayoría es católica.

El gobierno usa la educación primaria para la reproducción de la religión hegemónica debido a que el gobernador Urtubey tiene una alianza con los sectores más conservadores de la Iglesia.

La demanda había sido interpuesta por el grupo de nueve madres patrocinadas por Abutt Carol y la Asociación por los Derechos Civiles. El amparo pretendía, a través del dictamen de inconstitucionalidad de los artículos referidos a la

obligatoriedad de la educación religiosa contenidos en la Ley de Educación Provincial 7546, que la justicia impidiese con carácter general la enseñanza de la religión católica en las escuelas públicas de Salta, dentro del horario escolar, por considerar que esa actividad es contraria a la libertad religiosa y al derecho fundamental a la igualdad y la no discriminación.

El amparo fue rechazado por la Corte Superior de Justicia de Salta debido a que no considera discriminatoria “la separación de los niños entre quienes reciben esa enseñanza y quienes no lo hacen, resulta razonable y no menoscaba el derecho a la igualdad”. Tampoco considera discriminatoria la instrumentación de un  formulario obligatorio que tramitan las escuelas de la provincia por aplicación de la Disposición Nº 45 de la Dirección General de Enseñanza Primaria, en el que los padres son conminados a comunicar por escrito al centro escolar las creencias religiosas de sus hijos. Por el contrario, la Corte dictaminó que el método del formulario “asegura el respeto a la libertad y a la dignidad de todos los alumnos que concurran a las escuelas salteñas”.

Para los miembros de la Corte salteña, la Argentina es un país “jurídicamente estructurado desde su fundación como una nación católica apostólica romana” y Salta “tiene una población mayoritariamente católica”. El tribunal basa este razonamiento en “sus múltiples manifestaciones culturales y en las  exteriorizaciones de su fe, como, por ejemplo, la procesión en honor al Señor y la Virgen del Milagro que se realiza todos los años el día 15 de septiembre”.

El fallo continúa: “La libertad religiosa, aplicada al ámbito de la enseñanza escolar, no debe ni puede ser entendida en el sentido de la exclusión de todo lo religioso”, y señala que, de no impartirse educación religiosa en las escuelas públicas, se “perjudicaría a los niños de los sectores carentes de recursos que no pueden concurrir a una escuela privada o que viven en lugares alejados de los centros urbanos y cuyos padres, muchas veces por razones laborales, no tienen posibilidades de instruirlos en la religión”.

En definitiva, los jueces del máximo tribunal, Guillermo Alberto Posadas, Guillermo Alberto Catalano, Gustavo Adolfo Ferraris y Sergio Fabián Vittar, concluyeron que las normas cuestionadas no discriminan a aquellos alumnos que no deseen cursar la materia religión.

“Se ha validado la ley provincial —opinió el gobernador Juan Manuel Urtubey—. Querían prohibir las prácticas de la religión católica, y nosotros queríamos saber si iban a prohibirque los chicos participen de la fiesta del Señor de los Milagros.

La mitad de las escuelas salteñas tienen nombres de santos, queríamos saber si iban a querer que les cambiemos los nombres. Era algo impracticable. La Corte nos ha dado la razón”.

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