Error de cálculo: diez científicos que terminaron en la cárcel

De Galileo al "Doctor Muerte" y de Anna Freud a Timothy Leary, muchos científicos "desafiaron" la autoridad y fueron encerrados.

El estatus del científico es quizá uno de los más respetables de la sociedad moderna, uno que pasó del misterio y el asombro, el temor que despertaban personajes como los alquimistas o los antecesores de los médicos, a la atribución del prestigio que dan la sapiencia y la erudición.
 
Esto, sin embargo, no exime a los científicos de incurrir en faltas propias de la naturaleza humana y de otras punibles según la convención social, legal y religiosa de su época.
 
Aquí, una decena de científicos que por algún motivo cayeron bajo la jurisdicción de alguna autoridad que terminó sancionándolos con cárcel.

1. Galileo. El Galileo del “Eppur si muove” no tuvo este único desplante ante la autoridad eclesiástica. Autorizado por el papa para escribir un diálogo en el que comparara las teorías geocéntricas y heliocéntricas, Galileo le otorgó al personaje heliocentrista todos los buenos argumentos y al geocentrista todos los malos. A este último personaje, lo llamó “El simplón” e incluso puso en sus diálogos declaraciones textuales del papa. El desplante le valió la pena de muerte, la cual fue permutada gracias a sus influyentes amistades por un arresto domiciliario de por vida y a otras penas como la quema de sus libros y la retractación pública de sus opiniones.

2. Johann Conrad Dippel. Fue un científico de mediados del siglo XVII bastante sui generis, animado por la búsqueda de la inmortalidad. Quiso transferir el alma de una persona a otra utilizando un embudo y una manguera. También destiló un “elixir de la vida” utilizando huesos y sangre de animales. El experimento no provocó la muerte de nadie y sirvió como colorante textil, el cual se comercializa hasta hoy con el nombre de “Azul Prusia”. El delito que envió a Dippel a prisión fue profesar ideas religiosas que iban contra del dogma cristiano y por las cuales fue considerado un hereje.

3. Sir Francis Bacon. Uno de los nombres más reconocidos en la historia intelectual de Inglaterra, durante esa época en que filosofía y ciencia no estaban claramente diferenciadas. Bacon tuvo graves problemas de dinero que le impidieron cubrir sus deudas. A pesar de su elocuente defensa, sus acreedores lo llevaron a pasar una temporada en la Torre de Londres, la legendaria cárcel inglesa, que era el castigo usual en la época para los deudores.

4. Santiago Ramón y Cajal. Pionero de la neurociencia y descubridor de la estructura neuronal como fundamento del cerebro, el español Santiago Ramón y Cajal tuvo una naturaleza bastante irreverente durante toda su vida, incómodo siempre con los imperativos que la sociedad impone a sus integrantes.  A los 11 años construyó un cañón casero que probó en su ciudad natal Petilla de Aragón, Navarra. Las autoridades locales no dudaron en encerrar al precoz experimentador.

5. Anna Freud. La hija de Sigmund Freud fue arrestada luego de que su familia intentara salir de territorio nazi cuando este régimen tildó al psicoanálisis de “ciencia judía”. Los nazis intentaron usar a Anna como rehén e impedir que los Freud fueran al exilio. Esa noche en prisión fue sin embargo contraproducente, pues al parecer un oficial nazi que admiraba el trabajo de Sigmund se apresuró a tramitar los salvoconductos que permitieran la salida de los vieneses.

6. Klaus Fuchs. Su talento lo llevó a trabajar, siendo británico y de origen alemán, con el equipo estadounidense que desarrolló la bomba atómica, el Manhattan Project. Trabajó también como espía para la Unión Soviética, por lo cual fue juzgado y condenado a 14 años de cárcel.

7. Richard Feynman. Partícipe también del Manhattan Project, tuvo un día de locura, o de impaciencia, y violó los casilleros personales de otros científicos que trabajaban el proyecto ultrasecreto para obtener documentos que necesitaba para su propia investigación. Actuó de esta manera porque hacer la solicitud por la vía oficial administrativa, burocrática, era largo y tedioso. En otra ocasión, obligado a registrar su entrada y salida de la base militar donde trabajaba, Feynman descubrió un agujero por donde podía colarse sin cumplir con este molesto trámite. Cuando las autoridades militares notaron la anomalía -se registraba la entrada de Feynman a la base, pero no su salida- lo quisieron arrestar, pero el físico les respondió que, en lugar de esto, debían arreglar el agujero.

8. Timothy Leary. Quizá sea uno de los científicos que más cárceles conoció: 29 severas celdas. Este hábito le hizo compararse con Jesucristo y con Sócrates, en quienes vio una especie de hermanos de persecución. Al inspirador del movimiento beat los cargos que se le imputaron casi siempre estuvieron relacionados con la posesión de poderosas drogas como el ácido lisérgico y con una insaciable compulsión a mostrar la faceta de ridículo en que descansa toda autoridad.

9. Jack Kevorkian. Famoso en la historia de la medicina por su sobrenombre, “Doctor Muerte”, Kevorkian intentó capturar el rostro de la muerte fotografiando a personas que se encontraban en el último trance esperando obtener constancia de dicho instante. En los 90 diseñó y construyó una “máquina del suicidio” que administraba automáticamente una fuerte dosis de químicos que provocaban la muerte del usuario, invento que le valió una corta temporada de encierro. En 1998, Kevorkian mismo inyectó las drogas letales a uno de sus pacientes, cuyo consentimiento no obstó para que el médico fuera a la cárcel. En 1999 se le dictó una sentencia de ocho años en prisión por el delito de asesinato en segundo grado.

10. Stewart Nozette. Investigador al servicio de la NASA que pasó de la ciencia a la contabilidad; fue acusado de un millonario fraude y conspiración en perjuicio de la agencia. Nozette comenzó minando los fondos de la NASA para financiar una compañía de su propiedad, pero después, cuando un supuesto agente israelí le ofreció dinero a cambio de documentos clasificados, no dudó en acceder al pedido sin contar que se trataba de un trampa tendida por el FBI, a cuya dependencia pertenecía realmente el falso espía. Nozette cumple todavía los 13 años de prisión a los que fue sentenciado. 

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5 de Diciembre de 2016|01:45
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