Algo huele mal en el diván: el malestar del psicoanálisis

En "Las encrucijadas actuales del psicoanálisis", el psiquiatra y psicoanalista Luis Hornstein propone pensar a esa práctica en estado crítico.

Luis Hornstein propone repensar esta práctica para incorporar elementos interdisciplinarios que hagan de sus agentes verdaderos vectores de la salud mental en las actuales condiciones sociohistóricas.

Las encrucijadas actuales del psicoanálisis. Subjetividad y vida cotidiana, publicado por el Fondo de Cultura Económica, insiste en la construcción de una disciplina contemporánea y pretende abrir el diálogo a las neurociencias, la biología y las ciencias sociales de última generación.
 
Hornstein es presidente de la Fundación para el Estudio del Psicoanálisis (FUNDEP). Es premio Konex 2006 por su labor en ese campo. Y autor, entre otros libros, de Cuerpo, historia, interpretación;Intersubjetividad y clínica y Las depresiones.
 
Este es el diálogo que sostuvo con el periodista Pablo Chacón de la agencia Télam.
 
- ¿A qué llama usted “encrucijadas actuales del psicoanálisis”?

- Propongo que la clínica se articule con los recursos teóricos disponibles y que asuma nuestras condiciones sociohistóricas. Si el psicoanálisis no se actualiza perderá vigencia. Las encrucijadas actuales suponen replantear algunos interrogantes. ¿Cómo pensar la historia en psicoanálisis? ¿Cómo pensar la subjetividad? ¿Sistema abierto o cerrado? La identidad: ¿ser o devenir? ¿Cómo relacionar yo y alteridad? ¿Cómo pensar la perdurabilidad del pasado en el presente? La infancia: ¿destino o potencialidad? El psicoanálisis ha sido atravesado por diversas líneas teóricas y por diversas prácticas clínicas. La lectura de Freud es un paso ineludible para quien aspire a reformular los problemas que requieren ser dilucidados. Pero no basta con Freud. Una lectura histórico-crítica de Freud implica relegar conceptos que se han vuelto impensables desde la racionalidad actual diferenciando entre la historia caduca y la historia constituida por el pasado actual (que define los conceptos aún válidos). ¿Cómo situarse ante las encrucijadas a que nos confronta la clínica? Una práctica innovadora ha sido re­ducida a una técnica estereotipada. A ese psicoanálisis petrificado se lo beatificó, cuando no era más que una “idealización” retrospectiva. La ortodoxia borra el espacio para la imaginación, pontifica que el pasado determina absolutamente el presente, ritualiza la diversidad. Lo novedoso tiene que hacerse un espacio en una tradición que privilegia lo instituido. En su trabajo el psicoanalista puede refugiarse en la técnica “clásica”. O puede poner a prueba su singularidad y la del paciente. Algunos piensan que el tradicional contrato analítico es infalible y no debe ser modificado, mientras que para otros algunas de las cláusulas pueden ser modificadas, atendiendo la singularidad de cada análisis. Estamos diciendo que hay que intentar el tratamiento, no claudicar. Para algunos el psicoanálisis ya no es contemporáneo. Otros, ni deprimidos ni eufóricos, están luchando con los nuevos desafíos. El consultante actual es un sujeto maltratado, con sufrimientos devastadores, falta de proyectos. Si investigamos la causalidad psíquica, vemos la intervención de la causalidad biológica y la cultural. La causalidad psíquica no ha perimido. Nadie ha podido postular ninguna inferencia lineal entre lo que se sabe del cerebro y la subjetividad. Hay fronteras. Para el psicoanálisis y para las neurociencias. No tenemos bibliografía específica (y creo que las neurociencias tampoco la tienen). Habrá que crearla. Estamos obligados a pensar el psicoanálisis, con la física, la biología, las neurociencias, las ciencias sociales, la epistemología de hoy.
 
- ¿El malestar en la cultura sigue siendo un texto fundamental?

- El malestar en la cultura fue publicado en 1930 ¿Qué es la cultura? Freud advierte cómo en Alemania un exceso de superyó arrasó lo erótico y abrió las puertas a la destructividad. También en Moisés… está atento al contexto social, sin el cual la mamá, el nene, la sexualidad forman parte de un cuento bobalicón. Después el psicoanálisis se encerró en una torre de marfil. Nuestro tiempo de ciencia y técnica es religioso, y el deseo que desde allí se origina puede utilizar el resto diurno que le ofrece la teoría analítica. El riesgo existe porque el análisis, en una sociedad donde lo simbólico se va desmoronando, pasa a ser un referente cultural. Si el análisis toma el relevo de instituciones desfallecientes, iglesia, partidos políticos, familia, universidad, deviene cosmovisión. El análisis de los condicionamientos sociales sobre la historia individual aporta un esclarecimiento particular sobre los conflictos “personales”. Permite deslindar los elementos de una historia propia y los que comparte con aquellos que han vivido situaciones similares. Las normas morales cambian de una sociedad a otra. Son muchos los que repiten que ya no hay valores. Que toda la cultura moderna se ha encaminado hacia el nihilismo. El nihilismo es precisamente esta “falta de fundamento”. Pero es un hecho que no existe ni existió una sociedad sin valores. Caídos los dogmas, tenemos que conformarnos con creencias, convencimientos, fe, teorías, hipótesis y opiniones. Y soportar no saber qué atenerse. Tenemos derecho a evitar la intemperie. Otra cosa es que un adulto pretenda la protección que se le da al niño. El infantilismo combina una exigencia de seguridad con una avidez sin límites y evita cualquier obligación. Al demostrar que el humano es movido por fuerzas que conoce pero también por otras que no conoce, el psicoanálisis proporcionó una batería de pretextos para victimizarse.
 
- Entonces …

- El hombre actual sufre por no querer sufrir. Quiere anestesia en la vida cotidiana. Simples dificultades las considera sufrimientos. La moral y la felicidad, antes enfrentadas, se han fusionado; lo que actualmente resulta inmoral es no ser feliz. Allí donde se sacralizaba la abnegación, tenemos ahora la evasión; donde se privilegiaba la privacidad, tenemos la violencia mediática. El clima de euforia sumerge en la vergüenza a los sufren. La felicidad es el nuevo orden moral. Y el mercado de la espiritualidad es una de las mayores industrias de la época.

- ¿Cómo caracteriza usted la clínica actual?

- “Clínica” es un conjunto de prácticas y saberes para lidiar con enfermedades y “trastornos”. ¿Quiénes consultan? Generalizaré: personas con incertidumbre sobre las fronteras entre el yo y los otros; fluctuaciones en la autoestima; vulnerabilidad a las heridas narcisísticas; dependencia de los otros o imposibilidad de establecer relaciones significativas; con angustia y temores; apatía, trastornos del sueño, del apetito; desesperanza, hipocondría, crisis de ideales y con multiplicidad de síntomas corporales. Propongo un eslógan: la clínica es más extensa que la psicopatología.
 
- ¿Cómo avanza el psicoanálisis?

- Desafiando los límites. Lo inaccesible de ayer, hoy es accesible, o un poco más accesible. Me gusta un psicoanálisis de frontera, que conquista territorios. Me fastidia un psicoanálisis retraído, soberbio, que actúa como si no hubiera nada importante que aprender, como si a lo sumo bastara repasar lo ya-dicho o lo ya-escrito.

- ¿Usted afirma que hay un incremento de las depresiones?

- Psicólogos y psiquiatras no han vacilado en considerar a la depresión como una “enfermedad social”. Afirman que después de la sociedad industrial y la del ocio ha llegado la “sociedad depresiva”. La depresión es “el mal del siglo”, producto del estrés, el hastío y la falta de ideales. El siglo XX tiene etiquetas. Una: era de la ansiedad. El XXI, la suya: era de la depresión. Hay datos que demuestran que de 50 años a esta parte, cada generación tiene más riesgos de sufrir una depresión que la anterior. La soledad y el aislamiento social son factores de riesgo, al incrementar la vulnerabilidad. No sólo la soledad real, sino también la vivencia de soledad. Entre tanta algarabía, la depresión parece pasar inadvertida. Dice la Organización Mundial de la Salud (OMS.): “Se espera que los trastornos depresivos, en la actualidad responsables de la cuarta causa de muerte y discapacidad a escala mundial, ocupen el segundo lugar, después de las cardiopatías, en 2020”. Las depresiones se ubicarán, como causa de discapacidad, por delante de los accidentes de tránsito, las enfermedades vasculares cerebrales, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, las infecciones de las vías respiratorias, la tuberculosis y el HIV. Las depresiones componen la cara oscura  de la intimidad contemporánea. Una frustración puede precipitar una depresión al producir un colapso parcial o completo de la autovaloración. El escándalo de los antidepresivos fue tapa de Newsweek el 8 de febrero de 2010. El título, bien visible, gritaba “Novedades depresivas acerca de los antidepresivos”. Y el subtítulo revolvía en la llaga: “Los estudios sugieren que estas populares drogas no son mucho mas efectivas que el placebo y que en algunos casos sus efectos pueden ser más perjudiciales”. Esta nota se hizo eco de un megaestudio publicado el 6 de enero de este año en el J.A.M.A. (The Journal of de American Medical Association, vol 3 Nº 1) que concluye que si bien el 75% de los pacientes con depresión se benefician con la medicación hay poca evidencia que los antidepresivos tengan efectos farmacológicos comparados con los placebos para pacientes con depresión leve y moderada. La publicación se basó en múltiples estudios realizados entre 1980 y marzo del 2009. El informe despertó alarma en la industria farmacéutica. En 2008, en los Estados Unidos, los antidepresivos facturaron 9600 millones de dólares (y unos 20 mil en el mundo). Y representan actualmente el 15% de las prescripciones en ese país. ¿Cuáles son las causas de las depresiones? Se observa un desequilibrio neuroquímico. Pero también debe considerarse la herencia, la situación personal, la historia, los conflictos, la enfermedad corporal y las condiciones histórico-sociales. Por lo que un mínimo recaudo será el de evitar los reduccionismos y precaverse de las opiniones interesadas.

- ¿A qué se refiere con reduccionismo biologicista?

- Algunos se ilusionan con que la genética nos daría la clave para pensar el devenir. El conocimiento de los 3 mil millones de nucleótidos que forman el genoma constituiría la última etapa del conocimiento de lo viviente, su alfabeto. iQué alivio sería encontrar un gen de la felicidad! Sin embargo, el misterio del bienestar psíquico no se reduce a la genética. La vida tiene la estructura de una promesa, no de un programa. Mientras el porvenir muestre el rostro de lo imprevisible y lo desconocido, esa promesa tendrá un precio. Es propio de la libertad llevar la existencia a un lugar distinto al esperado. Y la terapia de ninguna enfermedad debería estar en manos de una industria.

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