Una película y un libro reviven a Steve Jobs

En línea con el estreno del film "Jobs", se relanza la biografía de Walter Isaacson que, no sólo inspiró la película, y sino que es un abordaje riguroso sobre su vida.

A casi dos años de su muerte, el legado de Steve Jobs reactualiza su vigencia con esta doble propuesta que desde el cine y el mercado editorial retratan al hombre que con su creatividad logró innovar en seis campos distintos -la informática, el cine de animación, la música, la telefonía, las tabletas y la edición digital- y se convirtió en emblema para las nuevas generaciones de emprendedores.
 
La película, que generó tibias repercusiones durante su presentación en el Festival de Sundance y que ahora desembarca en los cines locales, narra veinte años de la vida del empresario desde el éxito de Apple con su salida a la bolsa hasta su regreso en 1996 para ocupar el mando de la empresa que él mismo creó y de la que había sido expulsado.
 
Bajo la dirección de Joshua Michael Stern y sobre guión de Matt Whiteley, el largometraje parece más interesado en exaltar y mitificar al inventor del iPod que a explorar los aspectos más controvertidos del personaje, si bien consagra algunas escenas a su difícil carácter y su brusca ruptura con su novia embarazada.
 
El film está basado en la rigurosa biografía Steve Jobs, en la que Isaacson retrata al gurú como un hombre poco amante de la higiene y seguidor ferviente de una dieta macrobiótica de la que se arrepintió en los últimos momentos de su vida, ya que su excesiva confianza en la medicina alternativa lo hizo desistir de una operación que podría haber prolongado su vida tras enterarse que padecía de cáncer de páncreas.
 
Isaacson cuenta también que el cofundador de Apple comenzó en los 60 con una combinación de estrictas dietas y el consumo de LSD -que según él lo ayudaban a centrarse en la creatividad y a olvidarse del dinero- y que les pidió a sus padres que le pagaran la carrera en una cara universidad privada, aunque en menos de un año la abandonó.
 
La biografía, que acaba de ser relanzada por Random House Mondadori, narra también su enfrentamiento con los ejecutivos de la compañía antes de ser despedido en 1985: Jobs los acusó por entonces de ser "corruptos" y carecer de valores ya que "sólo les importaba el dinero".
 
Según Isaacson, el creador del iPhone ideó el nombre de su compañía en mitad de una de sus dietas, después de visitar una finca con manzanos: el libro sostiene que ingería mayoritariamente fruta y verduras, inspirado en estudios de budismo zen que incluso lo persuadieron de que la mezcla de espiritualidad y alimentos sanos serviría como antídoto para su enfermedad.
 
Cuando en octubre de 2003 le diagnosticaron el cáncer de páncreas, Jobs se negó a ser operado y optó por tratarse con jugos de frutas, acupuntura y remedios medicinales que encontraba en Internet.
 
"No quería que abrieran mi cuerpo, no quería que me violaran de esa forma", sostenía por entonces el gurú informático según su biógrafo, quien además acota que mientras la esposa, la hermana y los hijos le suplicaban que se operara, él se resistió durante nueve meses en los que mantuvo su enfermedad en secreto.
 
En otro tramo, la obra cuenta que Bill Gates fue una de las últimas personas que Jobs quiso ver en su vida, y que después de la cita comentó con su biógrafo lo feliz que veía al creador de Microsoft ahora que se dedicaba a las obras benéficas: lo apreciaba y admiraba su "increíble instinto de qué funciona",  aunque no tenía buena opinión creativa de él, asegura Isaacson.
 
"Bill tiene muy poca imaginación y nunca ha inventado nada. Por eso creo que se siente ahora más cómodo con la filantropía que con la tecnología. Ha robado sin pudor las ideas de otros", sostenía Jobs según documenta Isaacson en su libro.
 
El autor también relata el amor por la estética de Jobs y explica  el origen de su clásico atuendo integrado de manera inalterable por poleras negras, jeans azules y zapatillas grises: todo empezó con una visita a Sony en Japón a principios de los 80, en la que le llamaron la atención los uniformes de sus empleados.
 
El entonces presidente de la empresa, Akio Morita, lo puso en contacto con su diseñador, Issey Miyake, quien le envió un centenar de esas prendas, que el empresario norteamericano intentó imponer entre sus empleados. Sus colegas se negaron, pero él decidió hacerse un uniforme para sí mismo.
 
"Jobs no inventó muchas cosas de la nada, pero era un maestro a la hora de combinar las ideas, el arte y la tecnología de formas que inventaban el futuro. Diseñó el Mac tras valorar el poder de las interfaces gráficas de una forma que Xerox había sido incapaz de hacer, y creó el iPod tras apreciar la maravilla que suponía contar con mil canciones en el bolsillo con una eficacia que Sony nunca pudo alcanzar", sostiene Isaacson.
 
"¿Era Jobs inteligente? No, no de una manera excepcional. Y, sin embargo, era un genio. Conseguía saltos imaginativos instintivos, inesperados y en ocasiones mágicos. Como si fuera un explorador, podía absorber la información, percibir el cambio del viento e intuir qué iba a encontrar en su camino", apunta el autor, que además escribió biografías sobre Benjamin Franklin, Albert Einstein y Henry Kissinger.

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