La vida serial de Renzi en la nueva novela de Piglia

En su nueva novela, El camino de Ida, Ricardo Piglia configura un relato extraído de su experiencia como profesor en los Estados Unidos.

Cuenta a través de su personaje habitual, Emilio Renzi, una inquietante historia de amor, muerte y conspiración que lo confirma como uno de los grandes narradores contemporáneos.

"En un principio pensé una novela con elementos tomados de mi vida como extranjero, donde Renzi, que está un poco perdido, se enamora de una mujer que muere, y las consecuencias de esa muerte agudizan su situación", cuenta Piglia en una entrevista del periodista Juan Rapacioli de la agencia Télam.
 
"En aquel tiempo vivía varias vidas, me movía en secuencias autónomas: la serie de los amigos, del amor, del alcohol, de la política, de los perros, de los bares, de las caminatas nocturnas", dice Renzi al principio de la novela publicada por Anagrama.
 
Renzi, quien anda algo extraviado por Buenos Aires, es invitado a una universidad de Nueva Jersey para impartir un seminario sobre W. H. Hudson, escritor nacido en Argentina y luego radicado en Inglaterra. Apenas llegado al campus universitario, Renzi conoce a Ida Brown, una impactante profesora experta en Conrad con quien mantiene una relación secreta.
 
- La idea de las series atraviesa de alguna manera todo el libro...  

- Sí, es más, durante todo el tiempo de trabajo y casi hasta el final, la novela se llamó Vida serial. El origen tiene que ver con mi experiencia personal, sobre todo con las cosas que me pasaron de un modo inesperado. Estuve mucho tiempo viviendo dos realidades paralelas. En una época vivía acá y daba clases en La Plata. De modo que viajaba y funcionaba de una manera, después volvía a Buenos Aires y vivía de otra. Algo propio de la ficción es la idea de las vidas posibles; en esta novela eso es algo no dicho pero muy presente. Ese, también, es el tema de Conrad y su Lord Jim, un personaje que vive una experiencia con remordimiento porque ha sido cobarde y se construye una vida para cambiar el pasado. Conrad es un elemento importante y funciona casi como una referencia. También tomé como referencia el caso del Unabomber porque, aunque parezca increíble, el tipo leyó `El agente secreto`, y vivió la realidad que la novela estaba contando.
 
- El personaje de Ida Brown y su relación con Renzi es algo central en la historia... 

- Es un elemento de la vida erótica, esa parte siempre oculta, al costado de la vida cotidiana. La relación entre ellos se da en esos términos: construyen una especie de realidad aparte. Un espacio ajeno a todo. Me interesaba mucho la intensidad de la experiencia amorosa y el efecto que le produce a Renzi esa muerte: vuelve a quedar perdido, y ahí aparece el registro policial, empieza a actuar como un detective.
 
- Luego de la muerte de Ida la novela gira con más fuerza al registro policial. ¿Por qué la idea del detective sigue siendo tan atractiva para narrar? 

- Hay una anécdota de Borges sobre eso. Roger Caillois, un intelectual francés muy prestigioso, invitado al país por Victoria Ocampo en 1941, publica un libro sobre la novela policial, y Borges, con mucho coraje, le hace una crítica frontal. Le dice una cosa que está muy bien: en la novela policial el elemento que identifica al género como tal es el detective. Si bien hay muchas investigaciones, en la Biblia y en diversos  campos literarios, lo que distingue esa forma de hablar de crímenes, misterios y enigmas es el invento de Poe, un personaje que no existía antes, el detective. Entonces, lo que le gusta a Borges es que sea un personaje completamente artificial, ni un criminal ni un policía, aunque tiene características de ambos; busca la verdad, pero no es un filósofo; está en un lugar que es perfecto para un relato, cumple todas las funciones. Es un invento que ha dado un resultado increíble.
 
- La novela también trabaja lo conspirativo en la línea de Thomas Pynchon...

- Es verdad que ese mundo está muy bien trabajado por Pynchon, pero nosotros tenemos también a Roberto Arlt. Esa idea de que todo el tiempo está pasando algo que se conecta con todo es una idea muy elaborada en la literatura. Acá hay un dato de la realidad: conocí en San Francisco a un detective y lo puse en la novela, lo trasladé a Nueva York. Es evidente que hoy los detectives están muy ligados a la web, son hackers que no se mueven de su estudio; no tienen las viejas características del género, que de todas formas sigue funcionando. Estos tipos están mucho más metidos en captar la información.
 
- Renzi ya es una identidad literaria en sí, ¿cómo es tu relación con él? 

- Hasta Respiración artificial era un personaje que me salía casi sin darme cuenta, pero en ese libro se convirtió en el narrador y ahí encontré un tono que me pareció interesante. Lo común entre esta novela y aquella es Renzi como narrador. Es un tono que encuentro rápido, como cuando en la improvisación musical aparece una melodía reconocible. Quizás, en definitiva, lo único que he terminado por hacer es construir ese personaje. Por lo tanto habría que hacer unas cosas más con él, estoy pensando en eso.

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5 de Diciembre de 2016|01:47
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