Las estatuas que escandalizaron a Londres

En los años 20 el miembro viril de una obra provocó una gran controversia que resolvió el propio artista al eliminarlo con un certero golpe de cincel.

Sus rasgos "primitivos" resultaban repulsivos a los ingleses pues asociaban las sociedades primitivas con falta de madurez política.

La sede de la compañía del Metro de Londres, una construcción de líneas y apariencia sobrias fue en su día objeto de una notable polémica debido a dos esculturas que decoran parte de su fachada.

El edificio fue construido entre 1927 y 1929 siguiendo un diseño del arquitecto Charles Holden, con interiores en estilo art decó y un exterior austero únicamente decorado con una serie de esculturas y relieves encargados a algunos de los escultores británicos más importantes del momento.

Ocho de estas figuras, situadas en la sexta planta del edificio, representan a otras tantas divinidades de los vientos, y están inspiradas en las deidades representadas en la llamada Torre de los Vientos de Atenas. Dichas figuras fueron realizadas por artistas como Eric Gill, Samuel Rabonivitch y Henry Moore.

Pero son otras imágenes -estatuas exentas en este caso, y no relieves-, realizadas por el artista estadounidense de origen británico Jacob Epstein, las que causaron una enorme controversia entre la opinión pública londinense.

Las esculturas Día y Noche son dos moles talladas en piedra de Portland que destacan en las fachadas norte y este del edificio, sobre las puertas de entrada. Hoy estas figuras, de claras influencias asirias y orientales -fruto de las visitas de Epstein al Museo Británico- nos parecen bastante “inocentes”, pero en 1929 no resultaban adecuadas para la rígida moral británica de aquel tiempo, cuenta en su blog Arte secreto el periodista Javier García Banco.

Poco después de darse a conocer, varios diarios londinenses abanderaron una campaña de acoso contra Epstein y los responsables del edificio, con la intención de que las estatuas fueran retiradas de la vista.

Las razones del escándalo hay que buscarlas en la excesiva “modernidad” de las imágenes para el gusto de la época -estaban muy alejadas del clasicismo “adecuado” para obras de arte situadas en público-, pero también en sus rasgos primitivistas, pues en aquella época se asociaban las sociedades primitivas con la falta de madurez política.

Sin embargo, fue otro elemento el que más escandalizo a la opinión pública: la visible desnudez del niño que aparece en la estatua del Día, y más concretamente su miembro viril, que en opinión de los críticos destacaba excesivamente en la composición.

La controversia llegó a tal punto que algunos personajes prominentes, como Lord Colwyn, llegaron a ofrecerse a sufragar los gastos que supondría la retirada de las esculturas con tal de ver cómo se eliminaban. Al mismo tiempo, el entonces director del Metro de Londres, Frank Pick, asumió toda la responsabilidad por el escándalo, ofreciendo su dimisión si así se le requería.

Finalmente fue el propio artista quién resolvió la cuestión de un modo sorprendente: al eliminar con un certero golpe de cincel parte del pene de la escultura (redujo su longitud en unos 4 centímetros), los ánimos se calmaron, y la polémica llegó a su fin.

En realidad, esta no fue el único escándalo que rodeó la vida y la obra de Epstein. Prácticamente todas sus obras sufrieron las críticas más duras o se vieron envueltas en la polémica durante buena parte de su carrera: es lo que ocurrió, por ejemplo, con su estatua para la tumba de Oscar Wilde en el cementerio de Père Lachaise, que fue considerada “indecente y obscena”, y que incluso fue cubierta con una lona por la policía de París.

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5 de Diciembre de 2016|05:29
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