Hallan el admirable zoológico de Moctezuma

Entre los miles de huesos de fauna repartidos en las ofrendas al pie del Templo Mayor, identificaron rastros del cautiverio de aves rapaces, felinos y lobos.

Las águilas reales comían codornices en el zoológico de Moctezuma hace más de 500 años: un suculento banquete con las partes más carnosas de las aves, como lo revelan las regurgitaciones de las rapaces estudiadas por especialistas del Proyecto Templo Mayor.

Nunca antes, en los 35 años del Proyecto Templo Mayor -el ambicioso programa de investigación dedicado al recinto sagrado de Tenochtitlán- se hallaron tantos restos de animales como en la séptima temporada de campo, que inició en 2007 y continúa vigente, destaca la arqueóloga Ximena Chávez Balderas en diálogo con la agencia Reforma.

Con miles y miles de huesos de fauna repartidos en las ofrendas al pie de la pirámide del Templo Mayor, los expertos identificaron rastros del cautiverio de aves rapaces, felinos o lobos.

Eran animales no importantes por su valor simbólico, por eso se destinaron a las ofrendas, apunta el arqueólogo Leonardo López Luján, director del Proyecto Templo Mayor.

Por ejemplo, las águilas reales representaban al Sol, y según relata Hernán Cortés en sus Cartas de relación, éstas permanecían en el Totocalli o casa de las aves, donde 300 hombres se encargaban de ellas.

“Hemos encontrados (en el Templo Mayor) muchas evidencias del Zoológico de Moctezuma. Las águilas siempre las hallamos con la misma ala rota; ahora tenemos los huesos de las codornices que las alimentaban”, expone López Luján.

Egagrópilas es el nombre que reciben las regurgitaciones de las aves rapaces, con materiales no digeridos, como las plumas, los huesos, el pico o las garras del animal devorado, pues solamente degluten tejidos blandos, puntualiza el arqueólogo Israel Elizalde.

Los análisis de egagrópilas se concentraron en una águila real completa perteneciente a la ofrenda 125.

El examen de los huesos de codorniz descubiertos en la quilla del ave rapaz (parte saliente y afilada del esternón), revelan que comió, al menos, tres codornices distintas, detalla Elizalde.

“Sólo así se explica que en una ofrenda encontremos 12 águilas. Capturar esa cantidad es muy difícil. ¿Qué debían hacer? más bien criarlas o capturarlas y tenerlas para el día de la ceremonia”, apunta López Luján.

Chávez Balderas distingue entre animales sacrificados que aparecen completos en las ofrendas, y otros de los que surgen fragmentos provenientes de almacenes o bodegas de huesos.

“Está el caso de la ofrenda 126, con alrededor de nueve mil huesos de animal, y prácticamente todos corresponden a desechos de la elaboración de pieles. O sea que los huesos retirados no se destruyeron, sino que se guardaron para incluirlos en la ofrenda”, resume el arqueólogo para la agencia Reforma.

De acuerdo con las evidencias, las pieles animales -que preparaban y conservaban en Tenochtitlan- eran primordiales para el imperio mexica, por un lado como componentes de ofrendas, pero también como parte de la parafernalia de las élites, en los tronos por ejemplo.

Además de proporcionar información sobre el Zoológico de Moctezuma, los restos preservados muestran el trabajo de expertos en el cuidado de los animales, la mayoría adultos.

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