Cortázar, el profesor menos pedante del mundo

Las clases de literatura que impartió en la Universidad de California, Berkeley, lo muestran el modo desacartonado y cómplice de relacionarse con los alumnos.

Julio Cortázar se muestra en sus clases alejado del academicismo, donde la literatura se mezcla con la política, la música y el cine.

"Tienen que saber que estos cursos los estoy improvisando muy poco antes de que ustedes vengan aquí: no soy sistemático, no soy ni un crítico ni un teórico, de modo que a medida que se me van planteando los problemas de trabajo, busco soluciones", dice el escritor entre las declaraciones de esas trece horas de charla volcadas ahora en Clases de literatura. Berkeley, 1980, recién publicado por Alfaguara.
 
Un trabajo realizado por Aurora Bernárdez y Carles Alvarez Garriga -responsables de la edición de Papeles inesperados (2009) y los cinco tomos de Cartas (2012)- quienes asumieron la tarea de publicar "páginas que no fueron escritas sino habladas, un conjunto que bien podría llevar por título `el profesor menos pedante del mundo´", dice el filólogo español en el prólogo.
 
Alvarez Garriga apunta que "el Cortázar oral es extraordinariamente cercano al Cortázar escrito; el mismo ingenio, la misma fluidez, la misma ausencia de digresiones", en referencia a las ocho clases que integran el volumen.
 
Los temas elegidos fueron: Los caminos de un escritor, El cuento fantástico I: el tiempo; El cuento fantástico II: la fatalidad; El cuento realista, Musicalidad y humor en la literatura, Lo lúdico en la literatura y la escritura de Rayuela; De Rayuela; Libro de Manuel y Fantomas contra los vampiros multinacionales y Erotismo y literatura.
 
Al hablar sobre los caminos del escritor, Cortázar menciona una primera etapa "estética"; una segunda "metafísica" y la tercera "histórica".
 
La revolución cubana, dijo a sus alumnos, lo llevó a darse cuenta, entre otras cosas, que "la condición de latinoamericano, con todo lo que comportaba de responsabilidad y deber, había que ponerla también en el trabajo literario". 
 
La génesis de sus relatos fantásticos irrumpe en las charlas, en las que el escritor cuenta el origen caprichoso de algunos de ellos como "Casa tomada", nacida de una pesadilla personal una noche de verano.
 
"Los sueños han sido uno de los motores de mis cuentos fantásticos (...) no voy a venir aquí con una mesita de tres patas, pero a veces tengo la impresión de que soy un poco un médium que transmite o recibe otra cosa", desliza.
 
¿Cuál considera su mejor cuento? pregunta una alumna, a lo que Cortázar duda, no sabe que contestar. Y finalmente menciona a "El perseguidor", "una especie de bisagra" que lo hizo cambiar.
 
(...) "Un poco lo que el personaje de «El perseguidor» busca en el cuento, yo lo estaba buscando también en la vida. De ahí que casi inmediatamente después escribí Rayuela, donde traté de ir hasta el fondo en ese tipo de búsqueda", explica.
 
Algún cuento o fragmentos de estos, se incorporan naturalmente en las clases, al igual que el intercambio de opiniones con alumnos, y la aparición de algunos rasgos inherentes a su literatura como la música o el juego.
 
También el humor: "Cualquiera de los efectos cómicos que consigue Woody Allen en sus mejores momentos están llenos de un sentido que va muchísimo más allá del chiste o de la situación misma, contienen una crítica, una sátira o una referencia que puede ser incluso muy dramática como en sus últimas películas, Annie Hall, Interiores, Manhattan".
 
Historias de cronopios y de famas le sirve para mostrar su mundo lúdico con una selección de textos que ilustran "hasta qué punto jugar puede también tener a veces un poco más sentido que el juego mismo, que la gracia del chiste".
 
Un análisis que se destaca del conjunto de las charlas es el controvertido Libro de Manuel que le deparó a Cortázar tanto elogios como críticas y donde trata de articular dos conceptos: literatura e historia.
 
"Es un libro muy flojo desde el punto de vista de la escritura, pero aun así estoy contento de haberlo hecho", confiesa a sus alumnos.
 
A continuación de las clases, divididas en capítulos, hay un apéndice con una conferencia sobre "La literatura latinoamericana de nuestro tiempo", editada en el libro Argentina: años de alambradas culturales (Muchnik); y otra publicada bajo el título "De gladiadores y niños arrojados al río", incluida en el volumen 6 de las Obras completas del escritor (Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores).
 
Ambos textos contextualizan el tiempo en que Cortázar dictó esas clases, las preocupaciones políticas y sociales y los ramalazos de violencia de las dictaduras militares en Latinoamérica, en particular la argentina.
 
Dice Cortázar: "Los que escribimos hoy con un sentimiento de participación activa en lo que nos rodea, esos que algunos llamarán compromiso y otros ideología y que yo prefiero llamar responsabilidad frente a nuestros pueblos, esos escritores no pueden ni quieren hablar solamente de libros sino también de lo que está ocurriendo antes, durante y después de los libros en cualquiera de nuestros países".
 
En ese entonces el escritor sostenía que la literatura argentina, chilena, uruguaya oscilaba "entre el exilio y el silencio forzoso, entre la distancia y la muerte".
"Muchos de los mejores escritores argentinos están viviendo en el extranjero, pero algunos de entre los mejores no alcanzaron siquiera a salir del país y fueron secuestrados o muertos por las fuerzas de la represión: los nombres de Rodolfo Walsh, de Haroldo Conti, de Francisco Urondo están en nuestra memoria...".

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